04-04-2026, 12:28 AM
(Última modificación: 04-04-2026, 12:31 AM por Hyákinthos.)
—¿Quién deja armas tiradas en medio de la cubierta? Pfff —Cuando se levantó, con el bo en sus manos, ahora sí dispuesto a irse del lugar, escuchó una reclamación en su contra de parte de la ex peliverde, algo que lo hizo girarse para encararla.
—¿De qué estas hablando? ¿Y a quién le llamas carnicero, iguana desquiciada? —Levantó el bo, sosteniéndolo a la mitad con su mano derecha, aun estaba a un metro de Maki, pero, antes de que pudiera recibir una respuesta o de hacer algo más, escuchó una voz desde el “cielo”, al menos alguien lo defendía, el problema es que, luego de eso, notó que ese mismo “ser” se dejaba caer.
El médico dio un paso atrás, trastabillando por la repentina aparición y luego, casi en cuestión de segundos, escuchó el ruido de un golpe seco sobre la piel de alguien más y, antes de que él mismo pudiera enderezarse para mirar el caos sintió un golpe sobre su pecho, algo que no habría podido evitar ni aunque estuviera prestando atención.
Instintivamente, sin soltar el bo, llevó sus manos a su pecho para “alivianar” el dolor y, por la impresión, se inclinó por un par de segundos, que aprovechó para quejarse del repentino golpe y maldecir en voz baja a la iguana, a fin de cuentas, sabía bien que nadie más que ella podría haberla golpeado con esa fuerza.
—¿Qué te pasa hoy, Maki? —Aprovechando que estaba agachado y al haber caminado unos pasos al frente producto del dolor, aprovechó que la mujer aun estaba viendo hacia el horizonte, en donde el sol iluminaba sin piedad, y sostuvo con ambas manos el bo antes de usarlo para golpear en la parte del tobillo de la mujer peliverde, buscaba hacerla caer, aunque dudaba que con la fuerza que había golpeado lograra su objetivo.
Cuando el golpe llegó a su lugar, el médico se enderezó y se alejó, de un salto hacia atrás, de la mujer quemada y luego miró a su alrededor. Vio a María Merlot a unos 12 metros de él y a Maki a menos dos metros de él, ambas visiblemente alteradas, desde el punto de vista del pelirrosa.
—¿Están locas ambas? Ni siquiera hemos desayunado como para estar peleando —Les gritó desde su sitio, mientras se ponía en guardia con el bo en ambas manos, dejando que señalara hacia el frente, ahora sí, atento a cualquier intento de ataque de parte de cualquiera de las dos mujeres.
—Ya les dije, si les sucede algo, si tiene rabia contenida o lo que sea, aprovechen y entrenen, pero no se maten sin motivo —. En ese instante, dio un paso hacia atrás, chocando con un escudo que estaba en el suelo. Agachó su mirada para encontrarse con este y tuvo una idea. —Es más… ¿Quieren que nos golpeemos? ¡Bien! Incluso yo puedo participar en esta locura, pero cuando terminen, espero que ambas piensen bien en lo que hacen. No podemos darnos el lujo de atacarnos entre nosotros…no de nuevo —. No quería que las personas que debían protegerlo terminaran matándose, una vez más.
—Ahora…la primero en llegar al escudo, se lo gana —. El médico dio una patada al escudo, como si este fuera un balón de futbol, haciendo que se deslizara por la madera del barco hasta quedar a 4 metros de Merlot y a 5 metros de Maki, cualquiera de las dos podía ir por el arma. —Que empiece el juego.
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