09-04-2026, 10:18 PM
El suelo seguía sintiéndose frío contra su cuerpo, demasiado frío para alguien que hacía apenas unos segundos estaba en medio de un combate brutal. Sigrid no se movía. No porque no quisiera, sino porque simplemente no podía. Sus músculos no respondían, su respiración era débil y pesada, y por un instante muy real, muy crudo pensó que ese era el final. La idea cruzó su mente con una calma extraña, impropia de ella, pero sus ojos no se cerraron, se negaron. Algo dentro de ella, terco, profundamente terco, no dejó que lo hicieran.
Y entonces sintió una bofetada, seca y directa. Su cabeza giró apenas por el impacto y el mundo volvió de golpe, como si alguien la hubiera arrancado de ese borde invisible al que estaba a punto de caer. —¿Huh? — Antes de poder reaccionar del todo, sintió algo más, algo entrando en su boca, tragó sin pensarlo, no lo cuestionó y apenas ese pequeño objeto duro, extraño, como un frijol descendió por su garganta, el cambio fue inmediato, no fue una recuperación completa, no fue magia instantánea, pero fue suficiente.
El aire volvió a entrar con más fuerza, el corazón respondió y sus músculos obedecieron. —¿Qué fue eso?— murmuró, aún aturdida, pero claramente más presente. Sus dedos se movieron primero, cerrándose contra el suelo. Luego su brazo. Luego el otro. Con un esfuerzo que aún dolía en cada centímetro de su cuerpo, Sigrid comenzó a incorporarse, temblorosa, como alguien que se levanta después de haber sido aplastado y decide ignorarlo. Escupió un poco de saliva al costado, limpiándose la boca con el dorso de la mano. —No sabe a hidromiel, pero sirve.— le respondió a Juan Sebastian con una media sonrisa torcida, claramente recuperando parte de su espíritu. Aún dolía, todo dolía, pero ya no estaba cayendo, se apoyó en una rodilla, luego en la otra, levantando lentamente su enorme cuerpo otra vez, sus ojos azules volviendo a fijarse al frente, donde la amenaza seguía presente. —Parece que no me voy a morir aquí Juanchi.— dijo en voz baja, pero firme.
El cuerpo del marine con apariencia de simio ya no se movía, tendido en el suelo como una masa inerte que, hacía apenas unos momentos, había sido una amenaza imposible de ignorar. Sigrid lo observó unos segundos, aún con la respiración algo agitada, asegurándose de que no habría más sorpresas. No había orgullo en su mirada, tampoco satisfacción. —Se acabó. — murmuró, más para sí misma que para los demás. El dolor seguía ahí, recordándole cada golpe, cada descarga, cada error pero ya no importaba tanto. Estaba de pie, seguía respirando y eso era suficiente. Cuando Juan repartió los berries, Sigrid bajó la mirada hacia las monedas en su enorme mano. Las hizo sonar levemente, moviéndolas de un lado a otro, como si comprobara que eran reales y entonces sonrió. Una sonrisa simple y honesta. —Compraré mucha medicina con esto.— respondió con naturalidad, alzando un poco la mano como si enseñara su recompensa.
No lo dijo como una broma, lo decía completamente en serio, porque después de lo que acababan de pasar… la iban a necesitar. Guardó el dinero con cuidado, dándole un pequeño golpecito al bolsillo para asegurarse de que quedara bien sujeto, y luego estiró los brazos por encima de su cabeza, soltando un leve gruñido cuando los músculos protestaron. Miró alrededor una última vez, los tubos, la sala, el desastre y finalmente a sus compañeros. —La próxima vez— empezó, girando el cuello con un leve crujido, —prefiero pelear en un campo abierto. — Hizo una pausa, y luego añadió con esa chispa suya —Y con mi alabarda. — Había sobrevivido sin ella, pero eso no significaba que quisiera repetir la experiencia.
Y entonces sintió una bofetada, seca y directa. Su cabeza giró apenas por el impacto y el mundo volvió de golpe, como si alguien la hubiera arrancado de ese borde invisible al que estaba a punto de caer. —¿Huh? — Antes de poder reaccionar del todo, sintió algo más, algo entrando en su boca, tragó sin pensarlo, no lo cuestionó y apenas ese pequeño objeto duro, extraño, como un frijol descendió por su garganta, el cambio fue inmediato, no fue una recuperación completa, no fue magia instantánea, pero fue suficiente.
El aire volvió a entrar con más fuerza, el corazón respondió y sus músculos obedecieron. —¿Qué fue eso?— murmuró, aún aturdida, pero claramente más presente. Sus dedos se movieron primero, cerrándose contra el suelo. Luego su brazo. Luego el otro. Con un esfuerzo que aún dolía en cada centímetro de su cuerpo, Sigrid comenzó a incorporarse, temblorosa, como alguien que se levanta después de haber sido aplastado y decide ignorarlo. Escupió un poco de saliva al costado, limpiándose la boca con el dorso de la mano. —No sabe a hidromiel, pero sirve.— le respondió a Juan Sebastian con una media sonrisa torcida, claramente recuperando parte de su espíritu. Aún dolía, todo dolía, pero ya no estaba cayendo, se apoyó en una rodilla, luego en la otra, levantando lentamente su enorme cuerpo otra vez, sus ojos azules volviendo a fijarse al frente, donde la amenaza seguía presente. —Parece que no me voy a morir aquí Juanchi.— dijo en voz baja, pero firme.
El cuerpo del marine con apariencia de simio ya no se movía, tendido en el suelo como una masa inerte que, hacía apenas unos momentos, había sido una amenaza imposible de ignorar. Sigrid lo observó unos segundos, aún con la respiración algo agitada, asegurándose de que no habría más sorpresas. No había orgullo en su mirada, tampoco satisfacción. —Se acabó. — murmuró, más para sí misma que para los demás. El dolor seguía ahí, recordándole cada golpe, cada descarga, cada error pero ya no importaba tanto. Estaba de pie, seguía respirando y eso era suficiente. Cuando Juan repartió los berries, Sigrid bajó la mirada hacia las monedas en su enorme mano. Las hizo sonar levemente, moviéndolas de un lado a otro, como si comprobara que eran reales y entonces sonrió. Una sonrisa simple y honesta. —Compraré mucha medicina con esto.— respondió con naturalidad, alzando un poco la mano como si enseñara su recompensa.
No lo dijo como una broma, lo decía completamente en serio, porque después de lo que acababan de pasar… la iban a necesitar. Guardó el dinero con cuidado, dándole un pequeño golpecito al bolsillo para asegurarse de que quedara bien sujeto, y luego estiró los brazos por encima de su cabeza, soltando un leve gruñido cuando los músculos protestaron. Miró alrededor una última vez, los tubos, la sala, el desastre y finalmente a sus compañeros. —La próxima vez— empezó, girando el cuello con un leve crujido, —prefiero pelear en un campo abierto. — Hizo una pausa, y luego añadió con esa chispa suya —Y con mi alabarda. — Había sobrevivido sin ella, pero eso no significaba que quisiera repetir la experiencia.
Cosas Vikingas
![[Imagen: Ndhw6vS.jpeg]](https://i.imgur.com/Ndhw6vS.jpeg)
