06-04-2026, 02:52 PM
Acabar con la vida de un enemigo no era algo que ella hiciera realmente. Para empezar, Yuuki no era capaz de guardar tanto rencor como para querer extinguir la vida de otra persona... lo que era curioso para alguien que usaba pistolas como armas. Las palabras de la peliverde resuenan, sin embargo, en su cabeza. La pelirrosa mantendría el arma firme, apuntando al herido que estaba de pie, el de la espada, que ahora parecía estar bastante callado y empezaba a tomarse más que en serio lo que estaba pasando. Después de todo, la mujer del tridente había segado ya la vida de uno de los suyos.
—Dispara entonces... —Dijo el hombre para romper el silencio en el que Yuuki se había sumido luego de oír a su extraña aliada—. Si tienes más tiros en esa pistola. Adelante. ¿Porqué dudas?
Yuuki suspiraría y mientras tenía la espalda contra la pared, hizo uso de sus piernas para levantarse, sosteniendo el arma en alto todo el tiempo. Sus ojos, con el entrenamiento de Yuuki, no se movían del objetivo un solo segundo. Sabía que retirar la mirada sería un error grave. Así que respondió a la otra mujer como si pareciera que hablaba con el maleante que le había causado las heridas que tenía ahora.
—Prefiero que sepan que no es bueno meterse conmigo. Me iré de esta isla en algún momento y si mi nombre y hazañas pueden ser recordadas, aunque sea por mis rivales, me basta. Hemos venido al mundo a ser libres. Y para ser libres hay que estar vivos. No puedo arrebatarle a alguien su libertad mientras busco la mía. No está... bien...
Se sonrojó un poco, de vergüenza, por lo que decía. Era un discurso lastimero y bastante patético cuando lo pensaba y repasaba lo que había dicho. ¿Qué clase de persona que se valoraba a sí misma en un mundo de delincuentes se ponía a hablar de ideales y principios? Para empezar, ella era una estafadora y no tenía derecho para hablar de esa manera. Sin embargo lo hacía. Porque el que fuera una criminal y una estafadora solo habían sido consecuencias de sus acciones, el que ansiara la libertad era su sueño. Y por más patética e hipócrita que pareciera, se arrepentiría más de no ser fiel a sí misma y a ese código que fue construyendo por sus propios medios.
Movió entonces el objetivo de su revólver y disparó en la mano del sujeto, haciendo que soltara la espada y luego dio otros dos tiros al hombre del garrote que estaba detrás, apuntando a su canilla derecha. Daría en el objetivo con la mano del espadachín y con uno de los disparos en la canilla. El tercero fallaría su objetivo. Yuuki luego bajó el arma y con la mano libre, aún lastimada, aferró a la mujer de la ropa.
—Por favor. Déjalos. Mejor sácame de aquí, ¿Quieres? Te pago las molestias si quieres. Pero ya reclamaste una vida. Es suficiente...
Habló lo suficientemente alto para que los otros dos la escucharan. Podría esperarse que quisieran atacar nuevamente al ver que Yuuki estaba sin munición en la recámara del revólver, pero ante la amenaza del tridente, ya estaban buscando retirarse.
—Dispara entonces... —Dijo el hombre para romper el silencio en el que Yuuki se había sumido luego de oír a su extraña aliada—. Si tienes más tiros en esa pistola. Adelante. ¿Porqué dudas?
Yuuki suspiraría y mientras tenía la espalda contra la pared, hizo uso de sus piernas para levantarse, sosteniendo el arma en alto todo el tiempo. Sus ojos, con el entrenamiento de Yuuki, no se movían del objetivo un solo segundo. Sabía que retirar la mirada sería un error grave. Así que respondió a la otra mujer como si pareciera que hablaba con el maleante que le había causado las heridas que tenía ahora.
—Prefiero que sepan que no es bueno meterse conmigo. Me iré de esta isla en algún momento y si mi nombre y hazañas pueden ser recordadas, aunque sea por mis rivales, me basta. Hemos venido al mundo a ser libres. Y para ser libres hay que estar vivos. No puedo arrebatarle a alguien su libertad mientras busco la mía. No está... bien...
Se sonrojó un poco, de vergüenza, por lo que decía. Era un discurso lastimero y bastante patético cuando lo pensaba y repasaba lo que había dicho. ¿Qué clase de persona que se valoraba a sí misma en un mundo de delincuentes se ponía a hablar de ideales y principios? Para empezar, ella era una estafadora y no tenía derecho para hablar de esa manera. Sin embargo lo hacía. Porque el que fuera una criminal y una estafadora solo habían sido consecuencias de sus acciones, el que ansiara la libertad era su sueño. Y por más patética e hipócrita que pareciera, se arrepentiría más de no ser fiel a sí misma y a ese código que fue construyendo por sus propios medios.
Movió entonces el objetivo de su revólver y disparó en la mano del sujeto, haciendo que soltara la espada y luego dio otros dos tiros al hombre del garrote que estaba detrás, apuntando a su canilla derecha. Daría en el objetivo con la mano del espadachín y con uno de los disparos en la canilla. El tercero fallaría su objetivo. Yuuki luego bajó el arma y con la mano libre, aún lastimada, aferró a la mujer de la ropa.
—Por favor. Déjalos. Mejor sácame de aquí, ¿Quieres? Te pago las molestias si quieres. Pero ya reclamaste una vida. Es suficiente...
Habló lo suficientemente alto para que los otros dos la escucharan. Podría esperarse que quisieran atacar nuevamente al ver que Yuuki estaba sin munición en la recámara del revólver, pero ante la amenaza del tridente, ya estaban buscando retirarse.

![[Imagen: o32YH2T.png]](https://i.imgur.com/o32YH2T.png)