04-04-2026, 08:51 PM
(Última modificación: 04-04-2026, 09:12 PM por Seraphine Soyer.)
[personajeinvalido=3367]
El tirón de Lana la pilló desprevenida, dejándose hacer, ya que mucho no podía hacer al respecto, volviendo a toser y sintió sangre correr por la piel, manchando sin querer un poco a Lana también, con sus cinco sentidos, sintiéndose de lo más extraño, la sala dando una enorme vuelta, mareada, debiendo hacer un enorme control de no expulsar lo comido hace a saber cuánto tiempo sobre la rubia y al alzar su rostro, algo pálida por las acciones de la mujer, pudo ver a su amo, que parecía cometer alguna clase de acto digno de una película, pareciendo querer reírse, recordarle que era una alucinación, solo para que otra realización cayese en lo profundo de su corazón: Ni siquiera necesitaba estar ahí para que Seraphine le tuviese miedo y controlara su vida.
Primero, fue la cabeza, se desprendió de su cuerpo, girando, hasta que acabó en dirección a su espalda y a continuación, cada uno de sus huesos tronaban de la manera más fea posible, con intención que sus partes apuntan a ella, sin siquiera tener que girarse, siempre le pareció curioso de cómo, el noble no tenía mucho poder más allá, del que ella supiese, del que su título le otorgase, pero, por alguna razón solo faltaba con pestañear para que la mente de la skypean le demostrase las características grotescas que le daba por culpa del tiempo, sin saber cuando lo dejó de ver, con una piel humana hasta convertirse en una enorme mancha negra con un solo ojo y cuando Lana, la dejó de pie, no tardó demasiado en caer sobre sus rodillas.
—Dime Seraphine— Buscó apartarse, pegarse contra Lana, pero le resultó imposible. —¿Realmente valió la pena?— Cerró sus ojos al sentir el toquecito en la nariz por aquella mano imaginaria. —Esta fantasía de libertad, querer viajar al Grand Line… ¿Cómo no sabes que tus amigos no te vendieron? Te dejaron en las manos de esta loca para que Kazan y Mizuki se fueran por su cuenta. Siempre fuiste la más débil de los tres— El cuerpo de Sera se fue hacia un lado, la sangre esparciéndose por el suelo, creando un charco de sangre a su alrededor, al punto de casi ocultar su sedoso y brillante cabello bicolor. —No… No lo harían— Tartamudeó en su mente, sintiéndose débil. —No son esa clase de perso…— La risa le cortó su voz. —Oh, venga ya, sabes muy bien que eres una inútil y esta experiencia te lo está demostrando, ni siquiera te molestaste en entrenar más tus habilidades, sabías que era una pérdida de tiempo.
De pronto estuvo en cuatro patas, casi imitando una enorme araña.
—Incluso una criatura más grotesca que tú, está siendo más útil— Un millón de ojos repartidos en la cabeza de aquel noble se encontró demasiado cerca de su rostro y agradeció el no poder gritar. —Tu, que solo tienes esa cara hermosa que te protege, nada más— Colocó ambas manos sobre el suelo, intentando ponerse de pie. —Te equivocas…— No sonó muy convencida de sí misma. —Tus malditas torturas me hicieron más fuerte— Buscó dar otro paso hacia adelante, pero falló. —Colgarme del techo, veo gotear mi sangre en la bañera— Soltó un silencioso quejido, estaba mareada y llevó una mano a su boca, no quería volver a esos recuerdos, el muy maldito se había inspirado en los libros de cierta Elizabeth que leyó. —Me desensibilizaron un poco… de ver mi propia sangre.
Se giró hacia Lana, sentada sobre sus propias rodillas, su respiración, lenta. —Gracias— Escribió, volviendo a toser. —Necesito… ayuda con la herida y podré… bailar, inspirar otra vez— Quería seguir hacia adelante, cumplir la promesa que hizo, a la tripulación, a Moja, debía de salir de ahí, tenía un enorme sentido de responsabilidad, temiendo defraudar a la Corriente Libre, en especial Kazan, su primer amigo.
Su libreta estaba manchada de sangre.
El tirón de Lana la pilló desprevenida, dejándose hacer, ya que mucho no podía hacer al respecto, volviendo a toser y sintió sangre correr por la piel, manchando sin querer un poco a Lana también, con sus cinco sentidos, sintiéndose de lo más extraño, la sala dando una enorme vuelta, mareada, debiendo hacer un enorme control de no expulsar lo comido hace a saber cuánto tiempo sobre la rubia y al alzar su rostro, algo pálida por las acciones de la mujer, pudo ver a su amo, que parecía cometer alguna clase de acto digno de una película, pareciendo querer reírse, recordarle que era una alucinación, solo para que otra realización cayese en lo profundo de su corazón: Ni siquiera necesitaba estar ahí para que Seraphine le tuviese miedo y controlara su vida.
Primero, fue la cabeza, se desprendió de su cuerpo, girando, hasta que acabó en dirección a su espalda y a continuación, cada uno de sus huesos tronaban de la manera más fea posible, con intención que sus partes apuntan a ella, sin siquiera tener que girarse, siempre le pareció curioso de cómo, el noble no tenía mucho poder más allá, del que ella supiese, del que su título le otorgase, pero, por alguna razón solo faltaba con pestañear para que la mente de la skypean le demostrase las características grotescas que le daba por culpa del tiempo, sin saber cuando lo dejó de ver, con una piel humana hasta convertirse en una enorme mancha negra con un solo ojo y cuando Lana, la dejó de pie, no tardó demasiado en caer sobre sus rodillas.
—Dime Seraphine— Buscó apartarse, pegarse contra Lana, pero le resultó imposible. —¿Realmente valió la pena?— Cerró sus ojos al sentir el toquecito en la nariz por aquella mano imaginaria. —Esta fantasía de libertad, querer viajar al Grand Line… ¿Cómo no sabes que tus amigos no te vendieron? Te dejaron en las manos de esta loca para que Kazan y Mizuki se fueran por su cuenta. Siempre fuiste la más débil de los tres— El cuerpo de Sera se fue hacia un lado, la sangre esparciéndose por el suelo, creando un charco de sangre a su alrededor, al punto de casi ocultar su sedoso y brillante cabello bicolor. —No… No lo harían— Tartamudeó en su mente, sintiéndose débil. —No son esa clase de perso…— La risa le cortó su voz. —Oh, venga ya, sabes muy bien que eres una inútil y esta experiencia te lo está demostrando, ni siquiera te molestaste en entrenar más tus habilidades, sabías que era una pérdida de tiempo.
De pronto estuvo en cuatro patas, casi imitando una enorme araña.
—Incluso una criatura más grotesca que tú, está siendo más útil— Un millón de ojos repartidos en la cabeza de aquel noble se encontró demasiado cerca de su rostro y agradeció el no poder gritar. —Tu, que solo tienes esa cara hermosa que te protege, nada más— Colocó ambas manos sobre el suelo, intentando ponerse de pie. —Te equivocas…— No sonó muy convencida de sí misma. —Tus malditas torturas me hicieron más fuerte— Buscó dar otro paso hacia adelante, pero falló. —Colgarme del techo, veo gotear mi sangre en la bañera— Soltó un silencioso quejido, estaba mareada y llevó una mano a su boca, no quería volver a esos recuerdos, el muy maldito se había inspirado en los libros de cierta Elizabeth que leyó. —Me desensibilizaron un poco… de ver mi propia sangre.
Se giró hacia Lana, sentada sobre sus propias rodillas, su respiración, lenta. —Gracias— Escribió, volviendo a toser. —Necesito… ayuda con la herida y podré… bailar, inspirar otra vez— Quería seguir hacia adelante, cumplir la promesa que hizo, a la tripulación, a Moja, debía de salir de ahí, tenía un enorme sentido de responsabilidad, temiendo defraudar a la Corriente Libre, en especial Kazan, su primer amigo.
Su libreta estaba manchada de sangre.
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![[Imagen: RlTqH6C.jpeg]](https://i.imgur.com/RlTqH6C.jpeg)
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