02-04-2026, 04:08 AM
Estaba comenzando a acostumbrarse a que, cada vez que existía un encuentro con el médico, tuviera la boca del arma apuntándole en alguna parte del cuerpo o la cara. Elevó su mano diestra, mostrando calma, tampoco es que cargara con nada encima. Podría haber aprovechado algo de lo que tenía, mas no era el caso, y con el kimono tampoco es que pudiera esconder demasiado. —Creo que usted y yo sabemos perfectamente en qué puede ayudarme, joven Focalor. — Sus ojos fueron en dirección al lugar que el joven topo le señalaba. ¿Estaría allí su Den-Den Mushi? Ahora mismo le importaba más eso que el resto de sus cosas. ¿Lo habrían llamado? Pero la posición defensiva de ambos le impedía avanzar, al menos por el momento. Sus ojos observaron con calma a los individuos, primero a Kiyoshi, quien mantenía su arma sobre él, luego a Eros.
Su ceja se arqueó, ya no solo era la mención de una “satisfacción” que sospechaba, sino más bien la confirmación de que, aparentemente, Kiyoshi estaba al tanto de ello. No por él, sino con una idea que él mismo parecía solo convencerse más. —Y no sé quién de los dos es más depravado, si usted, o yo. Pero se equivoca, no busco pelear con usted con esos fines, aunque aparentemente su consciencia no le dictó lo mismo.
Ahora posicionó el dedo sobre el arma del médico, tratando de descenderla. Bastantes emociones fuertes por un día. Tampoco es que planeara ocultar nada. Ya había un conocimiento previo. —Como le dije a su querido Focalor, señor Kiyoshi, él sabe exactamente por qué estoy aquí. Y si tiene algo para mí, ya debería ser suficiente información para saber que aparentemente mi llegada sí era de esperarse, sean o no piratas. — Terminó de descender del todo la mano, ya sea que estuviera siendo apuntado de nuevo, o que hubiera logrado dejar que la boca lo apuntara.
Sus ojos se elevaron, dado que la altura del mencionado era mayor a la suya, algo que seguía siendo de lo más curioso. Quiso preguntar si pese a su viaje había mantenido en seguimiento a aquella mujer de cabello blanco y mirada dorada. Miró de reojo a Eros, evitando preguntar por ella por ahora, solo volviendo la mirada hacia el médico, una vez más en un arqueo de ceja pronunciada. —¿Eso es lo que realmente le preocupa? — Las cosas estaban escalando a un punto que sus ojos se abrieron de par en par, elevando ambas cejas. ¿Romance? ¿Con Eros? Eso era nuevo. No sabía qué tipo de malentendido se había armado en esa cabeza suya y, por supuesto, no había hecho la mención de aquel que probablemente estaría viajando para un reencuentro.
—Como le dije, no necesito que me apunte con el arma para que le conteste. No hay secretos entre nosotros, espero que no lo olvide de nuevo. — Ahora sí, con algo más de seguridad, asomó la cabeza para buscar con la mirada la caja que inicialmente Eros le había señalado. ¿Estaría allí su Den-Den Mushi? Podía ver cosas parcialmente, entre ellas, sus armas. —Sí, tuvimos un confrontamiento el joven Focalor y yo, esa parte es sin duda cierta. Yo mismo le ofrecí pelear. Sin embargo... — Sus ojos volvieron ahora hacia el más bajo de aire más oscuro. —No era por ese tipo de satisfacción. Sencillamente a veces me divierte pelear con alguien fuerte, igual que cuando lo conocí. Lo otro es secundario y mayormente involuntario, aunque no lo parezca. — Sí era consciente, pero no siempre controlaba aquel fetiche extraño con el que parecía no calmarse cuando el dolor inundaba su cuerpo, o lo infligía en otros. —Además, la primera vez usted inició el combate si no recuerdo mal, por sentirse amenazado. Respecto a su segunda pregunta... no le puedo garantizar. Parece que su querido capitán tiene unos fetiches... un tanto extraños. Si lo suyo es realizar relaciones sexuales con alguien inconsciente o dormido y llevarse los pantalones, me resulta algo loco, y más todavía tener ese tipo exhibicionista como para dejarlo en el poste de su propio barco. Prefiero tener y dar consentimiento cuando mantengo relaciones. — Eso último fue más dirigido a Eros que al propio Kiyoshi. De hecho, sus ojos iban dirigidos a él cuando hacía mención de aquel detalle. —Así que si tiene un interés, al menos pregunte antes. No me gusta no saber si usa o no protección, joven Focalor. Porque, igual que el señor Maeda, se me hace extraño que elija no solo llevarse esa parte de la ropa en vez de una camisa, sino que lo exhiba de ese modo. Cada uno con sus fetiches, supongo.
Elevó sus hombros, volviendo a enfocar los ojos hacia el contrario. No lo criticaba, el suyo también era de lo más extraño, aunque sin ser tan... llamativo. Esta vez sus cejas estaban fruncidas en un aire molesto. ¿Ese hombre hablaba en serio? Cerró los ojos, intentando calmarse, rejalando sus músculos. No era el momento ni el lugar, y estaba en demasiada desventaja.
Todavía se le hacía increíble que siquiera se le pasara eso por la cabeza. —No, no tengo intereses románticos con el joven Focalor, así que cálmese. Apenas lo vi un par de veces. Si es al revés, no le correspondo, así que por esa parte puede estar tranquilo. No suelo tener romances con las personas con las que mantengo relaciones. — No entendió por qué le molestó una confesión así. Quizás por el temor de que descubrieran que pudiera tener a alguien así de importante. ¿Irían tras él? Kiyoshi podría tener motivos, Eros... Después de lo que había pasado ese día, prefería mantener precauciones. —Pero no vengo con intenciones hostiles, solo quiero recuperar mis cosas y hacer una llamada importante. — Decidió ser claro y directo. Ni siquiera le interesaba recuperar sus propios pantalones. Se frotó los ojos, con cansancio. Demasiadas emociones fuertes por un día.

—No me apetece pelear de nuevo con usted, al menos no hoy, joven.
Su ceja se arqueó, ya no solo era la mención de una “satisfacción” que sospechaba, sino más bien la confirmación de que, aparentemente, Kiyoshi estaba al tanto de ello. No por él, sino con una idea que él mismo parecía solo convencerse más. —Y no sé quién de los dos es más depravado, si usted, o yo. Pero se equivoca, no busco pelear con usted con esos fines, aunque aparentemente su consciencia no le dictó lo mismo.
Ahora posicionó el dedo sobre el arma del médico, tratando de descenderla. Bastantes emociones fuertes por un día. Tampoco es que planeara ocultar nada. Ya había un conocimiento previo. —Como le dije a su querido Focalor, señor Kiyoshi, él sabe exactamente por qué estoy aquí. Y si tiene algo para mí, ya debería ser suficiente información para saber que aparentemente mi llegada sí era de esperarse, sean o no piratas. — Terminó de descender del todo la mano, ya sea que estuviera siendo apuntado de nuevo, o que hubiera logrado dejar que la boca lo apuntara.

—A estas alturas, Señor Maeda, no tengo nada que ocultarle, ¿recuerda?
Sus ojos se elevaron, dado que la altura del mencionado era mayor a la suya, algo que seguía siendo de lo más curioso. Quiso preguntar si pese a su viaje había mantenido en seguimiento a aquella mujer de cabello blanco y mirada dorada. Miró de reojo a Eros, evitando preguntar por ella por ahora, solo volviendo la mirada hacia el médico, una vez más en un arqueo de ceja pronunciada. —¿Eso es lo que realmente le preocupa? — Las cosas estaban escalando a un punto que sus ojos se abrieron de par en par, elevando ambas cejas. ¿Romance? ¿Con Eros? Eso era nuevo. No sabía qué tipo de malentendido se había armado en esa cabeza suya y, por supuesto, no había hecho la mención de aquel que probablemente estaría viajando para un reencuentro.
—Como le dije, no necesito que me apunte con el arma para que le conteste. No hay secretos entre nosotros, espero que no lo olvide de nuevo. — Ahora sí, con algo más de seguridad, asomó la cabeza para buscar con la mirada la caja que inicialmente Eros le había señalado. ¿Estaría allí su Den-Den Mushi? Podía ver cosas parcialmente, entre ellas, sus armas. —Sí, tuvimos un confrontamiento el joven Focalor y yo, esa parte es sin duda cierta. Yo mismo le ofrecí pelear. Sin embargo... — Sus ojos volvieron ahora hacia el más bajo de aire más oscuro. —No era por ese tipo de satisfacción. Sencillamente a veces me divierte pelear con alguien fuerte, igual que cuando lo conocí. Lo otro es secundario y mayormente involuntario, aunque no lo parezca. — Sí era consciente, pero no siempre controlaba aquel fetiche extraño con el que parecía no calmarse cuando el dolor inundaba su cuerpo, o lo infligía en otros. —Además, la primera vez usted inició el combate si no recuerdo mal, por sentirse amenazado. Respecto a su segunda pregunta... no le puedo garantizar. Parece que su querido capitán tiene unos fetiches... un tanto extraños. Si lo suyo es realizar relaciones sexuales con alguien inconsciente o dormido y llevarse los pantalones, me resulta algo loco, y más todavía tener ese tipo exhibicionista como para dejarlo en el poste de su propio barco. Prefiero tener y dar consentimiento cuando mantengo relaciones. — Eso último fue más dirigido a Eros que al propio Kiyoshi. De hecho, sus ojos iban dirigidos a él cuando hacía mención de aquel detalle. —Así que si tiene un interés, al menos pregunte antes. No me gusta no saber si usa o no protección, joven Focalor. Porque, igual que el señor Maeda, se me hace extraño que elija no solo llevarse esa parte de la ropa en vez de una camisa, sino que lo exhiba de ese modo. Cada uno con sus fetiches, supongo.
Elevó sus hombros, volviendo a enfocar los ojos hacia el contrario. No lo criticaba, el suyo también era de lo más extraño, aunque sin ser tan... llamativo. Esta vez sus cejas estaban fruncidas en un aire molesto. ¿Ese hombre hablaba en serio? Cerró los ojos, intentando calmarse, rejalando sus músculos. No era el momento ni el lugar, y estaba en demasiada desventaja.

—No se equivoque, Maeda. ¿Interés amoroso? ¿Habla usted en serio?
Todavía se le hacía increíble que siquiera se le pasara eso por la cabeza. —No, no tengo intereses románticos con el joven Focalor, así que cálmese. Apenas lo vi un par de veces. Si es al revés, no le correspondo, así que por esa parte puede estar tranquilo. No suelo tener romances con las personas con las que mantengo relaciones. — No entendió por qué le molestó una confesión así. Quizás por el temor de que descubrieran que pudiera tener a alguien así de importante. ¿Irían tras él? Kiyoshi podría tener motivos, Eros... Después de lo que había pasado ese día, prefería mantener precauciones. —Pero no vengo con intenciones hostiles, solo quiero recuperar mis cosas y hacer una llamada importante. — Decidió ser claro y directo. Ni siquiera le interesaba recuperar sus propios pantalones. Se frotó los ojos, con cansancio. Demasiadas emociones fuertes por un día.
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