10-04-2026, 04:16 PM
Los pedazos del papel todavía caían patinando en el aire como plumas guiadas por el vento. Blancos y pequeños. Algunos aterrizaron sobre los uniformes de los soldados caídos y otros sobre la piedra. Diez cuerpos en el suelo. Ninguno muerto, cosa que Dean se había asegurado de eso.
El sargento no había movido los pies. Los brazos seguían cruzados sobre el pecho y los ojos recorriendo la plaza con la metodología de alguien que no evalúa el daño, aquellos marines eran números."No es un marinero desertor. Tampoco un cazarrecompensas barato." Diez metros separaba a ambos. Desde las ventanas de las casas asomaban ojos curiosos de niños y mujeres o algún pescador de mediana edad que sostenía una red que había olvidado soltar. El pueblo de Baquella, que llevaba semanas mirando el suelo, miraba ahora la plaza. -Recoge a tus hombres.- La orden no fue para Dean. Fue para el callejón detrás de él, donde dos figuras con uniforme, los que se habían marchado con la caja antes, esperaban desde hacía rato.
Crewe bajó los brazos pero no desenfundó nada no dio ningún paso hacia Dean. Solo recolocó los puños a los costados del cuerpo, un gesto pequeño que reorganizaba el peso de sus manos, y miró al peliblanco con algo que no era rabia. -Este pueblo tiene memoria corta. Tú tendrás una más corta todavía.- Lo dijo en voz baja, lo suficientemente baja para que llegara a Dean y no más lejos. Luego giró. Y subió por el callejón con los mismos pasos lentos de antes sin apuro, sin mirar atrás hasta que la curva se lo tragó y solo quedaron sus pisadas resonando contra la piedra húmeda. Los dos soldados del cobro terminaron de recoger a los últimos hombres y los siguieron sin decir una sola palabra.
La plaza quedó vacía y quieta, con pedazos de papel en el suelo y las ventanas todavía llenas de ojos que no sabían muy bien qué habían visto ni qué hacer ahora que lo habían visto. Fue entonces cuando desde el lateral del muelle desde el espacio entre los dos botes más pequeños, donde la sombra de los tablones era lo suficientemente densa apareció Leis, el marine del papel. Con el chaleco de uniforme desabrochado en el tercio superior, como si lo hubiera soltado deprisa mientras esperaba. Caminó hacia Dean con el paso de alguien que sabe que tiene poco tiempo y menos margen de error. —Rompiste el papel. No era una pregunta. Metió la mano en el chaleco y sacó otro papel, este más grueso, doblado en más capas. No lo extendió todavía. —Te daré lo que buscas en el lugar acordado. Si lo sabes de memoria, estás invitado. Si no lo sabes... Una pausa. Miró de nuevo hacia el callejón donde Crewe había desaparecido. —...entonces los dos tuvimos un día muy malo por nada.
![[Imagen: 4rrd4Hp.jpeg]](https://i.imgur.com/4rrd4Hp.jpeg)
El sargento no había movido los pies. Los brazos seguían cruzados sobre el pecho y los ojos recorriendo la plaza con la metodología de alguien que no evalúa el daño, aquellos marines eran números."No es un marinero desertor. Tampoco un cazarrecompensas barato." Diez metros separaba a ambos. Desde las ventanas de las casas asomaban ojos curiosos de niños y mujeres o algún pescador de mediana edad que sostenía una red que había olvidado soltar. El pueblo de Baquella, que llevaba semanas mirando el suelo, miraba ahora la plaza. -Recoge a tus hombres.- La orden no fue para Dean. Fue para el callejón detrás de él, donde dos figuras con uniforme, los que se habían marchado con la caja antes, esperaban desde hacía rato.
Crewe bajó los brazos pero no desenfundó nada no dio ningún paso hacia Dean. Solo recolocó los puños a los costados del cuerpo, un gesto pequeño que reorganizaba el peso de sus manos, y miró al peliblanco con algo que no era rabia. -Este pueblo tiene memoria corta. Tú tendrás una más corta todavía.- Lo dijo en voz baja, lo suficientemente baja para que llegara a Dean y no más lejos. Luego giró. Y subió por el callejón con los mismos pasos lentos de antes sin apuro, sin mirar atrás hasta que la curva se lo tragó y solo quedaron sus pisadas resonando contra la piedra húmeda. Los dos soldados del cobro terminaron de recoger a los últimos hombres y los siguieron sin decir una sola palabra.
La plaza quedó vacía y quieta, con pedazos de papel en el suelo y las ventanas todavía llenas de ojos que no sabían muy bien qué habían visto ni qué hacer ahora que lo habían visto. Fue entonces cuando desde el lateral del muelle desde el espacio entre los dos botes más pequeños, donde la sombra de los tablones era lo suficientemente densa apareció Leis, el marine del papel. Con el chaleco de uniforme desabrochado en el tercio superior, como si lo hubiera soltado deprisa mientras esperaba. Caminó hacia Dean con el paso de alguien que sabe que tiene poco tiempo y menos margen de error. —Rompiste el papel. No era una pregunta. Metió la mano en el chaleco y sacó otro papel, este más grueso, doblado en más capas. No lo extendió todavía. —Te daré lo que buscas en el lugar acordado. Si lo sabes de memoria, estás invitado. Si no lo sabes... Una pausa. Miró de nuevo hacia el callejón donde Crewe había desaparecido. —...entonces los dos tuvimos un día muy malo por nada.
![[Imagen: 4rrd4Hp.jpeg]](https://i.imgur.com/4rrd4Hp.jpeg)
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