05-04-2026, 10:02 PM
Las historias de vida pueden llegar a ser bastante complejas dependiendo del prisma con el que se las mire. Y es por eso que ella, un tanto sorprendida y por la situación, no puede evitar mirar a su compañero con un poco de pesar.
—Así que has estado sufriendo de migrañas todo este tiempo...
No es necesario preguntarle si ha ido al médico o se ha hecho tratar, porque es obvio que lo habría intentado y no hallaron una solución que pudiese aliviar ese dolor, no una solución sencilla, al menos. Aún así, esa latente preocupación por su bienestar no deja de ser real en su propio semblante. Sabe a la perfección que no se trata de lástima, mucho menos de pena; ese dolor es solo una prueba de que está haciendo todo lo posible por vivir a pesar de todo lo que lleva encima.
Es bastante loable si uno se pone a pensar.
—Entiendo —Su respuesta nace de la más tranquila de las resignaciones—. ¿Tienes algún método paliativo que te ayude a soportarlo con mayor facilidad? ¿Hay alguna indicación que se deba tener en cuenta a la hora de pasar por ese tipo de episodios? Porque no es sencillo, y estoy preocupada.
Preocupada y enojada al mismo tiempo. Es terrible que haya tenido que cargar con eso porque no ha podido cuidarse. No se sabe si es un dolor producido por factores físicos o procesos de trauma. Al menos, ella no tiene idea al respecto. Pero lo que sí sabe, y lo sabe muy bien, es que hará todo lo posible por ayudarle a aliviar esa carga, o al menos, tendría que intentarlo. Tal vez, y solo tal vez, podría estudiar algo de medicina para ayudar en el barco, y al resto de sus compañeros.
Quiere decir algo más, pero cuando llegan con lo pedido y escucha la conversación de ambos, vuelve a abrir los ojos un poquito más… ¿Acaso piensa que están saliendo? No quiere volver a sonrojarse. Mantiene un semblante tranquilo.
«Que me fusilen antes de hacerla sufrir».
Saint George, eres todo un bendito caso.
—¿En verdad has estado por un tiempo aquí? Entonces tengo que agradecerle al dueño de este lugar —La sonrisa de la dama es genuina, aún en su picardía—. Han cuidado muy bien al grandioso chico que tengo delante, ¿verdad?
Una pequeña carcajada nace de su garganta, en contraste con la seriedad que siempre la ha caracterizado.
—Pero bueno… Volviendo al asunto… No vuelvas a decir que fastidias nada, ¿de acuerdo? Es algo que tú no puedes controlar, y quiero que tengas esto presente. La próxima vez que te sientas mal, me lo dices, antes de que el cuadro empeore y vuelvas a hacerte daño.
—Así que has estado sufriendo de migrañas todo este tiempo...
No es necesario preguntarle si ha ido al médico o se ha hecho tratar, porque es obvio que lo habría intentado y no hallaron una solución que pudiese aliviar ese dolor, no una solución sencilla, al menos. Aún así, esa latente preocupación por su bienestar no deja de ser real en su propio semblante. Sabe a la perfección que no se trata de lástima, mucho menos de pena; ese dolor es solo una prueba de que está haciendo todo lo posible por vivir a pesar de todo lo que lleva encima.
Es bastante loable si uno se pone a pensar.
—Entiendo —Su respuesta nace de la más tranquila de las resignaciones—. ¿Tienes algún método paliativo que te ayude a soportarlo con mayor facilidad? ¿Hay alguna indicación que se deba tener en cuenta a la hora de pasar por ese tipo de episodios? Porque no es sencillo, y estoy preocupada.
Preocupada y enojada al mismo tiempo. Es terrible que haya tenido que cargar con eso porque no ha podido cuidarse. No se sabe si es un dolor producido por factores físicos o procesos de trauma. Al menos, ella no tiene idea al respecto. Pero lo que sí sabe, y lo sabe muy bien, es que hará todo lo posible por ayudarle a aliviar esa carga, o al menos, tendría que intentarlo. Tal vez, y solo tal vez, podría estudiar algo de medicina para ayudar en el barco, y al resto de sus compañeros.
Quiere decir algo más, pero cuando llegan con lo pedido y escucha la conversación de ambos, vuelve a abrir los ojos un poquito más… ¿Acaso piensa que están saliendo? No quiere volver a sonrojarse. Mantiene un semblante tranquilo.
«Que me fusilen antes de hacerla sufrir».
Saint George, eres todo un bendito caso.
—¿En verdad has estado por un tiempo aquí? Entonces tengo que agradecerle al dueño de este lugar —La sonrisa de la dama es genuina, aún en su picardía—. Han cuidado muy bien al grandioso chico que tengo delante, ¿verdad?
Una pequeña carcajada nace de su garganta, en contraste con la seriedad que siempre la ha caracterizado.
—Pero bueno… Volviendo al asunto… No vuelvas a decir que fastidias nada, ¿de acuerdo? Es algo que tú no puedes controlar, y quiero que tengas esto presente. La próxima vez que te sientas mal, me lo dices, antes de que el cuadro empeore y vuelvas a hacerte daño.
