Moja la observó mientras hablaba y escribía con esa mezcla tan característica de inseguridad y entusiasmo que parecía convivir constantemente en ella. Cuando mencionó que a veces no se sentía real, sus ojos dorados se suavizaron ligeramente, no con lástima, sino con comprensión silenciosa. Había visto antes ese tipo de duda en personas que habían sobrevivido demasiado tiempo en condiciones donde la voluntad propia dejaba de importar.
-A veces las cosas reales tardan en sentirse reales- respondió con calma. -Especialmente cuando aparecen de repente.-
Su mirada descendió brevemente hacia el vendaje en su brazo cuando ella lo levantó para mostrárselo. Observó el estado de la herida con atención casi automática, como si evaluara daños tras un combate, pero la ligera satisfacción que ella mostraba por la mejoría hizo que no añadiera recomendaciones innecesarias.
-El ardor suele significar que está cerrando bien- dijo. -Mientras no empeore, es buena señal.-
Cuando ella preguntó si podrían verse antes de que partiera, Moja no dudó en asentir con una inclinación leve de cabeza.
-Sí- respondió con firmeza tranquila. -Precisamente por eso estoy aquí ahora.-
No añadió dramatismo a la situación, aunque en su interior reconocía que aquella respuesta implicaba más de lo que habría aceptado unos días atrás.
Observó su reacción al escuchar que la segunda cita no estaba cancelada, notando el cambio inmediato en su expresión, el pequeño salto de alegría que no parecía medir el espacio ni la situación. La energía de Seraphine era difícil de ignorar; incluso sin palabras, llenaba el ambiente con una presencia que resultaba imposible confundir.
Moja la siguió con la mirada mientras desaparecía para terminar su turno, permaneciendo sentado en la mesa con la misma paciencia con la que había esperado fuera del local. No parecía inquieto ni incómodo, simplemente presente, apoyando los antebrazos sobre la superficie de madera mientras observaba el movimiento del restaurante con calma.
Durante esos minutos, su mente volvió brevemente al motivo real de su visita. Sabía que el tiempo que le quedaba en la isla era limitado, y sin embargo, por primera vez en mucho tiempo, no estaba contando las horas en función de la eficiencia del viaje, sino en función de las conversaciones que aún quería tener.
Cuando finalmente la vio regresar con ropa distinta, moviendo el brazo para llamar su atención, Moja se puso de pie con naturalidad, ajustando ligeramente su postura.
-Parece que sobreviviste a tu turno- comentó con un leve matiz de humor en la voz.
Su mirada recorrió su apariencia apenas un instante antes de volver a sus ojos, manteniendo esa calma constante que parecía caracterizarlo incluso cuando su vida tomaba giros inesperados.
-Entonces… ¿Que tal un paseo por la playa para nuestra segunda cita?- preguntó.
-A veces las cosas reales tardan en sentirse reales- respondió con calma. -Especialmente cuando aparecen de repente.-
Su mirada descendió brevemente hacia el vendaje en su brazo cuando ella lo levantó para mostrárselo. Observó el estado de la herida con atención casi automática, como si evaluara daños tras un combate, pero la ligera satisfacción que ella mostraba por la mejoría hizo que no añadiera recomendaciones innecesarias.
-El ardor suele significar que está cerrando bien- dijo. -Mientras no empeore, es buena señal.-
Cuando ella preguntó si podrían verse antes de que partiera, Moja no dudó en asentir con una inclinación leve de cabeza.
-Sí- respondió con firmeza tranquila. -Precisamente por eso estoy aquí ahora.-
No añadió dramatismo a la situación, aunque en su interior reconocía que aquella respuesta implicaba más de lo que habría aceptado unos días atrás.
Observó su reacción al escuchar que la segunda cita no estaba cancelada, notando el cambio inmediato en su expresión, el pequeño salto de alegría que no parecía medir el espacio ni la situación. La energía de Seraphine era difícil de ignorar; incluso sin palabras, llenaba el ambiente con una presencia que resultaba imposible confundir.
Moja la siguió con la mirada mientras desaparecía para terminar su turno, permaneciendo sentado en la mesa con la misma paciencia con la que había esperado fuera del local. No parecía inquieto ni incómodo, simplemente presente, apoyando los antebrazos sobre la superficie de madera mientras observaba el movimiento del restaurante con calma.
Durante esos minutos, su mente volvió brevemente al motivo real de su visita. Sabía que el tiempo que le quedaba en la isla era limitado, y sin embargo, por primera vez en mucho tiempo, no estaba contando las horas en función de la eficiencia del viaje, sino en función de las conversaciones que aún quería tener.
Cuando finalmente la vio regresar con ropa distinta, moviendo el brazo para llamar su atención, Moja se puso de pie con naturalidad, ajustando ligeramente su postura.
-Parece que sobreviviste a tu turno- comentó con un leve matiz de humor en la voz.
Su mirada recorrió su apariencia apenas un instante antes de volver a sus ojos, manteniendo esa calma constante que parecía caracterizarlo incluso cuando su vida tomaba giros inesperados.
-Entonces… ¿Que tal un paseo por la playa para nuestra segunda cita?- preguntó.
*Pienso* -Hablo- Narro
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