04-04-2026, 12:38 PM
Las señas llevaban un rato acumulándose. Kazan las había visto todas cada una de ellas, con la misma claridad con que se ve venir una ola desde lejos. No porque no le importara lo que Seraphine tenía planeado, sino precisamente porque sí le importaba, y los cuarenta y cinco años le habían enseñado que acercarse voluntariamente a algo que lleva esa expresión específica raramente termina en favor del que se acerca. Se quedó donde estaba. Fumó. Leyó lo de sus padres con los ojos quietos, dejando que las palabras aterrizaran antes de responder. -No los conozco.- Lo dijo sin drama, con la llaneza de un hecho que lleva tanto tiempo siendo hecho que ya no tiene bordes afilados. -Me vendieron con cuatro años. Lo que sé de mis padres es lo que se ve que uno era grande y el otro venía del agua. El resto...- Una pausa. Sus dedos tocaron el collar, las cuentas de madera pasando una a una bajo el pulgar. -...no tengo manera de saberlo. Por las profundidades, igual uno de los dos era de las profundidades. Igual no. Son preguntas que ya no viajan hacia ningún sitio útil.-
No lo dijo con amargura. Lo dijo con la tranquilidad de alguien que ha hecho las paces con un mapa que tiene zonas en blanco. Seraphine se acercó dando saltitos y preguntó por Mizuki. Kazan recogió la pregunta, la consideró con honestidad, y respondió. -Nos estamos conociendo. Es directa y no desperdicia palabras, que es algo que respeto. No hemos tenido motivos para chocar todavía.- Calada corta.-Que no hayamos chocado todavía no significa que no vayamos a hacerlo en algún momento. Significa que todavía estamos en el tramo en que uno aprende cómo funciona el otro antes de decidir si el choque vale la pena o no.-
Lo de la flecha llegó después la disculpa, la mueca, el "pero no me arrepiento" dicho con el pecho inflado hacia adelante de alguien que ha sopesado el arrepentimiento y lo ha encontrado insuficiente. Algo en su expresión se movió. No fue la risa esta vez fue algo más tranquilo, más interno, que se quedó en los ojos pequeños sin necesitar más espacio. -Ga-ha...- La risa salió a la mitad -No te disculpes por eso. Si hubiera dolido, te lo habría dicho.- Se puso de pie. Esta vez despacio, con el aviso previo de la mano extendida hacia ella como señal de que el suelo iba a moverse antes de que lo hiciera, y caminó hasta la orilla. El agua le llegó a los tobillos. Se volvió hacia ella.
-¿Cuándo nadamos?- Señaló el mar con la pipa. Luego la miró.-Ahora, si quieres. El agua está tranquila y no tienes nada mejor que hacer.-
Sus diez metros proyectaban sombra sobre la superficie del mar, y la brisa de media mañana movía el humo de la pipa hacia el este con la misma dirección de siempre.
No lo dijo con amargura. Lo dijo con la tranquilidad de alguien que ha hecho las paces con un mapa que tiene zonas en blanco. Seraphine se acercó dando saltitos y preguntó por Mizuki. Kazan recogió la pregunta, la consideró con honestidad, y respondió. -Nos estamos conociendo. Es directa y no desperdicia palabras, que es algo que respeto. No hemos tenido motivos para chocar todavía.- Calada corta.-Que no hayamos chocado todavía no significa que no vayamos a hacerlo en algún momento. Significa que todavía estamos en el tramo en que uno aprende cómo funciona el otro antes de decidir si el choque vale la pena o no.-
Lo de la flecha llegó después la disculpa, la mueca, el "pero no me arrepiento" dicho con el pecho inflado hacia adelante de alguien que ha sopesado el arrepentimiento y lo ha encontrado insuficiente. Algo en su expresión se movió. No fue la risa esta vez fue algo más tranquilo, más interno, que se quedó en los ojos pequeños sin necesitar más espacio. -Ga-ha...- La risa salió a la mitad -No te disculpes por eso. Si hubiera dolido, te lo habría dicho.- Se puso de pie. Esta vez despacio, con el aviso previo de la mano extendida hacia ella como señal de que el suelo iba a moverse antes de que lo hiciera, y caminó hasta la orilla. El agua le llegó a los tobillos. Se volvió hacia ella.
-¿Cuándo nadamos?- Señaló el mar con la pipa. Luego la miró.-Ahora, si quieres. El agua está tranquila y no tienes nada mejor que hacer.-
Sus diez metros proyectaban sombra sobre la superficie del mar, y la brisa de media mañana movía el humo de la pipa hacia el este con la misma dirección de siempre.
