02-04-2026, 10:22 PM
Todos callan, escuchan atentos lo que Uker dice. Demuestra sus valores. Fácilmente podría tomar los patines y venderlos por ahí, pues hasta se puede ver la firma del famoso patinador viejo que tienen frente a ellos. En el centro de la isla, fácilmente podría dar con un comprador dispuesto a soltar una buena suma de dinero para quedarse con ellos. Pero no, el navegante y cocinero de los Sepultureros decide tomar el camino del bien, defendiendo lo que cree hasta el último momento. Todos los presentes se dan cuenta de esto y, como no puede ser de otra forma, sienten respeto hacia su persona. Kiyoshi, específicamente, guarda silencio y solo presencia la escena. No será él quien presione a su compañero a tomar una decisión. Ya dijo que él no los tendría, eso es suficiente.
Quien más se ve afectado por sus palabras es Richard, quien se muerde el labio inferior y desvía la mirada hacia una pared de la casa. Siente vergüenza al mirar de frente al pirata, aunque más pronto que tarde se arma de valor para enfrentar a su maestro. Sí, a aquel que tanto admira. — Nosotros somos merecedores de esos botines, viejo. Sabemos que siempre causamos líos, pero eso no significa que no trabajemos más que cualquier otro alumno que hayas tenido en tu larga y exitosa vida. Si me dieras la oportunidad de demostrar lo que valgo, yo… — La situación se torna bastante sentimental, tanto, que Kiyoshi hasta siente deseos de irse. Presenciar este tipo de escenas tan privadas no corresponde, pero Uker sigue involucrado al ser a quien le han tendido los patines. Dejarlo solo en este lío no es algo que le gustaría hacer. Por tanto, se queda.
La risa del viejo estalla, mas no una burlesca, sino una que expresa tranquilidad y alegría comedida. Parece que tiene un talento, pues consigue que todos, o al menos la mayoría, se tranquilice y deje de estar tan tenso. Parece que la edad no solo te hace bueno en lo que haces y llevas tantos años practicando, sino que te entrega una sabiduría que ya quisieran los jóvenes poseer. — No tienes que demostrarme nada, ni tú ni ella. Aparte de mi querida nieta, ustedes son mis dos grandes tesoros. Por mucho que crezcan, para mí siempre seguirán siendo esos dos dulces niños que llegaron emocionados a pedir que les enseñe. Yo siempre he estado y seguiré estando orgulloso de ustedes. — Richard no se esperaba estas palabras, por lo que lágrimas caen desde sus ojos. Su compañero, quien para este momento ya ha despertado y alcanzado a escuchar las palabras de su profesor, se sienta en el sofá y toma desde atrás la ropa de Richard, haciéndole ver que está ahí con él y experimentando los mismos sentimientos.
Un gesto con la cabeza del viejo es suficiente para que su familiar tome los botines y se los tienda al varón, quien los recibe con gusto y los abraza como si un infante estuviese apretando su osito de peluche antes de dormir. Parece que sí habrá un final feliz en este capítulo.
Ahora, con el tema del calzado solucionado, el anciano se dirige a Uker. — Realmente admiro tu forma de ser, muchacho. Espero que nunca cambies. Sin duda, en esta casa, siempre recordaremos a los dos piratas sepultureros que vinieron a visitarnos. — Y, por supuesto, también tiene palabras para Kiyoshi, a quien quizás no considera con más valores, pero sí el más maduro. Consideremos que estuvieron hablando a solas mientras Uker se cambiaba de ropa en la habitación privada. — Tienes compañeros increíbles, pues de seguro el resto son igual de valiosos. Por favor, cuida de ellos, Kiyoshi. De seguro un médico como tú podrá encargarse de eso. — Kiyoshi, entendiendo el contexto y lo que se viene para ellos, que es una despedida, procede a ponerse de pie. — No seas tonto, no tienes por qué decirme eso. Tengo más que claro todo lo que mencionas.
Kiyoshi no es fanático de las despedidas, por lo que es el primero en abandonar la casa luego de solo despedirse con un gesto de mano. Es a Uker a quien interrumpen un poco más, no permitiéndole escapar sin unas últimas palabras. Quien lo increpa es Richard, que curiosamente le da la mano, aparentemente dejando atrás, o al menos intentándolo, todo resentimiento que pudo nacer entre ambos debido al conflicto iniciado sobre el hielo. — Te estoy agradecido, aunque eso no quita que, si vuelvo a verte en nuestro territorio, te enseñaré otra vez lo veloz que soy sobre el hielo. — Por su tono de voz y la sonrisa leve que muestra su rostro, el cocinero puede entender que no se lo dice a malas, sino que es una pequeña broma con la que intenta mantener su forma de ser.
Una vez ya se encuentran Kiyoshi y Uker nuevamente solos sobre la nieve, ya camino de regreso al centro de Drum o al barco de la tripulación, según cada uno quiera, el primero alza la voz para darle un término a esta historia. — Eres un tonto, debiste quedártelos. Quizás le quedaban bien a Varo Ganchin o a Eros con lo rápidos que son. Aunque ya no importa.
Quien más se ve afectado por sus palabras es Richard, quien se muerde el labio inferior y desvía la mirada hacia una pared de la casa. Siente vergüenza al mirar de frente al pirata, aunque más pronto que tarde se arma de valor para enfrentar a su maestro. Sí, a aquel que tanto admira. — Nosotros somos merecedores de esos botines, viejo. Sabemos que siempre causamos líos, pero eso no significa que no trabajemos más que cualquier otro alumno que hayas tenido en tu larga y exitosa vida. Si me dieras la oportunidad de demostrar lo que valgo, yo… — La situación se torna bastante sentimental, tanto, que Kiyoshi hasta siente deseos de irse. Presenciar este tipo de escenas tan privadas no corresponde, pero Uker sigue involucrado al ser a quien le han tendido los patines. Dejarlo solo en este lío no es algo que le gustaría hacer. Por tanto, se queda.
La risa del viejo estalla, mas no una burlesca, sino una que expresa tranquilidad y alegría comedida. Parece que tiene un talento, pues consigue que todos, o al menos la mayoría, se tranquilice y deje de estar tan tenso. Parece que la edad no solo te hace bueno en lo que haces y llevas tantos años practicando, sino que te entrega una sabiduría que ya quisieran los jóvenes poseer. — No tienes que demostrarme nada, ni tú ni ella. Aparte de mi querida nieta, ustedes son mis dos grandes tesoros. Por mucho que crezcan, para mí siempre seguirán siendo esos dos dulces niños que llegaron emocionados a pedir que les enseñe. Yo siempre he estado y seguiré estando orgulloso de ustedes. — Richard no se esperaba estas palabras, por lo que lágrimas caen desde sus ojos. Su compañero, quien para este momento ya ha despertado y alcanzado a escuchar las palabras de su profesor, se sienta en el sofá y toma desde atrás la ropa de Richard, haciéndole ver que está ahí con él y experimentando los mismos sentimientos.
Un gesto con la cabeza del viejo es suficiente para que su familiar tome los botines y se los tienda al varón, quien los recibe con gusto y los abraza como si un infante estuviese apretando su osito de peluche antes de dormir. Parece que sí habrá un final feliz en este capítulo.
Ahora, con el tema del calzado solucionado, el anciano se dirige a Uker. — Realmente admiro tu forma de ser, muchacho. Espero que nunca cambies. Sin duda, en esta casa, siempre recordaremos a los dos piratas sepultureros que vinieron a visitarnos. — Y, por supuesto, también tiene palabras para Kiyoshi, a quien quizás no considera con más valores, pero sí el más maduro. Consideremos que estuvieron hablando a solas mientras Uker se cambiaba de ropa en la habitación privada. — Tienes compañeros increíbles, pues de seguro el resto son igual de valiosos. Por favor, cuida de ellos, Kiyoshi. De seguro un médico como tú podrá encargarse de eso. — Kiyoshi, entendiendo el contexto y lo que se viene para ellos, que es una despedida, procede a ponerse de pie. — No seas tonto, no tienes por qué decirme eso. Tengo más que claro todo lo que mencionas.
Kiyoshi no es fanático de las despedidas, por lo que es el primero en abandonar la casa luego de solo despedirse con un gesto de mano. Es a Uker a quien interrumpen un poco más, no permitiéndole escapar sin unas últimas palabras. Quien lo increpa es Richard, que curiosamente le da la mano, aparentemente dejando atrás, o al menos intentándolo, todo resentimiento que pudo nacer entre ambos debido al conflicto iniciado sobre el hielo. — Te estoy agradecido, aunque eso no quita que, si vuelvo a verte en nuestro territorio, te enseñaré otra vez lo veloz que soy sobre el hielo. — Por su tono de voz y la sonrisa leve que muestra su rostro, el cocinero puede entender que no se lo dice a malas, sino que es una pequeña broma con la que intenta mantener su forma de ser.
Una vez ya se encuentran Kiyoshi y Uker nuevamente solos sobre la nieve, ya camino de regreso al centro de Drum o al barco de la tripulación, según cada uno quiera, el primero alza la voz para darle un término a esta historia. — Eres un tonto, debiste quedártelos. Quizás le quedaban bien a Varo Ganchin o a Eros con lo rápidos que son. Aunque ya no importa.
![[Imagen: u2oxCl9.png]](https://i.imgur.com/u2oxCl9.png)
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