04-04-2026, 11:18 PM
Kelvin se encontraba sentado en una zona abierta, lejos de los curiosos que miraban con incredulidad, algunos con cierto temor, a alguien del tamaño de Kelvin. Algo bastante comprensible a decir verdad, dado que alguien de su raza, los gigantes, no solía verse por aquellas aguas, era un evento realmente fuera de lo común. Además, él portaba consigo un arma que se escapaba de lo normal, siendo además de mayor tamaño que el propio Nagumo.
Los ojos del grandullón escudriñaban el entorno, analizando cada detalle, cada movimiento de las ramas y hojas del césped. Las corrientes de viento le hablarían con su peculiar melodía de qué depararía el futuro, al menos en cuanto a climatología y navegación. Pues para cualquier navegante había dos fundamentos básicos, leer las estrellas, que le orientarían en el mar, y leer los climas, que le permitirían leer, y adelantarse, a catástrofes climáticas que pudieran destruir el barco y acabar con los compañeros que con él viajaran.
Debido a esa costumbre de vigilarlo todo, de controlar todo lo que le rodea, no era de extrañar que el joven Kelvin acabara por darse cuenta de cosas que de muchos otros escaparía de lo habitual, de su conocimiento siquiera, como si no existiera. Como la presencia de aquella muchacha que apareció posteriormente en la zona en la cual se encontraba el chico.
Parecía que ella también necesitaba el espacio, aunque quizás no fuera por las mismas razones que el chico, que ambos estuvieran en una zona tan apartada, y lejana a otras personas, decía que tenían bastantes cosas en común el uno con el otro. Aunque eso era demasiado deducir tan pronto.
⏵
⏵
