Presente Absoluto / T4 La arena en la nieve.
#6
—¿Cómo anillo al dedo dice? Sí, supongo que esos cerezos son lo único en esta isla que podría ser parecido a mi y, por lo tanto, tolerable… ¡Agh! ¿Cómo vive gente aquí? Es más… ¿Cómo es que usted no está temblando de frío? Es insoportable…espero que de verdad la calefacción del interior de la casa del terror sea buena —. No valía la pena esconder su naturaleza friolera, a fin de cuentas, era demasiado evidente y la ropa que Merlot y Maki le habían conseguido no era la ideal para él, al menos no para un clima como el de Drum; sin embargo, quería creer que, con lo cerca que estaba de la casa de sustos, ese problema quedaría atrás más temprano que tarde.
 
—¿Y de qué olor pesado habla? —Ese comentario lo hizo distraerse de lo que siguió, pues, aunque ya habían llegado a la puerta de entrada de la atracción principal, los pensamientos del médico fueron enseguida a su pequeño vicio con la menta. No pudo evitar tomar entre sus dedos enguantados, un mechón de cabello que llevó a su nariz para aspirar con fuerza el “vago” olor a menta que el percibía. El aroma lo relajó tanto que, por inercia, dio un par de pasos que lo llevaron a pararse justo debajo de la puerta de entrada de la casa del terror. —No siento ningún olor pesado, al contrario, es un aroma muy leve…supongo que debo conseguir una fragancia de mejor calidad —. Terminó por decir, ajeno a casi todo lo que el hombre del sombrero le había hablado, excepto por la última parte, pues algo logró escuchar sobre un “peluche”, de hecho, fue esa palabra la que logró traerlo de regreso a la realidad.
 
—Ah…perdón, no prestaba atención… ¿Dijo que esperará afuera? —No esperaba una respuesta real a su pregunta, pues ya estaba más adentro que afuera de “Egipto”. —Bien, así no habrá pruebas de si me asusto o no —. Se encogió de hombros, confiado de que nada de lo que pudiera haber dentro de la casa podía sacarle un mínimo susto y, luego de eso, se adentró en el lugar sin mirar atrás.
 
El médico miró a su alrededor con desconfianza, el sitio estaba apenas iluminado por luces amarillentas que le daban al sitio ese aspecto que tenían aquellos templos antiguos de tierras lejanas, algunos que solo había visto en imágenes de libros de historia cuyo contenido solía olvidar, pero, sea como sea, en términos generales estaba “oscuro”, fue en ese momento en que el pelirrosa sintió la necesidad de achinar sus ojos para intentar ver “mejor” y, de paso, ajustar sus guantes de combate, una acción que realizó casi por inercia.
 
—Jmmm… ¿Y a dónde se supone que vaya ahora? Ni siquiera puedo ver si hay una señalización —. Dio unos cuantos pasos más hasta que la luz de la entrada se hizo más tenue, entonces se detuvo y miró a su alrededor. Se dio cuenta que a su lado había una puerta que estaba cerrada (la 1), lo que asumió como la primera habitación de la casa, aunque por el pasillo podría ver que había más recovecos…así que esa puerta a su lado no podía ser la única, aunque sí que podía servirle de referencia. —Bien…al menos sé que si no encuentro la salida puedo volver a la entrada que está al lado…jmmmm…—Miró sus manos como un niño de kínder, intentando ubicar la derecha y la izquierda. —…jmmmm…derecho…sí, al lado derecho de esa puerta vieja —. En verdad era al lado izquierdo, pero el médico era capaz de perderse en línea recta, así que mucho menos admitiría no saber distinguir algo tan básico como la izquierda de la derecha.
 
Con su “referencia” lista y dándose cuenta de que ya no sentía el horrible frío del exterior, el médico decidió moverse por el lugar. No se detuvo a intentar abrir la primera puerta, simplemente, al verla cerrada, asumió que tenía llave o que era un sitio al que no debía entrar, así que caminó por el pasillo oscuro, atento a las decoraciones y a cualquier movimiento que pudiera detectar en medio de la escasa luz, en especial aquellos movimientos que pudieran venir de los maniquíes que adornaban los pasillos. Bien sabía que a veces eran personas disfrazadas y no estaba dispuesto a caer en esos trucos.

Ignoró la puerta que siguió a la principal, pues vio con claridad que en una esquina estaba esa puerta cerrada (la 3), así que se adelantó más por el corredor hasta darse cuenta de que las dos puertas que seguían también estaban de la misma manera. El médico chasqueó la lengua y se cruzó de brazos por un momento, entendiendo, relativamente tarde, que quizá era él quien debía abrir las puertas.
 
Se quedó en medio del pasillo mirando las puertas que estaban casi una frente a la otra (la 2 y la 5), mientras que sus dientes mordían, por mala maña, la delicada piel del interior de su boca, algo que hacía cuando solía estar concentrado en algo. Solo se detuvo cuando sintió el sabor metálico de su propia sangre y, con ello, el ardor que le seguía. Eso lo hizo salir de su ensimismamiento y decidirse por una puerta: La de la sala 5. Caminó hasta quedar frente a esta y, conteniendo la respiración, colocó su mano sobre el pomo de la puerta para girarlo y adentrarse a la habitación.
 
Ni siquiera lo pensó dos veces. Apenas sintió que la puerta se abrió sin esfuerzo, el médico dio un par de pasos al frente, hasta quedar a un metro del interior de la sala 5 y una vez ahí, observó sus alrededores, esperando que algo de lo que hubiera dentro pudiera llamar su atención o, al menos, provocarle alguna reacción. Hasta ahora nada lo había asustado o alterado así que, aunque no lo dijera en voz alta, esperaba que eso cambiara ahora que había decidido "jugar" como era debido.
 
Botiquín. Solo abrir en caso de emergencias
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RE: Presente Absoluto / T4 La arena en la nieve. - por Hyákinthos - 02-04-2026, 08:38 AM

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