08-04-2026, 03:24 AM
Han llegado muy lejos, ¿no lo crees, Yuuki? ¿Por qué detenerse ahora, en el clímax del espectáculo? No hay respuesta que la peliverde pueda entender. O quiera, mejor dicho. De su rostro tus palabras borran su alegría, la deforman en una mueca incrédula. Y lo ves a la perfección, ¿verdad? Esa pequeña molestia que, fugaz, se transforma en burla.
¿Esto es todo? ¿En serio?
Extrañamente el arma no baja. Todo lo contrario, el tridente se balancea peligroso en su mano. La más pequeña de todos no ha perdido de vista al que ha atacado antes, tampoco al que ha sido el líder de la pequeña emboscada hacia la de cabellos rosas. Alterna su mirar, tal como lo hacen las puntas del objeto que porta.
—Si no hubiera llegado, ¿qué tan libre hubieras sido, Yuuki? —Cuestiona, sin disimular el filo de sus palabras. Es obvia la respuesta para todos, ¿lo será también para la contraria? Porque su tonto discurso deja en evidencia otra cosa: ideales que dan risa. —Piensa en esto como cuidar de ti…
Como deshacerse de los problemas por completo. La cazadora no poseía la costumbre de dejar enemigos por ahí para que volvieran otro día. Más valía prevenir que lamentar, o morir. No es muy complicado de entender, Yuuki. Inicias bien al disparar, al hacerlos retroceder y dudar.
Pero ¿es suficiente?
La sonrisa vuelve al rostro de la cazadora, más alegría no carga. Ese gesto un escalofrío causaría a cualquiera. —Está bien, los dejaré ir, pero antes elige un número —Inocente parece pedir, aún sin perder la vista al líder de aquel… ¿dúo? La sangre surgiendo de su mano, el arma caída. Aún duda. —Quiero contar para tranquilizarme…
Un ejercicio estúpido, uno que nunca ha practicado. Por supuesto, tampoco lo practicará hoy, del mismo modo que no lo hace el del arma caída. Hacia las dos se abalanza en un torpe movimiento, dejando un rastro rojizo detrás de él.
¿No hemos hablado ya de lo malo de la impaciencia? Entonces, profundicemos en las consecuencias también. La humana no ha tardado en deshacerse del agarre de su vestimenta de un pequeño manotazo y atacar con las puntas del tridente a la mano anteriormente dañada por su nueva amiga. No hace falta demasiada fuerza cuando el camino ya ha sido abierto por el dolor, solo basta un poco de intención y un giro.
Un grito, antes de que algo caiga con un sonido seco.
¿Qué es eso en el suelo, Yuuki?
—Ahora sí que va a tener problemas para agarrar cosas… —Murmura casi que ingenua, como si realmente no hubiese esperado ese resultado. Sin embargo, ¿no la delata el brillo en sus ojos? No puede disimularlo. No ahora. —Pero al menos es libre, como querías.
Como ella misma pidió: con vida.
¿Te gusta ese resultado, Yuuki? ¿Sí? Es parte de la lección, lo más importante de las historias.
—No es necesario que pagues, considéralo un favor.
Aunque, ¿cuán seguro es confiar en lo que dice esta mujer?
¿Esto es todo? ¿En serio?
Extrañamente el arma no baja. Todo lo contrario, el tridente se balancea peligroso en su mano. La más pequeña de todos no ha perdido de vista al que ha atacado antes, tampoco al que ha sido el líder de la pequeña emboscada hacia la de cabellos rosas. Alterna su mirar, tal como lo hacen las puntas del objeto que porta.
—Si no hubiera llegado, ¿qué tan libre hubieras sido, Yuuki? —Cuestiona, sin disimular el filo de sus palabras. Es obvia la respuesta para todos, ¿lo será también para la contraria? Porque su tonto discurso deja en evidencia otra cosa: ideales que dan risa. —Piensa en esto como cuidar de ti…
Como deshacerse de los problemas por completo. La cazadora no poseía la costumbre de dejar enemigos por ahí para que volvieran otro día. Más valía prevenir que lamentar, o morir. No es muy complicado de entender, Yuuki. Inicias bien al disparar, al hacerlos retroceder y dudar.
Pero ¿es suficiente?
La sonrisa vuelve al rostro de la cazadora, más alegría no carga. Ese gesto un escalofrío causaría a cualquiera. —Está bien, los dejaré ir, pero antes elige un número —Inocente parece pedir, aún sin perder la vista al líder de aquel… ¿dúo? La sangre surgiendo de su mano, el arma caída. Aún duda. —Quiero contar para tranquilizarme…
Un ejercicio estúpido, uno que nunca ha practicado. Por supuesto, tampoco lo practicará hoy, del mismo modo que no lo hace el del arma caída. Hacia las dos se abalanza en un torpe movimiento, dejando un rastro rojizo detrás de él.
¿No hemos hablado ya de lo malo de la impaciencia? Entonces, profundicemos en las consecuencias también. La humana no ha tardado en deshacerse del agarre de su vestimenta de un pequeño manotazo y atacar con las puntas del tridente a la mano anteriormente dañada por su nueva amiga. No hace falta demasiada fuerza cuando el camino ya ha sido abierto por el dolor, solo basta un poco de intención y un giro.
Un grito, antes de que algo caiga con un sonido seco.
¿Qué es eso en el suelo, Yuuki?
—Ahora sí que va a tener problemas para agarrar cosas… —Murmura casi que ingenua, como si realmente no hubiese esperado ese resultado. Sin embargo, ¿no la delata el brillo en sus ojos? No puede disimularlo. No ahora. —Pero al menos es libre, como querías.
Como ella misma pidió: con vida.
¿Te gusta ese resultado, Yuuki? ¿Sí? Es parte de la lección, lo más importante de las historias.
—No es necesario que pagues, considéralo un favor.
Aunque, ¿cuán seguro es confiar en lo que dice esta mujer?
