09-04-2026, 10:29 PM
La luna llena dominaba el cielo de Drum con una intensidad casi irreal, proyectando una luz plateada que hacía brillar la nieve como si el propio suelo reflejara el firmamento. Lejos del Royal Quiver, en una zona despejada donde el terreno se extendía en una llanura blanca interrumpida solo por algunas rocas cubiertas de hielo, Moja permanecía en silencio frente a Kibai. El viento nocturno agitaba suavemente su abrigo, y el aire frío parecía volverse más denso a cada segundo que pasaba bajo la presencia de dos minks que se disponían a liberar su naturaleza más primitiva, no con intención destructiva, sino con la disciplina de quienes buscaban perfeccionarse.
Cuando los ojos de Moja se alzaron hacia la luna, el cambio comenzó de inmediato. Su respiración se volvió más profunda, más lenta, mientras una energía antigua despertaba en cada fibra de su cuerpo. El pelaje oscuro empezó a aclararse hasta adoptar un blanco intenso que reflejaba la luz lunar con un brillo casi sobrenatural. Su melena creció y se expandió con volumen salvaje, agitándose suavemente con el viento como si respondiera a una corriente invisible. Los músculos de su torso se definieron con una precisión casi escultórica, tensándose bajo la piel mientras su cuerpo aumentaba de tamaño, imponiendo una presencia poderosa y difícil de ignorar.
Sus ojos se encendieron con un brillo rojo profundo, cargado de una ferocidad contenida que no nacía del descontrol, sino de la voluntad firme de mantener el dominio de sí mismo incluso bajo la influencia de su forma Sulong. La electricidad comenzó a recorrer su cuerpo en filamentos azulados que chisporroteaban de forma intermitente alrededor de sus brazos y hombros, extendiéndose brevemente hacia el suelo antes de disiparse. El Electro no estallaba de manera caótica; fluía con disciplina, concentrado en potenciar cada movimiento sin desperdiciar energía innecesaria.
Moja no rugió. Su transformación no estuvo acompañada por un estallido salvaje, sino por una presión silenciosa que parecía alterar el aire a su alrededor. La nieve bajo sus pies crujió levemente cuando ajustó su postura, flexionando las rodillas y alineando su cuerpo con precisión marcial. Cada músculo estaba preparado para responder de inmediato, cada gesto medido con una calma que contrastaba con la apariencia feroz que mostraba su forma.
La melena blanca se movía suavemente mientras su mirada roja permanecía fija en Kibai, evaluando la distancia, la posición del bokken y la estabilidad del terreno helado. La electricidad recorrió brevemente sus guanteletes de combate, dejando pequeños destellos que se extinguían antes de tocar la superficie nevada.
Avanzó un solo paso, dejando una huella profunda en la nieve compacta. El frío no parecía afectarle en absoluto; al contrario, el entorno parecía favorecer su concentración, como si la quietud de Drum ofreciera el escenario perfecto para un entrenamiento que exigía control absoluto sobre un poder que fácilmente podía volverse incontrolable.
Su voz salió grave, contenida, pero firme.
-Controlaremos la fuerza. No quiero que ninguno de los dos salga gravemente herido hoy.-
No adoptó una postura agresiva innecesaria. Simplemente elevó su guardia, dejando que el Electro recorriera sus brazos en pulsos breves y precisos, preparado para medir sus capacidades frente a un compañero que comprendía perfectamente el riesgo y el valor de aquel entrenamiento. El viento atravesó la llanura nevada, levantando pequeñas partículas de hielo que brillaron bajo la luna llena. Moja permaneció inmóvil durante un instante más. Esperando el primer movimiento.
Cuando los ojos de Moja se alzaron hacia la luna, el cambio comenzó de inmediato. Su respiración se volvió más profunda, más lenta, mientras una energía antigua despertaba en cada fibra de su cuerpo. El pelaje oscuro empezó a aclararse hasta adoptar un blanco intenso que reflejaba la luz lunar con un brillo casi sobrenatural. Su melena creció y se expandió con volumen salvaje, agitándose suavemente con el viento como si respondiera a una corriente invisible. Los músculos de su torso se definieron con una precisión casi escultórica, tensándose bajo la piel mientras su cuerpo aumentaba de tamaño, imponiendo una presencia poderosa y difícil de ignorar.
Sus ojos se encendieron con un brillo rojo profundo, cargado de una ferocidad contenida que no nacía del descontrol, sino de la voluntad firme de mantener el dominio de sí mismo incluso bajo la influencia de su forma Sulong. La electricidad comenzó a recorrer su cuerpo en filamentos azulados que chisporroteaban de forma intermitente alrededor de sus brazos y hombros, extendiéndose brevemente hacia el suelo antes de disiparse. El Electro no estallaba de manera caótica; fluía con disciplina, concentrado en potenciar cada movimiento sin desperdiciar energía innecesaria.
Moja no rugió. Su transformación no estuvo acompañada por un estallido salvaje, sino por una presión silenciosa que parecía alterar el aire a su alrededor. La nieve bajo sus pies crujió levemente cuando ajustó su postura, flexionando las rodillas y alineando su cuerpo con precisión marcial. Cada músculo estaba preparado para responder de inmediato, cada gesto medido con una calma que contrastaba con la apariencia feroz que mostraba su forma.
La melena blanca se movía suavemente mientras su mirada roja permanecía fija en Kibai, evaluando la distancia, la posición del bokken y la estabilidad del terreno helado. La electricidad recorrió brevemente sus guanteletes de combate, dejando pequeños destellos que se extinguían antes de tocar la superficie nevada.
Avanzó un solo paso, dejando una huella profunda en la nieve compacta. El frío no parecía afectarle en absoluto; al contrario, el entorno parecía favorecer su concentración, como si la quietud de Drum ofreciera el escenario perfecto para un entrenamiento que exigía control absoluto sobre un poder que fácilmente podía volverse incontrolable.
Su voz salió grave, contenida, pero firme.
-Controlaremos la fuerza. No quiero que ninguno de los dos salga gravemente herido hoy.-
No adoptó una postura agresiva innecesaria. Simplemente elevó su guardia, dejando que el Electro recorriera sus brazos en pulsos breves y precisos, preparado para medir sus capacidades frente a un compañero que comprendía perfectamente el riesgo y el valor de aquel entrenamiento. El viento atravesó la llanura nevada, levantando pequeñas partículas de hielo que brillaron bajo la luna llena. Moja permaneció inmóvil durante un instante más. Esperando el primer movimiento.
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