10-04-2026, 02:26 AM
"Calle del Ancora 11. Vientos del sur, medianoche".
Dean tuvo que hacer un esfuerzo para leer el contenido del papel, pues la letra era pequeña y aquel marine no destacaba por su buena caligrafía, pero al menos no era un desastre y el mensaje era legible. Antes de analizar qué significaba el mensaje, la puerta frente a el comenzó a abrirse, por lo que su mirada subió de manera instintiva. Vio a tres mujeres, no tuvo que pensar mucho para saber qué tipo de trabajo ejercían allí.
No pudo analizar mucho más la situación, pues antes de siquiera poder entablar una conversación con las chicas, unos pasos cuanto menos intimidantes comenzaron a resonar por todo el muelle. Esto hizo que el peliblanco inmediatamente se diera media vuelta y en unos pocos segundos pudo ver a una figura amenazante portando también el uniforme de la marina. A penas vio el traje blanco de aquel hombre supo que estaba en serios problemas - Mierda... -
De por si la altura del tipo era aterradora, pero su masa muscular era lo realmente llamativo, una que contrastaba con la delgadez de Dean. Lo peor fue cuando observó la cicatriz que adornaba su feo rostro, una prueba de que la muerte le ha susurrado al oído, pero que pudo ignorarla para estar ahora parado aquí y cobrarle tributo a personas totalmente inocentes. Hasta la mismísima parca trabajaba para estos tipos.
Al mirarlo a los ojos, notó que él se fijo en el papel, estaba atrapado y antes de poder pensar en una huida vio que el grandulón hizo un gesto con los dedos, lo que hizo que más soldados se acercaran y comenzaron a rodear al peliblanco, que retrocedió unos pasos, quedándose cerca de la puerta del bar. Como él mismo dijo, todo comenzó ahí.
Vio el rostro de esos hombres y no reconoció a ninguno de los marines que le cobró el tributo a Arko, lo que daba indicios de que eran los encargados de hacer el trabajo sucio.
Diez marines rodearon a Dean, detrás de ellos estaba el hombre grande, quien supuso que era el Sargento con el que amenazaron al viejo hace pocos instantes. La misión estaba jodida, pero más importante que eso, en este momento la vida del peliblanco estaba en peligro y tenía que actuar.
Antes de hacer su primer movimiento el marine de mayor rango habló, ordenándole a Dean que vacié sus bolsillos y le devuelva la nota. Lamentablemente para Dean ese papel era la única esperanza que le quedaba para poder hacer algo por ayudar a los pobladores del muelle. Por el interés que puso el tipo en el papel, el peliblanco intuyó que no era una trampa, por lo que no podía permitir que llegara a sus manos.
Dean estaba pensando en cuantas posibilidades tenía de huir, al verse rodeado descartó todas al instante. Esto hizo que un conflicto fuera inevitable, sabe que quizá pueda ser más fuertes que los soldados, pues no distaban mucho de cualquier marine que ha visto a lo largo de su vida, pero aquel hombre que estaba al norte a unos 8 metros si parecía ser un obstáculo demasiado gran para él en este momento.
Luego de tomarse unos 3 segundos antes de actuar, tomó su decisión. Se metió la mano derecha en su hakama y sacó a Shinso. - No tengo nada más en los bolsillos, señor... - Antes de desenvainar su espada tomó el papel que seguía en su mano izquierda y lo rompió en varios pedacitos al punto de que el mensaje ya no pudiera ser recuperado. - Ups - "Calle del Ancora 11. Vientos del sur, medianoche", el contenido aún estaba en su cabeza y lo recordará a como de lugar, quizá sea su último recuerdo antes de morir.
Antes de que todo el papel cayera al piso desenvainó su espada para dar unos pasos rápidos y de un salto atacar al grupo del oeste con precisos cortes en la zona del torso para derribarlos, pero sin atacar puntos vitales, una de las determinaciones de Dean, es que solo asesinará si era estrictamente necesario y pensaba cumplir con ello, aunque tenía en mente que los marines no tendrán tanta consideración con él.
Luego de derribar al grupo del oeste fue a por los del norte, pues notó que el sargento no se estaba moviendo, así que iba a aprovechar esto a como de lugar. Estos soldados opusieron resistencia, pues algunas de las estocadas de Dean se vieron bloqueadas por sus porras, pero finalmente cayeron. El grupo del este tuvo el mismo resultado, pues fuera de que tenían una fuerza digna de un militar, no parecían destacar por su habilidad en combate.
Pasó casi un minuto y medio cuando los diez soldados estuvieron en el suelo, mientras Dean daba pequeños pasos en dirección a la calle por la que él llegó sin dejar de mirarlo. El peliblanco estaba jadeando, pues derribar a esos marines no fue tarea fácil y tuvo que hacer un gran esfuerzo físico para salir sin heridas. Cada respiración le hizo saber al sargento que no estaba muy lejos del nivel de sus lacayos, lo que era peligroso.
Su único pensamiento era huir por esa calle e ir a la plaza central, donde seguramente haya más marines, pero también más civiles, lo que puede darle muchas más opciones
Mientras seguía dando pasos hacia el callejón que le dirigía hacia la plaza central, pensaba en qué hacer si el Sargento decidía atacarlo. No estaba en los planes de Dean utilizar su fruta del diablo, ya que aún no la entendía del todo, pero sabía que podía otorgarle una posibilidad de sobrevivir ante esa bestia. Aunque también le podía revelar a su rival una forma mucho más fácil de silenciarlo, que es lanzándolo al mar, que para su mala suerte, estaba demasiado cerca.
No había duda alguna, estaba en problemas y esos problemas solo habían comenzado.
Dean tuvo que hacer un esfuerzo para leer el contenido del papel, pues la letra era pequeña y aquel marine no destacaba por su buena caligrafía, pero al menos no era un desastre y el mensaje era legible. Antes de analizar qué significaba el mensaje, la puerta frente a el comenzó a abrirse, por lo que su mirada subió de manera instintiva. Vio a tres mujeres, no tuvo que pensar mucho para saber qué tipo de trabajo ejercían allí.
No pudo analizar mucho más la situación, pues antes de siquiera poder entablar una conversación con las chicas, unos pasos cuanto menos intimidantes comenzaron a resonar por todo el muelle. Esto hizo que el peliblanco inmediatamente se diera media vuelta y en unos pocos segundos pudo ver a una figura amenazante portando también el uniforme de la marina. A penas vio el traje blanco de aquel hombre supo que estaba en serios problemas - Mierda... -
De por si la altura del tipo era aterradora, pero su masa muscular era lo realmente llamativo, una que contrastaba con la delgadez de Dean. Lo peor fue cuando observó la cicatriz que adornaba su feo rostro, una prueba de que la muerte le ha susurrado al oído, pero que pudo ignorarla para estar ahora parado aquí y cobrarle tributo a personas totalmente inocentes. Hasta la mismísima parca trabajaba para estos tipos.
Al mirarlo a los ojos, notó que él se fijo en el papel, estaba atrapado y antes de poder pensar en una huida vio que el grandulón hizo un gesto con los dedos, lo que hizo que más soldados se acercaran y comenzaron a rodear al peliblanco, que retrocedió unos pasos, quedándose cerca de la puerta del bar. Como él mismo dijo, todo comenzó ahí.
Vio el rostro de esos hombres y no reconoció a ninguno de los marines que le cobró el tributo a Arko, lo que daba indicios de que eran los encargados de hacer el trabajo sucio.
Diez marines rodearon a Dean, detrás de ellos estaba el hombre grande, quien supuso que era el Sargento con el que amenazaron al viejo hace pocos instantes. La misión estaba jodida, pero más importante que eso, en este momento la vida del peliblanco estaba en peligro y tenía que actuar.
Antes de hacer su primer movimiento el marine de mayor rango habló, ordenándole a Dean que vacié sus bolsillos y le devuelva la nota. Lamentablemente para Dean ese papel era la única esperanza que le quedaba para poder hacer algo por ayudar a los pobladores del muelle. Por el interés que puso el tipo en el papel, el peliblanco intuyó que no era una trampa, por lo que no podía permitir que llegara a sus manos.
Dean estaba pensando en cuantas posibilidades tenía de huir, al verse rodeado descartó todas al instante. Esto hizo que un conflicto fuera inevitable, sabe que quizá pueda ser más fuertes que los soldados, pues no distaban mucho de cualquier marine que ha visto a lo largo de su vida, pero aquel hombre que estaba al norte a unos 8 metros si parecía ser un obstáculo demasiado gran para él en este momento.
Luego de tomarse unos 3 segundos antes de actuar, tomó su decisión. Se metió la mano derecha en su hakama y sacó a Shinso. - No tengo nada más en los bolsillos, señor... - Antes de desenvainar su espada tomó el papel que seguía en su mano izquierda y lo rompió en varios pedacitos al punto de que el mensaje ya no pudiera ser recuperado. - Ups - "Calle del Ancora 11. Vientos del sur, medianoche", el contenido aún estaba en su cabeza y lo recordará a como de lugar, quizá sea su último recuerdo antes de morir.
Antes de que todo el papel cayera al piso desenvainó su espada para dar unos pasos rápidos y de un salto atacar al grupo del oeste con precisos cortes en la zona del torso para derribarlos, pero sin atacar puntos vitales, una de las determinaciones de Dean, es que solo asesinará si era estrictamente necesario y pensaba cumplir con ello, aunque tenía en mente que los marines no tendrán tanta consideración con él.
Luego de derribar al grupo del oeste fue a por los del norte, pues notó que el sargento no se estaba moviendo, así que iba a aprovechar esto a como de lugar. Estos soldados opusieron resistencia, pues algunas de las estocadas de Dean se vieron bloqueadas por sus porras, pero finalmente cayeron. El grupo del este tuvo el mismo resultado, pues fuera de que tenían una fuerza digna de un militar, no parecían destacar por su habilidad en combate.
Pasó casi un minuto y medio cuando los diez soldados estuvieron en el suelo, mientras Dean daba pequeños pasos en dirección a la calle por la que él llegó sin dejar de mirarlo. El peliblanco estaba jadeando, pues derribar a esos marines no fue tarea fácil y tuvo que hacer un gran esfuerzo físico para salir sin heridas. Cada respiración le hizo saber al sargento que no estaba muy lejos del nivel de sus lacayos, lo que era peligroso.
Su único pensamiento era huir por esa calle e ir a la plaza central, donde seguramente haya más marines, pero también más civiles, lo que puede darle muchas más opciones
Mientras seguía dando pasos hacia el callejón que le dirigía hacia la plaza central, pensaba en qué hacer si el Sargento decidía atacarlo. No estaba en los planes de Dean utilizar su fruta del diablo, ya que aún no la entendía del todo, pero sabía que podía otorgarle una posibilidad de sobrevivir ante esa bestia. Aunque también le podía revelar a su rival una forma mucho más fácil de silenciarlo, que es lanzándolo al mar, que para su mala suerte, estaba demasiado cerca.
No había duda alguna, estaba en problemas y esos problemas solo habían comenzado.
resumen
bélico
