10-04-2026, 04:36 AM
Los recuerda. Por mucha gracia que haga el nombre que tuvo esa tripulación, no quita que fueron quienes lo convencieron de abandonar su vida anterior para lanzarse a la aventura y atreverse a conocer el mundo tal cual es. Le permitieron dar ese primer paso, el cual fue zarpar en Samba y llegar a los Cabos Gemelos en donde su cabeza hizo click. Si bien los dejó y nunca más volvió a verlos, al menos a Maki y Jensen, no han salido de su mente del todo. Además, el hecho de haber incorporado a Uker a la tripulación actual, causa que el recuerdo sea cada vez más latente. Aun así, no se arrepiente de haberse marchado. Cada día que pasa comprueba que tomó la decisión correcta, pues se va sintiendo más cómodo con el rumbo que tomó su vida.
— No te estreses. Ya tenemos al tonto de Eros para que se encargue de las cosas complicadas de ser capitán, y yo mismo me encargaré de mantenerlo con vida para que no te veas expuesto a tomar ese cargo otra vez. Disfruta ser un mero tripulante. — Quizás el tema escogido no es el mejor para tratar, pues recordar el pasado puede ser menos útil que centrarse en el presente y esforzarse de cara al futuro. Sin embargo, sabido es que aquel que olvida su pasado, está olvidado a repetirlo. Si Uker no desea volver a pasar por lo mismo, lo mejor será que siempre mantenga estos sentimientos dentro de su pecho.
La charla podría seguir, o incluso desviarse hacia algo más relajante. Pero dicen que las verdaderas aventuras se disfrutan cuando ante ti surgen los mayores improvistos. Quién diría que justo cuando Uker baja la guardia e intenta relajarse, se encontraría con la piedra en su zapato. Un golpe y Uker volando es lo primero que ve Kiyoshi, quien ha entrenado su vista y percepción, pero aun así, la velocidad del ataque le supera un poco. — ¿Quién diablos eres tú, tonta peluda? — Por supuesto que no la recibe de buenas, pues acaba de golpear a su compañero una completa desconocida. ¿Quién mierda se cree? De inmediato el médico enseña su cara de pocos amigos.
Procede a levantar ambos brazos para llevarlos hasta detrás de su cabeza y sujetar su rifle, sacando el seguro de la correa que lo sostiene y llevándolo hasta el frente. En lo que hace esto, la recién se llegada educadamente le solicita no entrometerse, dejando para adentro a Kiyoshi. ¿Acaso quiere un duelo formal uno contra uno con Uker? ¿Solo por eso ha venido hasta este lugar? Pues el tiempo que Kiyoshi se toma en pensarlo, la mink ya se ha abalanzado nuevamente contra el cocinero, derribándolo una vez más. Curioso es que el médico no parece impresionado, no porque considere que es normal que su compañero resulte perdedor en estos primeros intercambios, sino porque entiende que, estando la espada ajena envainada, el duelo aún ni ha comenzado como para sacar conclusiones.
— ¿Acaso eres tonta? ¿Por qué debería quedarme quieto mientras atacas a mi compañero? — Al son de estas palabras, el de la mascarilla se pone de pie, colocando el índice derecho en el gatillo y con la zurda sosteniendo el cañón del rifle que apunta directamente a la cabeza del enemigo, separándolos una distancia de 15 metros. — Será mejor que empieces a decir quién eres y qué buscas con el tonto de Uker. Dependiendo de tu respuesta, decidiré si volarte o no la cabeza. ¿Te ha quedado claro? — Aunque sea directamente una amenaza lo que sale de los labios de Kiyoshi, en ningún momento alza el tono de voz. Se mantiene tranquilo, no experimentado miedo, demostrando la experiencia que ha ido acumulando durante este emocionante recorrido por el Grand Line.
Aun así, en su cuerpo es capaz de verse un cambio producto tanto del color como de la tensión que hay en el ambiente ante la llegada de un invasor. Tanto en su rostro como en sus manos se nota la aparición de gotas de sudor que mínimamente comienzan a crearse. Su mirada pasa de posarse en la mink a situarse en Uker, pues obviamente no le da igual que él esté siendo golpeado. — ¿Estás bien, tonto? Saca esa tonta espada y enséñale a esa peluda por qué eres el más buscado de los nuestros. Me molestaría ver que te deje como un soquete.
— No te estreses. Ya tenemos al tonto de Eros para que se encargue de las cosas complicadas de ser capitán, y yo mismo me encargaré de mantenerlo con vida para que no te veas expuesto a tomar ese cargo otra vez. Disfruta ser un mero tripulante. — Quizás el tema escogido no es el mejor para tratar, pues recordar el pasado puede ser menos útil que centrarse en el presente y esforzarse de cara al futuro. Sin embargo, sabido es que aquel que olvida su pasado, está olvidado a repetirlo. Si Uker no desea volver a pasar por lo mismo, lo mejor será que siempre mantenga estos sentimientos dentro de su pecho.
La charla podría seguir, o incluso desviarse hacia algo más relajante. Pero dicen que las verdaderas aventuras se disfrutan cuando ante ti surgen los mayores improvistos. Quién diría que justo cuando Uker baja la guardia e intenta relajarse, se encontraría con la piedra en su zapato. Un golpe y Uker volando es lo primero que ve Kiyoshi, quien ha entrenado su vista y percepción, pero aun así, la velocidad del ataque le supera un poco. — ¿Quién diablos eres tú, tonta peluda? — Por supuesto que no la recibe de buenas, pues acaba de golpear a su compañero una completa desconocida. ¿Quién mierda se cree? De inmediato el médico enseña su cara de pocos amigos.
Procede a levantar ambos brazos para llevarlos hasta detrás de su cabeza y sujetar su rifle, sacando el seguro de la correa que lo sostiene y llevándolo hasta el frente. En lo que hace esto, la recién se llegada educadamente le solicita no entrometerse, dejando para adentro a Kiyoshi. ¿Acaso quiere un duelo formal uno contra uno con Uker? ¿Solo por eso ha venido hasta este lugar? Pues el tiempo que Kiyoshi se toma en pensarlo, la mink ya se ha abalanzado nuevamente contra el cocinero, derribándolo una vez más. Curioso es que el médico no parece impresionado, no porque considere que es normal que su compañero resulte perdedor en estos primeros intercambios, sino porque entiende que, estando la espada ajena envainada, el duelo aún ni ha comenzado como para sacar conclusiones.
— ¿Acaso eres tonta? ¿Por qué debería quedarme quieto mientras atacas a mi compañero? — Al son de estas palabras, el de la mascarilla se pone de pie, colocando el índice derecho en el gatillo y con la zurda sosteniendo el cañón del rifle que apunta directamente a la cabeza del enemigo, separándolos una distancia de 15 metros. — Será mejor que empieces a decir quién eres y qué buscas con el tonto de Uker. Dependiendo de tu respuesta, decidiré si volarte o no la cabeza. ¿Te ha quedado claro? — Aunque sea directamente una amenaza lo que sale de los labios de Kiyoshi, en ningún momento alza el tono de voz. Se mantiene tranquilo, no experimentado miedo, demostrando la experiencia que ha ido acumulando durante este emocionante recorrido por el Grand Line.
Aun así, en su cuerpo es capaz de verse un cambio producto tanto del color como de la tensión que hay en el ambiente ante la llegada de un invasor. Tanto en su rostro como en sus manos se nota la aparición de gotas de sudor que mínimamente comienzan a crearse. Su mirada pasa de posarse en la mink a situarse en Uker, pues obviamente no le da igual que él esté siendo golpeado. — ¿Estás bien, tonto? Saca esa tonta espada y enséñale a esa peluda por qué eres el más buscado de los nuestros. Me molestaría ver que te deje como un soquete.
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