04-04-2026, 11:07 PM
— ¿Y debo ser yo, tonto? — Esa es la respuesta que Kiyoshi le dio a Uker cuando le pidió acompañarlo a recolectar alimentos de la naturaleza. La verdad es que el propio médico ya se percató de los altos precios en el pueblo, por lo que buscar algo más económico es una buena idea. Sin embargo, el esfuerzo que eso conllevará… Uker fue astuto, pues esperó el momento en que tanto Eros como Varo Ganchin no estaban cerca, dejándolo a él como única opción. No le quedó de otra más que aceptar, aunque se le notaba en la cara que no estaba muy convencido. Ojo, no es que le cague caminar junto al cocinero, claro que no, sino que ya preveía que le esperaba caminar demasiado, y seguirle el ritmo a Uker… no es tan sencillo, siendo sinceros.
No estuvo equivocado, realmente no la ha pasado muy bien durante el paseo. Jaya es una isla más apropiada para recorrer de lo que fue Arabasta, lo que no quita que le exija un esfuerzo físico que va más allá de su costumbre. — ¿Por qué tú… — Decide no preguntar el motivo por el que él debe ir al frente, ¿acaso Uker teme caer en una trampa y necesita a un sacrificio para que se arriesgue? A Kiyoshi le enfada un poco, pero puede vivir con ello.
En cuanto a su vestimenta, hoy ha dejado atrás tanta formalidad, así que no viste de traje. Un pantalón blanco y un calzado del mismo color. Arriba, una camiseta de manga corta de color negro, con una delgada chaqueta amarillenta encima, la cual tiene un cierre que solo está subido hasta la mitad del abdomen. En la espalda, sujeto con una correa, se encuentra su querido rifle. En los bolsillos que tienen sus pantalones tiene otros artefactos, pues siempre usa prendas en los cuales puede llevar cosas, incluso ayudándose con algunos desmontables que prepara aparte. Sobre todo en el costado izquierdo de su cuerpo, en la cadera y oculto por la chaqueta, se encuentra algo más especial. Cargando en sus manos se encuentra un pequeño bolsito con artículos de aseo e higiene, los cuales siempre andan con él.
Ya para el final de la caminata, podemos ver a un Kiyoshi sediento que lleva en la mano diestra una botella de agua con la cual se hidrata. El inhalador con el que controla su asma ya ha sido aplicado en tres ocasiones desde que abandonaron el barco. En su frente se ven varias gotas de sudor que terminan por caer a sus mejillas y, finalmente, al suelo. La mascarilla que nunca falta, y hoy tiene un diseño especial, al ser blanca y tener dibujos de frutillas. Parece que intenta, de a poco, dejar atrás esa seriedad y formalidad que tanto le caracteriza. ¿Podrá algún día? Solo el tiempo lo dirá.
— Buena idea. — Responde con calma, pero, en el fondo, está emocionado. Ya desde hace una media hora que su cuerpo ruega por un descanso. Toma la delante y da con un tronco de árbol seco y tirado, el cual usa para sentarse. Por supuesto, antes usa su equipo de limpieza para deshacerse de la mayor cantidad de polvo posible, además de colocar un pequeño paño para así no apoyar el trasero en el árbol mismo. De más está decir que trajo solo para él, no para Uker.
A lado de sus pies deja una bolsa en la cual porta ciertos alimentos que ha recolectado de la naturaleza y piensa llevarse de vuelta al barco. Uker también recibió una bolsa, y seguramente la suya esté más llena. Kiyoshi, una vez se cansó, dejó de agacharse.
— Pareciera que fue ayer cuando abordamos juntos en Samba. Hemos avanzado tanto y el tiempo parece que se ha ido volando, ¿no te parece? — Es un buen dato que, de los cuatro sepultureros, estos dos son los que llevan más tiempo conociéndose y compartiendo. El resto de compañeros han cambiado, pero, al menos, ellos dos se han mantenido. — Te seré sincero, nunca desarrollé un vínculo muy firme con ellos, pero tu caso puede ser diferente. ¿No extrañas a los tontos de antes? Tú pasaste más tiempo a su lado. ¿Has sabido algo de ellos? — Kiyoshi desconoce qué tan profunda era la amistad entre ellos, pues en esa época seguía bastante reacio a relacionarse mucho más allá. Quizás estos momentos son propicios para enterarse de datos que, en su debido momento, escapaban de su comprensión e interés.
En cuanto al tipo que los vigila, Kiyoshi no se ha percatado de esto. No tiene cómo enterarse y considera que en un sitio tan inhóspito como este, encontrarse con alguien es casi imposible. Aun así, tiene su arma lista en la espalda en caso de necesitarla. No es solo en el Grand Line, sino que desde los Blues, siempre que sale de casa está armado. No confía en sus puños para garantizar seguridad para su persona, pero su rifle nunca lo ha decepcionado. — Me pregunto si Eros está bien. Me preocupa dejarlo solo tantas horas con su facilidad para meterse en problemas. Es bastante tonto e inocente a veces, ¿no lo crees?
No estuvo equivocado, realmente no la ha pasado muy bien durante el paseo. Jaya es una isla más apropiada para recorrer de lo que fue Arabasta, lo que no quita que le exija un esfuerzo físico que va más allá de su costumbre. — ¿Por qué tú… — Decide no preguntar el motivo por el que él debe ir al frente, ¿acaso Uker teme caer en una trampa y necesita a un sacrificio para que se arriesgue? A Kiyoshi le enfada un poco, pero puede vivir con ello.
En cuanto a su vestimenta, hoy ha dejado atrás tanta formalidad, así que no viste de traje. Un pantalón blanco y un calzado del mismo color. Arriba, una camiseta de manga corta de color negro, con una delgada chaqueta amarillenta encima, la cual tiene un cierre que solo está subido hasta la mitad del abdomen. En la espalda, sujeto con una correa, se encuentra su querido rifle. En los bolsillos que tienen sus pantalones tiene otros artefactos, pues siempre usa prendas en los cuales puede llevar cosas, incluso ayudándose con algunos desmontables que prepara aparte. Sobre todo en el costado izquierdo de su cuerpo, en la cadera y oculto por la chaqueta, se encuentra algo más especial. Cargando en sus manos se encuentra un pequeño bolsito con artículos de aseo e higiene, los cuales siempre andan con él.
Ya para el final de la caminata, podemos ver a un Kiyoshi sediento que lleva en la mano diestra una botella de agua con la cual se hidrata. El inhalador con el que controla su asma ya ha sido aplicado en tres ocasiones desde que abandonaron el barco. En su frente se ven varias gotas de sudor que terminan por caer a sus mejillas y, finalmente, al suelo. La mascarilla que nunca falta, y hoy tiene un diseño especial, al ser blanca y tener dibujos de frutillas. Parece que intenta, de a poco, dejar atrás esa seriedad y formalidad que tanto le caracteriza. ¿Podrá algún día? Solo el tiempo lo dirá.
— Buena idea. — Responde con calma, pero, en el fondo, está emocionado. Ya desde hace una media hora que su cuerpo ruega por un descanso. Toma la delante y da con un tronco de árbol seco y tirado, el cual usa para sentarse. Por supuesto, antes usa su equipo de limpieza para deshacerse de la mayor cantidad de polvo posible, además de colocar un pequeño paño para así no apoyar el trasero en el árbol mismo. De más está decir que trajo solo para él, no para Uker.
A lado de sus pies deja una bolsa en la cual porta ciertos alimentos que ha recolectado de la naturaleza y piensa llevarse de vuelta al barco. Uker también recibió una bolsa, y seguramente la suya esté más llena. Kiyoshi, una vez se cansó, dejó de agacharse.
— Pareciera que fue ayer cuando abordamos juntos en Samba. Hemos avanzado tanto y el tiempo parece que se ha ido volando, ¿no te parece? — Es un buen dato que, de los cuatro sepultureros, estos dos son los que llevan más tiempo conociéndose y compartiendo. El resto de compañeros han cambiado, pero, al menos, ellos dos se han mantenido. — Te seré sincero, nunca desarrollé un vínculo muy firme con ellos, pero tu caso puede ser diferente. ¿No extrañas a los tontos de antes? Tú pasaste más tiempo a su lado. ¿Has sabido algo de ellos? — Kiyoshi desconoce qué tan profunda era la amistad entre ellos, pues en esa época seguía bastante reacio a relacionarse mucho más allá. Quizás estos momentos son propicios para enterarse de datos que, en su debido momento, escapaban de su comprensión e interés.
En cuanto al tipo que los vigila, Kiyoshi no se ha percatado de esto. No tiene cómo enterarse y considera que en un sitio tan inhóspito como este, encontrarse con alguien es casi imposible. Aun así, tiene su arma lista en la espalda en caso de necesitarla. No es solo en el Grand Line, sino que desde los Blues, siempre que sale de casa está armado. No confía en sus puños para garantizar seguridad para su persona, pero su rifle nunca lo ha decepcionado. — Me pregunto si Eros está bien. Me preocupa dejarlo solo tantas horas con su facilidad para meterse en problemas. Es bastante tonto e inocente a veces, ¿no lo crees?
![[Imagen: u2oxCl9.png]](https://i.imgur.com/u2oxCl9.png)
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