08-04-2026, 09:53 AM
Estaba de acuerdo con ella. Andar desnudándose era un mal hábito, pero se preguntaba cómo una persona podía adquirir una hábito tan extremo como ese… Igualmente no podía juzgarla, cada quien tenía sus rarezas y él no era una excepción, no era raro que al marcharse de alguna zona no llevara algún objeto en la mano, a veces robaba sin darse cuenta, y por suerte eran cosas pequeñas o de poco valor, pero igualmente era robar.
Mientras le abotonaba la camisa escuchaba las palabras de la joven Kagura, o Kagurita, como la llamaba cuando era pequeña, aunque viendo la diferencia de altura entre ambos probablemente no pasaría nada si la volvía a llamar de esa forma, pero tampoco quería que se ofendiese. Cuando ella le preguntó si estaba bien, este la miró y le dedicó una sonrisa, para después asentir. No pasó más de un segundo cuando noto la mano de Kagura sobre su pectoral, apretándolo un poco. Se sonrojó de inmediato, pero tampoco se atrevió a regañarla. ¡Esta chica era demasiado atrevida!
Cuando la muchacha dijo que no es que le gustase andar desnuda, Jesse asintió con la cabeza, pero lo que realmente pensaba era que intentará contener ese mal hábito, pero claro, él tampoco controlaba el de robar, por lo que no era quien para juzgar, y en cualquier caso ella no hacía daño a nadie… Bueno, a punto estuvo de estamparse contra el suelo de no haber estado él debajo, pero le complacía ser su ángel de la guarda.
Levantó la cabeza cuando la chica señaló que el vestido había quedado en el árbol, claramente tenía que recuperarla, pero al menos Kagura ya no estaba en ropa interior, aunque solo la cubriera su camisa. Sin embargo ella explicaba que le pasaba muchas veces que de repente se quedaba en ropa interior que era como una enfermedad o vicio.
– Bueno, yo también tengo por costumbre llevarme cosas de personas o sitios que no me pertenecen. Creo que tengo esa mala costumbre desde niño. – Le dedicó una sonrisa. – Y no es que me causes problemas, es solo que no estoy acostumbrado a que me caigan chicas desnudas del cielo, o en este caso, de un árbol. – Le guiñó un ojo junto con una sonrisa seductora que no pudo reprimir. – Me alegro de haber evitado que te hicieras daño. – Le aseguró.
Sin pensarlo tomó las manos de ella apretándolas suavemente.
– Me alegro de verte de nuevo, Kagurita. – Le dedicó una amplia sonrisa, mostrando sus blancos dientes.
Lo cierto es que tenían que pensar como bajar el vestido de ella del árbol, pero consideraba que no era buena idea que ella volviera a subir…
– ¿Y si te cargo a los hombros para que cojas tu vestido y después nos ponemos al día? – Le ofreció.
No estaba seguro de si era buena idea, pero mejor que el hecho de que ella subiera y se volviera a caer.
Algo debían hacer…
Mientras le abotonaba la camisa escuchaba las palabras de la joven Kagura, o Kagurita, como la llamaba cuando era pequeña, aunque viendo la diferencia de altura entre ambos probablemente no pasaría nada si la volvía a llamar de esa forma, pero tampoco quería que se ofendiese. Cuando ella le preguntó si estaba bien, este la miró y le dedicó una sonrisa, para después asentir. No pasó más de un segundo cuando noto la mano de Kagura sobre su pectoral, apretándolo un poco. Se sonrojó de inmediato, pero tampoco se atrevió a regañarla. ¡Esta chica era demasiado atrevida!
Cuando la muchacha dijo que no es que le gustase andar desnuda, Jesse asintió con la cabeza, pero lo que realmente pensaba era que intentará contener ese mal hábito, pero claro, él tampoco controlaba el de robar, por lo que no era quien para juzgar, y en cualquier caso ella no hacía daño a nadie… Bueno, a punto estuvo de estamparse contra el suelo de no haber estado él debajo, pero le complacía ser su ángel de la guarda.
Levantó la cabeza cuando la chica señaló que el vestido había quedado en el árbol, claramente tenía que recuperarla, pero al menos Kagura ya no estaba en ropa interior, aunque solo la cubriera su camisa. Sin embargo ella explicaba que le pasaba muchas veces que de repente se quedaba en ropa interior que era como una enfermedad o vicio.
– Bueno, yo también tengo por costumbre llevarme cosas de personas o sitios que no me pertenecen. Creo que tengo esa mala costumbre desde niño. – Le dedicó una sonrisa. – Y no es que me causes problemas, es solo que no estoy acostumbrado a que me caigan chicas desnudas del cielo, o en este caso, de un árbol. – Le guiñó un ojo junto con una sonrisa seductora que no pudo reprimir. – Me alegro de haber evitado que te hicieras daño. – Le aseguró.
Sin pensarlo tomó las manos de ella apretándolas suavemente.
– Me alegro de verte de nuevo, Kagurita. – Le dedicó una amplia sonrisa, mostrando sus blancos dientes.
Lo cierto es que tenían que pensar como bajar el vestido de ella del árbol, pero consideraba que no era buena idea que ella volviera a subir…
– ¿Y si te cargo a los hombros para que cojas tu vestido y después nos ponemos al día? – Le ofreció.
No estaba seguro de si era buena idea, pero mejor que el hecho de que ella subiera y se volviera a caer.
Algo debían hacer…
