03-04-2026, 02:05 PM
La reverencia había sido un error táctico. Kazan lo supo en el momento en que Seraphine le hizo señas de que se acercara con esa expresión específica la de alguien que ha identificado una oportunidad y no tiene intención de dejarla pasar. Se quedó donde estaba con la serenidad de un hombre que ha sobrevivido cosas considerablemente más peligrosas que la venganza de cuatro metros de Skypean irritada, y esperó a que la intención se tradujera en acción o en letra. Resultó ser letra. La siguió con los ojos mientras ella recorría la orilla en busca de más decoración marina, saltando hacia atrás con anticipación cada vez que sus pies se acercaban demasiado al perímetro de peligro sísmico. Aprendizaje rápido. Kazan lo anotó mentalmente como progreso. Leyó el palito en la arena. Quería saber si no te da miedo poder llegar tan profundo. Mientras más profundo, más oscuro y bicho raros.
Sus ojos pequeños se desplazaron hacia el agua. El horizonte. El punto donde el azul del verano empezaba a volverse otra cosa. -No.- Lo dijo sin pausa, sin elaboración previa.-La oscuridad del fondo no es el tipo de oscuridad que produce miedo. Es quietud. Por las profundidades... allá abajo no hay nada que necesite verte para existir. Los bichos grandes tienen sus propias corrientes y tú tienes las tuyas. El problema es cuando alguien interrumpe las del otro sin avisar.-
Calada larga. El humo salió hacia el este con la misma brisa de antes. -Los bichos más peligrosos que he encontrado en el fondo del mar tenían dos piernas y preferían el aire.- Leyó lo de Mizuki y algo en la comisura de su boca se movió no llegó a ser sonrisa completa pero estuvo cerca. Archivó también lo que no estaba escrito, la intención que ella misma había descartado antes de escribirla, porque llevaba suficiente rato leyéndola como para saber cuándo guardaba algo. ¿Y cómo vas conociendo a personas fuera de la tripulación? Sus dedos tocaron el cuerno izquierdo. Lo consideró con honestidad.-Despacio.- Recogió una concha que había quedado cerca de su rodilla y la depositó junto al muro sur del castillo, con cuidado ridículo dado su tamaño. -Kelvin en Samba. El maestro de karate, aunque eso es distinto hay una diferencia entre conocer a alguien y aprender de alguien. El resto han sido puertos, tripulaciones de paso, gente con quien compartí agua o silencio sin que ninguno supiera el nombre del otro al terminar.- Miró el castillo. La concha en la torre. Los muros que habían sobrevivido la mañana entera. -No soy fácil de conocer, Seraphine. Requiero espacio y tiempo y que la otra persona no salga corriendo cuando el suelo tiembla.- La miró.-Tú no saliste corriendo.-
Lo dijo como dato. Como la cosa más simple y más exacta que había dicho en todo el día.
Sus ojos pequeños se desplazaron hacia el agua. El horizonte. El punto donde el azul del verano empezaba a volverse otra cosa. -No.- Lo dijo sin pausa, sin elaboración previa.-La oscuridad del fondo no es el tipo de oscuridad que produce miedo. Es quietud. Por las profundidades... allá abajo no hay nada que necesite verte para existir. Los bichos grandes tienen sus propias corrientes y tú tienes las tuyas. El problema es cuando alguien interrumpe las del otro sin avisar.-
Calada larga. El humo salió hacia el este con la misma brisa de antes. -Los bichos más peligrosos que he encontrado en el fondo del mar tenían dos piernas y preferían el aire.- Leyó lo de Mizuki y algo en la comisura de su boca se movió no llegó a ser sonrisa completa pero estuvo cerca. Archivó también lo que no estaba escrito, la intención que ella misma había descartado antes de escribirla, porque llevaba suficiente rato leyéndola como para saber cuándo guardaba algo. ¿Y cómo vas conociendo a personas fuera de la tripulación? Sus dedos tocaron el cuerno izquierdo. Lo consideró con honestidad.-Despacio.- Recogió una concha que había quedado cerca de su rodilla y la depositó junto al muro sur del castillo, con cuidado ridículo dado su tamaño. -Kelvin en Samba. El maestro de karate, aunque eso es distinto hay una diferencia entre conocer a alguien y aprender de alguien. El resto han sido puertos, tripulaciones de paso, gente con quien compartí agua o silencio sin que ninguno supiera el nombre del otro al terminar.- Miró el castillo. La concha en la torre. Los muros que habían sobrevivido la mañana entera. -No soy fácil de conocer, Seraphine. Requiero espacio y tiempo y que la otra persona no salga corriendo cuando el suelo tiembla.- La miró.-Tú no saliste corriendo.-
Lo dijo como dato. Como la cosa más simple y más exacta que había dicho en todo el día.
