[Fic Recolección-Fabricación] [P.R] Trabajar antes que gastar
#1
Día 90 de Verano, Año 17


— Bueno, toca trabajar. — Y es que no todo en esta vida es quedarse dentro del barco a descansar, o dormir en una posada que previamente pague, como hizo en Drum. Atrás quedaron sus dedeos de establecerse formalmente en una isla y recuperar su vida como civil. Con el paso de los días y, de las islas, su mente fue aclarándose en cuanto a lo que quiere hacer. Ya está más seguro del camino elegido y se siente más cómodo con la vida de pirata. Ya no es tan sensible como antes, no busca esconderse, fingir que no es lo que es actualmente. Todo quedó atrás. Además, consideremos que, actualmente, se encuentra en una isla gobernada por piratas. Si bien hay sociedad, hay que entender que siempre imperará la ley del más fuerte. Por mucho que los Piratas de la Sepultura sean fuertes, siguen siendo solo cuatro. Quieran o no, en campo enemigo, se encuentran en desventaja. Por este motivo es que Kiyoshi decide hacer todo lo posible para fortalecerlos y cuidarlos. Entrenar no es la única forma de mejorar, pues antes que pirata, él es médico, y eso siempre será así.

Hace buen día, como es habitual en Jaya. Sol, aunque no tan fuerte, lo que tranquiliza al pelinegro. Si hubiera una temperatura desesperante, probablemente pospondría este pequeño viaje de unos cuantos días. — No sé cuándo volveré. No me esperen. — Aquellas son las últimas palabras que los residentes del Black Widow escucharían por parte de Kiyoshi en varios días. Eso sí, siempre va armado, pues confiarse en el Grand Line es un pecado que puedes pagar con tu propia vida. Si algo no ha cambiado en Kiyoshi es que sigue siendo el mismo precavido de siempre. Lo que más resalta es el enorme rifle que carga en la espalda, el cual ya hace mucho dejó de ocultar en un bolso oscuro como hacía en las islas del South Blue. Eso le da más aura de pirata, ¿no les parece?

El traje ha quedado atrás, sobre todo desde Arabasta, pues el sudor también es molesto para un tipo que tiene la higiene siempre como su principal prioridad. Un traje casi que deportivo, de color amarillo, chaqueta incluida. Debajo, una camiseta blanca de manga corta. Hoy está de cacería y de recolección, no de médico. Es alguien que sabe separar las cosas; aquí lo demuestra. Aparte de ello, en la mano diestra carga un pequeño maletín repleto de artículos de aseo y algunas bolsas en las que guardar todo aquello que se encuentre. También trae consigo una delgada manta que puede servirle de abrigo en las noches que pase a la intemperie.

Jaya no ha resultado ser una isla realmente cómoda para paseos, al menos para alguien como Kiyoshi que no se caracteriza por ser un portento físico. Con las altas crestas y barrancos profundos, un paso mal dado, una caída y adiós mundo cruel. Kiyoshi lo sabe, y por eso avanza lento. En lo que camina, recuerda a sus compañeros, actuales y antiguos, incluso a la gente que conoció en el South Blue y dejó atrás. Nunca ha pensado en si algún día regresará, o cómo podría hacerlo. Quizás jamás vuelva a casa, ni se reencuentre con su querido mayordomo. ¿Acaso deberá olvidarse del viejo Kiyoshi en un 100 %? Cuesta creerlo.

Hoy, busca hierbas curativas y cuero. Para lo primero, sigue rastros de humedad, pues dar con lugares que presenten esa característica, cerca del agua, y con sombra, le permitirá encontrarse con distintas plantas que puedan ayudarle a crear los implementos que luego ayudarán a los suyos. Sin embargo, esta pista lo lleva hasta un barranco del cual resbala por pisar mal —y no llevar su calzado habitual, buscando acostumbrarse a uno más nuevo—. Mientras cae, ve su vida pasa por frente a sus ojos. — Este es el fin. — Piensa. — Soy un tonto. — Se remarca. Pero nada sucede. O sea, sí. Cae en un pequeño lago el cual no es tan profundo, pero sí lo suficiente como para no romperse los huesos. Al no tratarse de agua de mar, sus poderes de fruta del diablo no le han jugado una mala pasada. Además, sus pies tocan el fondo e incluso sus hombros quedan por sobre el nivel del agua. Ni siquiera debe nadar, simplemente camina hasta llegar a la orilla. Desafortunadamente, debido a las montañas que hay rodeando el lago, no llega directamente el sol, por lo que su ropa tardará una buena cantidad de horas en secarse. — Bueno, pudo ser peor. — ¿Desde cuándo es tan optimista? Parece que a sus casi 30 años está madurando un poco, o, al menos, dejando atrás esa personalidad tan apagada y acercada a la muerte.

Dicen que algunos ven el vaso medio vacío; y otros, medio lleno. Como dijimos antes, lugares húmedos y con sombra son perfectos para encontrar plantas, y tras caminar un poco para que el ejercicio le ayude a entrar en calor, da con ciertas plantas tipo analgésicas, las cuales en apariencia se destacan por tener hojas grandes y carnosas. — Debe ser obra del tonto destino. — Desde su maletín, el cual no está mojado por dentro debido al material del que fue construido, saca una bolsa especial en la que empieza a guardar las plantas que cuidadosamente corta desde el piso, ayudándose con un pequeño bisturí médico perfectamente afilado.

Luego, desciende la mascarilla que habitualmente porta para así captar mejor los olores. Las siguientes plantas que son buscadas tienen la característica de tener un olor fuerte y amargo. No es del gusto de Kiyoshi, pero de tantos años siendo médico, ya está acostumbrado. Estas tienden a ser hierbas antibacterianas, útiles para distintas cosas. Kiyoshi siempre llega a una nueva isla desconociendo totalmente su entorno, sociedad, ambiente, todo. Y, hasta ahora, ha visto que cada detención les enseña un panorama totalmente distinto al anterior, por lo que confiarse no está permitido. Como médico de la tripulación debe estar listo para todos.

Por último, musgos curativos son los que busca debido a la utilidad que poseen para detener el sangrado. Ya visto en Uker lo peligroso que puede ser un espadachín, por lo que no se puede descartar que haya más como él en cada rincón. Por lo mismo, prepararse para curar cortes es algo básico. Debido a la propiedad del musgo, características y demás, utiliza doble par de guantes desinfectantes antes de tomarlos, pues por nada del mundo sujetará algo pegajoso o similar. Es curioso es que un médico sea tan sensible con este tipo de cosas, pero la higiene prevalece en todo ámbito. Nunca olviden eso.

Ahora, ya con las hierbas recolectadas, lo que falta es el cuero. Para esto, es necesario dar con un animal acorde. — ¿Tan difícil va a ser? — No nos confundamos. No es que no haya dado con ninguna bestia que le sirva, sino que busca alguna que sea relativamente sencilla de matar. Aún desconfía de su capacidad de batirse con animales de gran tamaño que representen mucho peligro, por lo que, como es habitual desde sus tiempos en el South Blue, espera a dar con el adecuado. Lo malo es que ya van tres días desde que abandonó su barco y aún sigue sin dar señales de regresar. Su ropa ya está seca luego de tanto tiempo, y en su rostro ya es evidente el cansancio debido a las noches de mal sueño. Dormir en el suelo fue una costumbre al comienzo de su estadía en Little Garden, pero luego, en Drum y Arabasta, recuperó la sensación de lo que es dormir más cómodo. Lamentablemente aquí, en medio de la nada, no hay camas cómodas ni nada por el estilo.

— Espera, tú sí puedes servir… — Ante sus ojos, a unos treinta metros de distancia, yace un animal de unos 30 kilos, buen pelaje y correcto lomo. Cualquiera puede creer que los separa una buena cantidad de metros, sobre todo si tomamos en cuenta la cantidad de árboles y rocas que hay por todo el campo. Sin embargo, estamos en presencia de un auténtico francotirador. En otras cosas no, pero en apuntar y jalar el gatillo, Kiyoshi cuenta con una confianza envidiable.

Toma el rifle en su espalda, el cual carga con la munición más básica de todas, mas no la menos letal. Después de todo, no busca daño explosivo ni brutal, solo el preciso para derribar a la bestia y así quitarle la vida con el menor dolor posible. Kiyoshi no es de aquellos que sienta lástima por la vida de un animal de caza, así que no esperen esa clase se sentimiento o duda en él. Es un tipo que se apega siempre a la lógica, a lo que dicen los libros, a como ordenan las reglas, no a los sentimientos.

— Respira, mantén la calma, observa. — No debe apresurarse, no hay razón. El animal está quieto, tranquilo, con el hocico ocupado al alimentarse de una presa que casó. Y es que así funciona esto, todos devoran a otros con tal de sobrevivir. Quizás, así mismo le pase a Kiyoshi en el futuro, pero trabaja y mejora para reducir las posibilidades de que eso suceda. ¿Será capaz? Solo el tiempo lo dirá.

Primer disparo, la bala sale directa, pero falla. El animal corre, Kiyoshi lo sigue. Le cuesta seguirle el paso, pero lo logra. Esto le sorprende, pues no es consiente del incremento de capacidad física que ha tenido los últimos meses. Aún no recula en que ya no es el Kiyoshi que se la pasaba la mayor parte del tiempo encerrado en casa debido a su enfermedad y su miedo de enfrentarse al mundo, sino que es un pirata que va de aquí para allá para ganarse la vida, vivir una aventura y luchar por alcanzar sus sueños. De hecho, antiguamente, su debilidad era la de disparar en movimiento. Ahí, su puntería se veía notablemente perjudicada. Ahora, eso no es así. Moviéndose audazmente, logra poner en la mira de su rifle el animal que, despavorido, escapa por su vida. — Solo apunta y dispara. No lo pienses. Confía en tu capacidad. Cree en ti. Hazlo, Kiyoshi. Solo hazlo. — Tras darse ánimos a sí mismo, una nueva bala escapa de su arma. Ahora sí, el proyectil impacta en un punto crítico de la bestia, y esta cae. En un principio, sigue con vida. Pasados unos minutos, y tras intentar arrastrarse por el suelo para aferrarse a la vida, muere. — No fui lo suficientemente letal. Fallé por unos milímetros en dónde debía impactar. Por eso sufrió. — Aunque, siendo sinceros, no le importa demasiado. Más que preocuparle el sufrimiento de la víctima, le preocupa su falta de capacidad. Hoy, estuvo en una posición ventajosa en donde el blanco solo escapaba y no se le pasó por la cabeza enfrentarlo. En el futuro, tal vez en uno no tan lejano, deba enfrentarse con un ser pensante que sí le irá de frente con la intención de matarlo. Ahí no podrá fallar al apuntar, y ese es un pensamiento que se mete en la cabeza.

Ya con el animal muerto, coloca una mantita en el suelo, a su lado, y se arrodilla sobre ella. Con los guantes puestos y un equipo de corte bien preparado, comienza a cortar y extraer su cuero, el cual le servirá para crear esas vendas que irán en conjunto con las hierbas de antes. Todo, trabajando en equipo, podrá generar un material médico bastante útil. Es tal como una tripulación pirata. Por separado, sus integrantes son fuertes, eso no se duda, pero es cuando se lucen en equipo que realmente sale a relucir todo su potencial.

Tras encargarse de guardar todo en bolsas debidamente clasificadas e identificadas, y dentro del maletín que ya cuesta cerrar debido a lo mucho que tiene dentro, Kiyoshi se dedica caminar y regresar al puerto en donde está su barco. Podría descansar un rato, pero prefiere regresar pronto y dormir como se debe. Aquí en el exterior solo le servirá para un rato, nada más. Además, no está tan cansado como esperaría.

Aplicando un salto de tiempo, Kiyoshi ya se encuentra encerrado en su salón particular dentro del barco. No es su habitación, sino una sala equis que le han dado para así trabajar. No está equipada, pues solo es una improvisación, pero con dos mesas y una silla le basta. Cuando alguien golpea la puerta para entrar, él simplemente los echa. — No molesten, tontos. Necesito máxima concentración aquí.

Las hierbas son hervidas, así que le robó el equipo para eso a Uker, quien lo tenía en la cocina. Ya luego se lo devuelve, él sabe. Kiyoshi, cuando trabaja, es un poco egoísta. Trae todo para él, al menos los resultados lo avalan. El cuero lo corta y pule bastante, utilizando ciertos implementos que compró en una tienda de Jaya antes de realizar este pequeño paseo de recolección que duró días. Así, crea una venda propiamente tal, la cual ya no tiene el olor del animal muerto, ni ningún rastro de sangre o algo similar que pueda provocar una infección. Luego, impregna las hierbas hervidas, seleccionadas debidamente, especialmente el musgo, en la venda. Lo hace con cuidado, esta vez sin guantes, pero con manos perfectamente limpias. A pesar de la presencia de callos en las mismas, se ven bastante pulcras y suaves debido a lo mucho que las cuida. Una vez hecho, deja reposar el vendaje durante un día completo en un lugar fresco. Así, al día siguiente, lo envuelve correctamente y empaqueta de tal forma que, al momento de requerirlo, puede usarse con facilidad. Y es que no solo se debe buscar efectividad para tratar una herida, sino que también que sea sencillo de ocupar. Puede que él no esté presente, pero sí tengan la venda alguno de los suyos y requieran aplicarla. La idea es que también sean capaces.

Kiyoshi siempre piensa en los suyos. Ahí, no es egoísta.

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[Fic Recolección-Fabricación] [P.R] Trabajar antes que gastar - por Kiyoshi Maeda - 06-04-2026, 03:14 AM

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