[P.R.] [Aventura Tier 2] Los Piratas Power Rangers: capítulo de venganza
#4
Nannet. Qué nombre de mierda, es lo primero que piensa. Nadie podría suponer que tales palabras habitan en su cabeza, pues instalada ha quedado en su boca una sonrisa pequeña y amable. Pero la mujer no le incomoda, ni el calor que comparte cuando se le pega al cuerpo. La gentileza artificial en su mirada cubre a la figura ajena, y no se desvanece ni por un momento, incluso en el segundo en el que una nueva presencia se encarga de hacerse notar.

¿No es maravilloso esto? Como si el mundo desease que de aburrimiento no muriese en ese lugar.

Coincidencias perfectas, aunque también extrañas.

Hacia el recién llegado lentamente sus ojos se elevan, atentos. Mitchi. Permiso no pide la mirada violeta para examinar la figura ajena. ¿Quién necesita pudor? La postura, la sonrisa, la forma en la que invade el espacio tan despreocupadamente… Negarlo sería mentir, y por mucho que un acto natural sea en ella, aceptará que disfruta lo que ve. Si no estuviera en una misión, marcar esa linda piel sería un objetivo más a cumplir esa noche. ¿Qué importaba si su “dueña” estaba junto a ellos? Así que no hay falsedad en el gesto que le regala al rubio. No es un artificio.

Sin embargo, existe algo raro.

Apenas un segundo se desvía su mirada hacia un detalle en su espalda. Un algo que sobresale, apenas un fragmento visible. Una funda. Un pequeño pensamiento conecta, y basta para que sus dedos se tensen ligeramente contra los de Nannet.

Cuán descortés es. Estar aparentemente armado y pretender que nadie lo notará, ¿no es maleducado de su parte? Mas por él puede fingir ser buena. Fingiendo que no quiere arrebatarle lo que ha visto. Un objeto tan llamativo, ¿Cómo no quererlo? ¿No lo estaba pidiendo a gritos acaso?

—Oh, vaya… —Un suspiro de alivio que no deja fuera la educación. —Qué alivio que haya aparecido. Empezaba a preocuparme por el estado de su… adorable pareja —Palabras que nunca diría, pero salen con naturalidad. —Una crisis asmática en medio de un evento como este es un peligro que desearía evitar, sobre todo con tan linda chica.

Y allí está la mentira: no le importa en lo más mínimo. ¿Podría alguien suponerlo? Si los dedos de la fémina se deslizan levemente sobre las manos de Nannet, en un gesto que busca transmitir consuelo.

—Lo que menos necesita esta señorita es estrés, ¿no lo cree? —Inclina un poco el rostro hacia el hombre, alzando además lo suficiente su ceja derecha. —Y, por lo que soy capaz de ver, usted no es precisamente la definición de “tranquilidad”.

¿No es eso encantador? Aunque por su papel actúe de manera distinta hacia su persona. Centrarse en la pelirrosa es lo importante, observar cómo el inhalador hace efecto. Calma en sus facciones, hasta que ese repentino apego llega. Imperceptible (o no), por un instante, sus ojos pierden brillo. Fastidio siente, y no la aparta. ¿De dónde ha sacado tanta confianza esta desconocida?

—Vamos. No volvamos esta situación más grande de lo que es —Un murmullo que nace de su boca con el volumen justo para que ambos escuchen. —No es de mi deseo es que ensucien su reputación —Otra mentira que suena como verdad. No tardan en dirigirse al rubio sus ojos, tan solo para medir sus gestos. —Aunque, ¿no está siendo usted ya lo suficientemente llamativo, caballero? —Condescendencia que oculta la burla filosa de sus palabras. —Y por las razones equivocadas.

Brevemente sus ojos bajan. Apuntan a la funda, antes de elevarse otra vez. Como si nada hubiera pasado, como si compartiesen un secreto.

De a poco, con delicadeza, una de sus manos se escabulle fuera del agarre de Nannet. Del todo su contacto no se ha roto. ¿No sería imprudente hacerlo tan brusco? Pero veamos el escenario ahora: una mano libre.

—Sea quedarse juntos, o mantenerse separados. Elijan lo que elijan, los ojos del resto les perseguirán —La curva en su boca reaparece, con una gentileza que no alcanza a sus ojos. —Pero puedo ayudarlos —Con naturalidad sus dedos se mueven, ansiosos. No son lentos en rozar la tela del abrigo del hombre tras ladearse hacia él, deseando asegurarse de que las palabras lleguen únicamente a sus oídos: —Usted se queda conmigo. Ella también.

En medio del susurro, la malicia brilla en sus ojos.

—Después de todo, sería terrible que alguien empezara a tirar comentarios incómodos. ¿No lo cree? —Los dedos se pasean con confianza por la tela, la acarician. —A usted, a alguien que ha venido tan preparado a una celebración como esta —Por encima del hombro sus ojos se posan. —Supongo que algunos prefieren no dejar sus juguetes lejos.

Es imposible para ella que sus dedos no intenten algo más. Un sutil movimiento. Insignificante. Robar atención no es suficiente, un recuerdo desea y lo busca en los bolsillos del contrario. Y así, se separa finalmente. Vuelve a la postura correcta, a la educada.

—Aunque… —No eleva demasiado su voz, lo justo para no ser considerada un murmullo—En un evento como este, lo más prudente sería evitar cualquier tipo de… malentendido —Por lo mismo, su mirar barre hacia un punto específico del salón. No tarda en encontrarlo, porque de vista no lo ha perdido completamente.

—Topón —lo nombra con una familiaridad que no le pertenece, pero por esa noche le ha sido concedida—¿Sería tan amable de ayudar al caballero? Me preocupa que alguien pueda sentirse… incómodo al notar ese tipo de objetos en un ambiente tan delicado —La sonrisa no cambia—Estoy segura de que sabrá mantenerlo a buen resguardo.

Sería la segunda vez en la noche que lo hiciese, ¿verdad?

—Por ahora, la señorita se quedará conmigo —Curioso que una orden tan amable se escuche, ¿verdad? —Necesita observarse unos minutos más. No me gustaría que su estado empeore por estímulos innecesarios —Si no fuese por la seriedad de sus palabras, al instante se notaría la diversión que pulula en sus ojos. ¿No es justo el acercarse tanto a la pareja de esta mujer una acción que la alteraría? —Y este no es un buen lugar, ¿sabe? Hay demasiado ruido y poca privacidad.

Con gente llegando y llegando. Más ojos observándolos.

—¿Me ayudaría entonces? —A Mitchi la pregunta va dirigida, pero sus ojos se han vuelto a centrar en Nannet. —¿Le parece correcto si nos movemos? —Fugaz, su mirada se posa hacia la escalera. Lugar donde, minutos antes, vio desaparecer algo suyo. —Cerca de la escalera es más tranquilo y el personal de la casa suele mantenerse atento por esa zona. Si su condición vuelve a empeorar… —Una pausa—Será fácil ayudar.

Al final, este drama es mucho más interesante que cualquier fiesta.

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RE: [P.R.] [Aventura Tier 2] Los Piratas Power Rangers: capítulo de venganza - por Yuqi - 05-04-2026, 06:40 PM

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