11-04-2026, 01:01 PM
La cortesía del Marine sorprende a Maki, le sorprende de sobremanera. No le había intentado capturar. Ni amedrentar. Ni nada de eso. Incluso civiles se comportaban como basuras con ella. primero por que tenia pinta de ser la reina de las gamberras y segundo por que era horrenda como un pan tostado caído al barro. Nunca tenían tacto, nunca le preguntaban que sentía o como se sentía. Sus sentimientos al ser una aberración de la naturaleza siempre caían en segundos planos o simplemente la gente creía que no existían en su corazón. Un corazón que la gente olvidaba que era tal cual el de una mujer común y corriente. Incluso más apasionado.
Estuvo a punto de mencionar su amabilidad y agradecer que fuera tan bueno con ella. cuando solo pensaba muy en el fondo en arrancarle la cabeza pelirroja. Ahora bien. Estaba el asunto de Merlot. El Atún quizás había visto algo en él. Seguro que se lo tiraría. La pregunta no era si lo haría. O si podría, sino cuando. Eso a Maki le divertía. Mas aun cuando era tan guapo y correcto. Pero ella si tenia ese poder. Sin duda.
Estos pelafustanes malvivientes siempre confunden a Maki con una especie de cazadora de tontos. Muchas veces al verla dan por hecho de que es una villana tremenda y que o tiene recompensa o es algún tipo de criminal organizada. Bueno si… ósea tiene una recompensa, pero no precisamente por ser mala o malvada. Bueno también lo es, es malvada pero no cruel.
La gran flecha era poderosa, tremendamente precisa, si no fuera que era tremendamente ágil, Maki estaría muerta en este momento si no fuera porque sus instintos le gritaban todo el tiempo que se moviera, que se cuidara que fuera cauta. La flecha era algo alucinante, casi como el madero de una escoba. La punta por suerte no parecía envenenada. Había pocos cazadores de este tipo que no envenenaban sus flechas y se valían solo de su puntería magistral para matar rápidamente a sus objetivos.
El movimiento era arriesgado, herida, el armado, ella indefensa. Si merlot le eligió no era un hombre cruel ni malvado, seguro era de corazón puro y amante de la justicia. No tenía motivos para causarle daños o eso recordaba ella pues no le recordaba desde el incidente de Little Garden aunque se lo repitieran una y otra vez. Aun así. Ella desde que conoció a sus verdaderos amigos, Bubblegum el carnicero y el Atún, La palabra. Bajaba la guardia más de lo que podría soportar su versión más letal. AUN ASI. Confiaría en él. La daga brillo como una tenue luz de plata sobre el mar de su piel ajada por el destino olvidado donde perdió todo lo que amaba, pero apretó los dientes y sintió como desgarraban su camiseta. —Si… solo se amable, conozco un gran médico, él se ocupará después, solo… solo no dejes que las bestias me atrapen con esta cosa en el pecho… adelante… soy una niña fuerte— Dijo al final con una voz más suave rogando, era dura de temple, pero no estaba loca, no amaba el dolor. Era valiente, pero en verdad tenía miedo. Miedo de que por una vez en la vida su amiga se equivocara del color verdadero de una persona y no volver a ver a quienes la querían en verdad. De morir degollada, lanada a una zanja de mierda en un paraíso natural. Olvidada y desechada.
La yerba le redujo inmediatamente el dolor, era potente la mierda que fumaba y siempre llevaba un poco consigo. Esta vez no era la excepción y disfrutaba compartirlo con quien necesitaba algo de alegría y desconexión. Amaba cuando le inundaba ese sentimiento de abandono de su propio cuerpo, como se desconectaba de sus propios nervios y consciencia. Alejándose cada vez más de cualquier sentimiento terrenal. Sentía… sentía que en esos momentos estaba cada vez más cerca de los dioses y sus cielos inmortales. Sentía que era una con la divinidad, pero… la realidad era que era tremenda drogadicta.
No tenía conocimientos médicos, esto estaba claro, sin embargo, era un experto en primeros auxilios. Es decir. No mejoraría, pero sin duda no moriría. La flecha de partió, ella chillo de dolor y contuvo el sentimiento de querer morder a quien el acero hacia si mismo para comenzar a tratarle, aunque no era verdaderamente un tratamiento, sino más bien una especie de parche. Casi partió la pequeña madera que le dio entre los dientes. Era un agujero importante. —Esto me dejara una cicatriz? Odio las cicatrices… carajo…— Bromeo.
Cuando al fin la madera se retiró, sintió un pequeño alivio inmediato. Igualmente, tenía la herida. Se toco y presiono y sintió como su naturaleza Zoan comenzaba a curar rápidamente la herida. No era instantáneo, no era inmediato, pero no moriría. Era increíble el poder de las frutas y aunque le habían dicho desde siempre que mantuviera esa habilidad en secreto. Ella cada vez que podía hacía gala de su posesión. —JA… entregarme?... como si hubiera hecho algo malo… eres uno de esos que cree ciegamente toda esa mierda que les cuentan desde el otro lado del mar un grupo de viejos rancios sentados en sus tronos dorados?... no soy quien, para evangelizarte, pero… me conformare con saber que no eres uno de esos monos estúpidos que solo atacan matan y violan por que pueden.— Menciono algo molesta sin tener motivo o quizás lo tenía por qué su hermana se había fijado en él y no quería que se hubiera equivocado de hombre.
Aunque tal vez… solo tal vez. solo estaba jugando con el y esperaba la luna llena para comérselo hasta los huesos.
—Me quedare con el cartel… no me gusta que le andes enseñando a todo tipo que te cruces el rostro de Unnie.— Menciono antes de levantarse y esperar que no se resistiera a perder el cartel… —Si en verdad la buscas para buenas intenciones… te bastara con que el recuerdo de su rostro viva en tu mente… … … en estos momentos no sé dónde está, pero no creo que quisieras acompañarme a buscarla… mis compañeros de tripulación no son tan amistosos con los Marines. Menos si uno tan guapo me acompaña.— Quiso sonreír medio amablemente pero el dolor de la herida le devolvió a la realidad.
Estuvo a punto de mencionar su amabilidad y agradecer que fuera tan bueno con ella. cuando solo pensaba muy en el fondo en arrancarle la cabeza pelirroja. Ahora bien. Estaba el asunto de Merlot. El Atún quizás había visto algo en él. Seguro que se lo tiraría. La pregunta no era si lo haría. O si podría, sino cuando. Eso a Maki le divertía. Mas aun cuando era tan guapo y correcto. Pero ella si tenia ese poder. Sin duda.
Estos pelafustanes malvivientes siempre confunden a Maki con una especie de cazadora de tontos. Muchas veces al verla dan por hecho de que es una villana tremenda y que o tiene recompensa o es algún tipo de criminal organizada. Bueno si… ósea tiene una recompensa, pero no precisamente por ser mala o malvada. Bueno también lo es, es malvada pero no cruel.
La gran flecha era poderosa, tremendamente precisa, si no fuera que era tremendamente ágil, Maki estaría muerta en este momento si no fuera porque sus instintos le gritaban todo el tiempo que se moviera, que se cuidara que fuera cauta. La flecha era algo alucinante, casi como el madero de una escoba. La punta por suerte no parecía envenenada. Había pocos cazadores de este tipo que no envenenaban sus flechas y se valían solo de su puntería magistral para matar rápidamente a sus objetivos.
El movimiento era arriesgado, herida, el armado, ella indefensa. Si merlot le eligió no era un hombre cruel ni malvado, seguro era de corazón puro y amante de la justicia. No tenía motivos para causarle daños o eso recordaba ella pues no le recordaba desde el incidente de Little Garden aunque se lo repitieran una y otra vez. Aun así. Ella desde que conoció a sus verdaderos amigos, Bubblegum el carnicero y el Atún, La palabra. Bajaba la guardia más de lo que podría soportar su versión más letal. AUN ASI. Confiaría en él. La daga brillo como una tenue luz de plata sobre el mar de su piel ajada por el destino olvidado donde perdió todo lo que amaba, pero apretó los dientes y sintió como desgarraban su camiseta. —Si… solo se amable, conozco un gran médico, él se ocupará después, solo… solo no dejes que las bestias me atrapen con esta cosa en el pecho… adelante… soy una niña fuerte— Dijo al final con una voz más suave rogando, era dura de temple, pero no estaba loca, no amaba el dolor. Era valiente, pero en verdad tenía miedo. Miedo de que por una vez en la vida su amiga se equivocara del color verdadero de una persona y no volver a ver a quienes la querían en verdad. De morir degollada, lanada a una zanja de mierda en un paraíso natural. Olvidada y desechada.
La yerba le redujo inmediatamente el dolor, era potente la mierda que fumaba y siempre llevaba un poco consigo. Esta vez no era la excepción y disfrutaba compartirlo con quien necesitaba algo de alegría y desconexión. Amaba cuando le inundaba ese sentimiento de abandono de su propio cuerpo, como se desconectaba de sus propios nervios y consciencia. Alejándose cada vez más de cualquier sentimiento terrenal. Sentía… sentía que en esos momentos estaba cada vez más cerca de los dioses y sus cielos inmortales. Sentía que era una con la divinidad, pero… la realidad era que era tremenda drogadicta.
No tenía conocimientos médicos, esto estaba claro, sin embargo, era un experto en primeros auxilios. Es decir. No mejoraría, pero sin duda no moriría. La flecha de partió, ella chillo de dolor y contuvo el sentimiento de querer morder a quien el acero hacia si mismo para comenzar a tratarle, aunque no era verdaderamente un tratamiento, sino más bien una especie de parche. Casi partió la pequeña madera que le dio entre los dientes. Era un agujero importante. —Esto me dejara una cicatriz? Odio las cicatrices… carajo…— Bromeo.
Cuando al fin la madera se retiró, sintió un pequeño alivio inmediato. Igualmente, tenía la herida. Se toco y presiono y sintió como su naturaleza Zoan comenzaba a curar rápidamente la herida. No era instantáneo, no era inmediato, pero no moriría. Era increíble el poder de las frutas y aunque le habían dicho desde siempre que mantuviera esa habilidad en secreto. Ella cada vez que podía hacía gala de su posesión. —JA… entregarme?... como si hubiera hecho algo malo… eres uno de esos que cree ciegamente toda esa mierda que les cuentan desde el otro lado del mar un grupo de viejos rancios sentados en sus tronos dorados?... no soy quien, para evangelizarte, pero… me conformare con saber que no eres uno de esos monos estúpidos que solo atacan matan y violan por que pueden.— Menciono algo molesta sin tener motivo o quizás lo tenía por qué su hermana se había fijado en él y no quería que se hubiera equivocado de hombre.
Aunque tal vez… solo tal vez. solo estaba jugando con el y esperaba la luna llena para comérselo hasta los huesos.
—Me quedare con el cartel… no me gusta que le andes enseñando a todo tipo que te cruces el rostro de Unnie.— Menciono antes de levantarse y esperar que no se resistiera a perder el cartel… —Si en verdad la buscas para buenas intenciones… te bastara con que el recuerdo de su rostro viva en tu mente… … … en estos momentos no sé dónde está, pero no creo que quisieras acompañarme a buscarla… mis compañeros de tripulación no son tan amistosos con los Marines. Menos si uno tan guapo me acompaña.— Quiso sonreír medio amablemente pero el dolor de la herida le devolvió a la realidad.

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