01-04-2026, 03:14 PM
Lo vio todo.
Eso era lo que nadie que se enfrentaba a Kazan por primera vez llegaba a entender del todo: que diez metros de altura no son solo diez metros de músculo y masa, son diez metros de campo visual. Desde donde estaba plantado en el centro de la sala veía cada ángulo de la sala con la amplitud de quien ha pasado décadas aprendiendo a leer una arena entera en un vistazo. Vio a Mell recuperarse del suelo con el sabor a sangre en los labios y la rabia todavía más viva que el dolor, las dagas en mano, el cuerpo disparándose de nuevo hacia Arnold con esa terquedad sin complicaciones que tienen las personas que simplemente no saben rendirse. Vio a Nyra ganando la espalda, cortando el ángulo con una precisión que contradecía el temblor que le había visto en los ojos dentro de la primera sala oscura. Dos personas con collar en el cuello que en este momento estaban flanqueando a un marino de la Marina moviendo el acero con plena intención. "Se levantan. Una y otra vez, se levantan." Y luego llegó la música.
Kazan había escuchado música en el Circo de Sangre. Tambores para anunciar la entrada de los gladiadores. Trompetas para celebrar una muerte. Música como condimento del espectáculo, música que existía para el público y no para quien combatía. Lo que salió del violín azul de Miyori no se parecía en nada a eso. Era otra cosa, era una musica que merecia la pena estar vivo para escucharla, no anunciaba tu muente venidera al contrario, celebraba la vida. Y Kazan sintio exactamente cuando sus pies parecía tener mas calor para si mismo, el frio importaba menos. "Pequeña de las alas. Gracias."
Luego Arnold se convirtió en una bandera.
No había otra forma de describirlo. El cuerpo de Arnold simplemente colapsó sobre sí mismo, se aplanó, se volvió tela en lugar de hueso, y las dagas de Mell y el acero de Nyra pasaron a través de donde él había estado como si lo que hubieran atacado fuera el aire. Kazan en todo sus luchas en la arena jamás había visto esto. Ver de cerca algo asi impactaba, y mas impactaba la otra cosa. Esa otra cosa era lo que venía después de que algo se convierte en tela, era que esa tela seguía moviéndose, y se movía a velocidad de tela en viento rápida y sinuosa, dificil de percibir. La cosa serpenteó por el suelo, entre sus piernas, subiendo por el lateral de la pierna izquierda como una sombra con prisa. Kazan sintió el contacto, ese roce de algo que debería ser frío y resulta casi cálido por lo extraño, y entonces Arnold volvió a ser carne y hueso encima de su cabeza con la rodilla izquierda en alto. De vuelta. Otra vez. El mismo sitio.
"Ya conozco esto. Ya sé lo que viene.."
La mano derecha apretó Kurogane. Los dedos encontraron la posición exacta en el mango, la misma de siempre, la que los años habían tallado en la palma como una cicatriz útil. Y entonces Kurogane se movió. No fue un golpe técnico. No fue una secuencia aprendida ni una descarga de Gyojin Karate ni nada que tuviera nombre propio. Fue el brazo derecho extendiéndose en arco ascendente para luego caer como una roca en un acantilado, el kanaboo describiendo una curva que significaba que la trayectoria del golpe cruzaba exactamente donde Arnold estaba posicionado con su rodilla en alto. No era elegante. Era útil. Si aquello era una tela, lo aprisionaría contra el suelo con todo el peso de Kurogane.
-¡Patético hombrecillo que sigue a un patético inutil! -
Lo dijo mientras el arco del golpe todavía estaba en movimiento, la voz resonando en las paredes de hielo de la nevera gigante mientras sus ojos no se movían de Arnold.
"Ahora." Diría con los ojos a sus compañeras sea como fuera el resultado.
Eso era lo que nadie que se enfrentaba a Kazan por primera vez llegaba a entender del todo: que diez metros de altura no son solo diez metros de músculo y masa, son diez metros de campo visual. Desde donde estaba plantado en el centro de la sala veía cada ángulo de la sala con la amplitud de quien ha pasado décadas aprendiendo a leer una arena entera en un vistazo. Vio a Mell recuperarse del suelo con el sabor a sangre en los labios y la rabia todavía más viva que el dolor, las dagas en mano, el cuerpo disparándose de nuevo hacia Arnold con esa terquedad sin complicaciones que tienen las personas que simplemente no saben rendirse. Vio a Nyra ganando la espalda, cortando el ángulo con una precisión que contradecía el temblor que le había visto en los ojos dentro de la primera sala oscura. Dos personas con collar en el cuello que en este momento estaban flanqueando a un marino de la Marina moviendo el acero con plena intención. "Se levantan. Una y otra vez, se levantan." Y luego llegó la música.
Kazan había escuchado música en el Circo de Sangre. Tambores para anunciar la entrada de los gladiadores. Trompetas para celebrar una muerte. Música como condimento del espectáculo, música que existía para el público y no para quien combatía. Lo que salió del violín azul de Miyori no se parecía en nada a eso. Era otra cosa, era una musica que merecia la pena estar vivo para escucharla, no anunciaba tu muente venidera al contrario, celebraba la vida. Y Kazan sintio exactamente cuando sus pies parecía tener mas calor para si mismo, el frio importaba menos. "Pequeña de las alas. Gracias."
Luego Arnold se convirtió en una bandera.
No había otra forma de describirlo. El cuerpo de Arnold simplemente colapsó sobre sí mismo, se aplanó, se volvió tela en lugar de hueso, y las dagas de Mell y el acero de Nyra pasaron a través de donde él había estado como si lo que hubieran atacado fuera el aire. Kazan en todo sus luchas en la arena jamás había visto esto. Ver de cerca algo asi impactaba, y mas impactaba la otra cosa. Esa otra cosa era lo que venía después de que algo se convierte en tela, era que esa tela seguía moviéndose, y se movía a velocidad de tela en viento rápida y sinuosa, dificil de percibir. La cosa serpenteó por el suelo, entre sus piernas, subiendo por el lateral de la pierna izquierda como una sombra con prisa. Kazan sintió el contacto, ese roce de algo que debería ser frío y resulta casi cálido por lo extraño, y entonces Arnold volvió a ser carne y hueso encima de su cabeza con la rodilla izquierda en alto. De vuelta. Otra vez. El mismo sitio.
"Ya conozco esto. Ya sé lo que viene.."
Contenido Oculto
La mano derecha apretó Kurogane. Los dedos encontraron la posición exacta en el mango, la misma de siempre, la que los años habían tallado en la palma como una cicatriz útil. Y entonces Kurogane se movió. No fue un golpe técnico. No fue una secuencia aprendida ni una descarga de Gyojin Karate ni nada que tuviera nombre propio. Fue el brazo derecho extendiéndose en arco ascendente para luego caer como una roca en un acantilado, el kanaboo describiendo una curva que significaba que la trayectoria del golpe cruzaba exactamente donde Arnold estaba posicionado con su rodilla en alto. No era elegante. Era útil. Si aquello era una tela, lo aprisionaría contra el suelo con todo el peso de Kurogane.
-¡Patético hombrecillo que sigue a un patético inutil! -
Lo dijo mientras el arco del golpe todavía estaba en movimiento, la voz resonando en las paredes de hielo de la nevera gigante mientras sus ojos no se movían de Arnold.
"Ahora." Diría con los ojos a sus compañeras sea como fuera el resultado.
Marea Azul
