10-04-2026, 02:47 PM
No le gustaba estar sola. Nunca le había gustado. Pero, ¿desde cuando "no gustar" bastaba para que no le sucediese? Desde pequeña, nada había evitado que pasase momentos sin nadie al lado, por más que lo contrario desease. Qué recuerdos le venían a la cabeza cuando estaba sola. Odiosos, penosos.
El silencio podía llegar a ser su peor enemigo. ¿Y eso no volvía obvio el por qué de su charlatanería? Hablar para no dejar vacíos que puedan ser llenados con pensamientos que incomodan. Entonces, se vuelve el objetivo de esa noche el encontrar una distracción. Algo, alguien, ¡lo que fuese!
¿Cuán fácil iba a ser encontrarlo? Dependía de cuán quisquillosa se pusiera, claro está... Pero en estos instantes, ¿qué no aceptaría? El vacío en su estómago clamaba para ser llenado con lo que se encontrase, sin importar qué.
El aroma a alcohol barato es desagradable en el ambiente, mas puede resistirlo esos minutos. Todo en ese lugar es un reto: la comida sabía a serrín, el vino a orina, y ella estaba pensando en cómo colgar al dueño de las vigas. Sorprendente, si se pensaba que en ese instante fingía que un poco de risa daba el comentario que un hombre desagradable soltó. Puede olvidarse de sus problemas cuando su pensamiento recae en cómo podría hacer que el contrario se trague sus propios intestinos.
¿Qué tan lejos la va a llevar la necesidad de olvidar hoy?
Una sonrisa suave, predispuesta, mientras en su dedo se enrieda un mechón de su cabello. Juguetona se ha acercado a la mesa de un hombre que la observa. Sus dedos surcan por la superficie de madera desgastada que hace de mesa, mientras peligrosa inclina su cuerpo hacia adelante.
La ve a la perfección en él, sin ningún drama: la necesidad en esos ojos. Mas, ¿no es el mismo caso para ella? El hambre que no se puede disimular. El mismo que busca ser saciado cuando es ella quien, descaradamente, coloca su mano sobre la ajena.
Media borracha, ¿qué sentido común le pedían? Por cosas como estas evitaba el alcohol, pero qué más daba a esa altura. Nada de esto es lo que quería. Ni siquiera el hombre que sujeta su mano con fuerza y la acerca a él de un empujón que asustaría a cualquiera. Pero al menos era algo, y eso era mejor que no tener nada.
Y no es que el otro necesitase mucho para ser "atraído". Un nombre que entró por un oído y le salió por el otro, junto a una risita de idiota. Sus palabras no importaban en absoluto. Lo que sí importaba es lo que veía pese a estar levemente desorientada: un bolígrafo dorado, elegante.
Quiere al objeto, no al dueño.
Quiere lo brillante, no al desagradable que lo porta.
Pero todo tiene un precio.
Ahora ella está con este hombre, ¿habrá alguien que la ayude?
El silencio podía llegar a ser su peor enemigo. ¿Y eso no volvía obvio el por qué de su charlatanería? Hablar para no dejar vacíos que puedan ser llenados con pensamientos que incomodan. Entonces, se vuelve el objetivo de esa noche el encontrar una distracción. Algo, alguien, ¡lo que fuese!
¿Cuán fácil iba a ser encontrarlo? Dependía de cuán quisquillosa se pusiera, claro está... Pero en estos instantes, ¿qué no aceptaría? El vacío en su estómago clamaba para ser llenado con lo que se encontrase, sin importar qué.
El aroma a alcohol barato es desagradable en el ambiente, mas puede resistirlo esos minutos. Todo en ese lugar es un reto: la comida sabía a serrín, el vino a orina, y ella estaba pensando en cómo colgar al dueño de las vigas. Sorprendente, si se pensaba que en ese instante fingía que un poco de risa daba el comentario que un hombre desagradable soltó. Puede olvidarse de sus problemas cuando su pensamiento recae en cómo podría hacer que el contrario se trague sus propios intestinos.
¿Qué tan lejos la va a llevar la necesidad de olvidar hoy?
Una sonrisa suave, predispuesta, mientras en su dedo se enrieda un mechón de su cabello. Juguetona se ha acercado a la mesa de un hombre que la observa. Sus dedos surcan por la superficie de madera desgastada que hace de mesa, mientras peligrosa inclina su cuerpo hacia adelante.
La ve a la perfección en él, sin ningún drama: la necesidad en esos ojos. Mas, ¿no es el mismo caso para ella? El hambre que no se puede disimular. El mismo que busca ser saciado cuando es ella quien, descaradamente, coloca su mano sobre la ajena.
Media borracha, ¿qué sentido común le pedían? Por cosas como estas evitaba el alcohol, pero qué más daba a esa altura. Nada de esto es lo que quería. Ni siquiera el hombre que sujeta su mano con fuerza y la acerca a él de un empujón que asustaría a cualquiera. Pero al menos era algo, y eso era mejor que no tener nada.
Y no es que el otro necesitase mucho para ser "atraído". Un nombre que entró por un oído y le salió por el otro, junto a una risita de idiota. Sus palabras no importaban en absoluto. Lo que sí importaba es lo que veía pese a estar levemente desorientada: un bolígrafo dorado, elegante.
Quiere al objeto, no al dueño.
Quiere lo brillante, no al desagradable que lo porta.
Pero todo tiene un precio.
Ahora ella está con este hombre, ¿habrá alguien que la ayude?
