11-04-2026, 05:23 PM
Narrador / María Merlot
Los veo, bastante curiosa la forma en la que se mueven, claramente no es algo natural.
Los ojos ámbar se alzaron buscando visualizar la cara de su compañero, nuevamente improvisado. La buena vista la permitió observar sus rasgos: siempre calmado, siempre analítico. Es como si no hubiera emociones saliendo de él… ¿sería siquiera humano? ¡UN ROBOT! Pensar eso la hizo sonreír, sabia bien que su introspección no significa la falta de emociones, simplemente eran menos exteriorizadas que las de ella, y más como él mismo.
Recordó como minutos atrás la atrapo en sus manos, y hasta le recomendó no hacer esos saltos al vacío contra nada ni nadie porque podría lastimarse. Aunque por la forma en que la miro en ese momento, ella pensó que la trataba como una muñeca de porcelana. ¡No era delicada! Aunque se viera de esa forma, ella era muy fuerte, podría… cargar a cinco Cara Melos, a diez Einarrs. Y hablando del Príncipe Alado, el gigante le comento que había vuelto a perderse, su amigo pelinegro era más desorientado que ella. Se lo imagino solito y todo tímido por esa horrible isla. ¡Esperaba que estuviera bien! Aunque como el explorador que era, seguro estaba disfrutando de toda esa vegetación prehistórica y animales estancados en el tiempo.
Recordó como minutos atrás la atrapo en sus manos, y hasta le recomendó no hacer esos saltos al vacío contra nada ni nadie porque podría lastimarse. Aunque por la forma en que la miro en ese momento, ella pensó que la trataba como una muñeca de porcelana. ¡No era delicada! Aunque se viera de esa forma, ella era muy fuerte, podría… cargar a cinco Cara Melos, a diez Einarrs. Y hablando del Príncipe Alado, el gigante le comento que había vuelto a perderse, su amigo pelinegro era más desorientado que ella. Se lo imagino solito y todo tímido por esa horrible isla. ¡Esperaba que estuviera bien! Aunque como el explorador que era, seguro estaba disfrutando de toda esa vegetación prehistórica y animales estancados en el tiempo.
Podemos seguirlos de lejos, si vemos que hay peligro, nos marchamos. Tranquila, soy duro de roer, no me harán daño tan fácil.
El miedo de María sobre otro desenlace nefasto la hizo querer irse de ese lugar, no quería que otro amigo resultará herido por culpa de su inutilidad. Sin embargo, las palabras de Kelvin la hicieron dejar de ver la entrada de la cueva para volver a enfocarse en él. Ella no dudaba que él fuera un hueso duro de roer, lo había visto enfrentarse con aquella parsimonia y golpes certeros al insoportable de Howard, lo decía más bien por si misma, su autoestima y confianza… luego de lo que sucedió con Maki D. Zennin, estaban por el subsuelo, pero no lo demostraría al pelinegro, no quería hacer preocupar a nadie.
— … si hubieses estado con nosotras ese feo gigante rojo seguro salía corriendo despavorido del miedo. ¡Un solo golpe de tu bastón y lo mandabas a dormir! Seguro que si, por ser un gigante malo, no uno bueno como tu — dijo sin contexto a Kelvin, quien no tenía los detalles de los que sucedió con su hermana ni el habitante de Little Garden. Finalizo dándole un abrazo a la porción de la bota de él, la que abarcaban sus brazos. Y en ese momento, una bandada de pájaros también ingresó a aquella boca del misterio.
Con una sonrisa, y llena de la confianza sobria del pelinegro, María decidió entrar a curiosear porque los dinosaurios bailaban en esa cavidad. Comenzó a caminar, esperando que Kelvin la siguiera. Así sus ojos fueron detallando cada porción de aquel lugar, que a pesar de no estar en el exterior, tenía buena visibilidad. La melodía seguía ahí, sonando pero sin poder determinar de donde provenía porque el sonido rebotaba en los obstáculos del camino, y dentro de una cueva, obviamente, habían muchos. Rugidos también — … la fiesta debe estar saliéndose de control — bromeo hacia el hombre con una sonrisa traviesa en sus labios — ¿Crees que tengan mini sándwiches de pepino? ¿Los has comido? ¡Son riquísimos! Y refrescantes… aunque para ti mi mini seria super mini…— hablo desvariando un poco sobre el tema que los ataviaba: el misterio de la cueva.
Tiempo después de avanzar, llegaron a una encrucijada: Tres caminos. María se llevo las manos a la cintura — Hay tres, solo somos dos… — comento como si fuera un botín para repartir, y no una elección que elegir para revelar el misterio de los dinosaurios bailarines y esa melodía. María caminó hacia cada uno, observando los detalles de cada posible decisión. Al ver el de la iguana, esbozo una sonrisa culpable, le recordó a su Unnie, entonces por ahí, definitivamente no iría, si más bien estaba alejándose del Flush Royal para no enfrentarla… el remordimiento y la vergüenza podían más con ella — … ¿eliges tu? Pero el de la iguana está prohibido, Kelvin-sama — se giro a verlo cruzando los brazos en forma de X frente a ella. Luego, como la cotilla que era, siguió rondando el lugar, esperando la decisión del gigante, en eso observa ropa vieja y un molinete… ¿para qué? Ni idea, así que lo agarro — … se escucha cada vez más fuerte… ¡Rápido Kelvin-sama! Decide, nos perdemos la fiesta. ¡Nos dejaran sin mini sándwiches de pepino! — lo señalo con el molinete, y una sonrisa de niña pequeña esperando que su padre la llevara a romper una piñata llena de caramelos.
— … si hubieses estado con nosotras ese feo gigante rojo seguro salía corriendo despavorido del miedo. ¡Un solo golpe de tu bastón y lo mandabas a dormir! Seguro que si, por ser un gigante malo, no uno bueno como tu — dijo sin contexto a Kelvin, quien no tenía los detalles de los que sucedió con su hermana ni el habitante de Little Garden. Finalizo dándole un abrazo a la porción de la bota de él, la que abarcaban sus brazos. Y en ese momento, una bandada de pájaros también ingresó a aquella boca del misterio.
Con una sonrisa, y llena de la confianza sobria del pelinegro, María decidió entrar a curiosear porque los dinosaurios bailaban en esa cavidad. Comenzó a caminar, esperando que Kelvin la siguiera. Así sus ojos fueron detallando cada porción de aquel lugar, que a pesar de no estar en el exterior, tenía buena visibilidad. La melodía seguía ahí, sonando pero sin poder determinar de donde provenía porque el sonido rebotaba en los obstáculos del camino, y dentro de una cueva, obviamente, habían muchos. Rugidos también — … la fiesta debe estar saliéndose de control — bromeo hacia el hombre con una sonrisa traviesa en sus labios — ¿Crees que tengan mini sándwiches de pepino? ¿Los has comido? ¡Son riquísimos! Y refrescantes… aunque para ti mi mini seria super mini…— hablo desvariando un poco sobre el tema que los ataviaba: el misterio de la cueva.
Tiempo después de avanzar, llegaron a una encrucijada: Tres caminos. María se llevo las manos a la cintura — Hay tres, solo somos dos… — comento como si fuera un botín para repartir, y no una elección que elegir para revelar el misterio de los dinosaurios bailarines y esa melodía. María caminó hacia cada uno, observando los detalles de cada posible decisión. Al ver el de la iguana, esbozo una sonrisa culpable, le recordó a su Unnie, entonces por ahí, definitivamente no iría, si más bien estaba alejándose del Flush Royal para no enfrentarla… el remordimiento y la vergüenza podían más con ella — … ¿eliges tu? Pero el de la iguana está prohibido, Kelvin-sama — se giro a verlo cruzando los brazos en forma de X frente a ella. Luego, como la cotilla que era, siguió rondando el lugar, esperando la decisión del gigante, en eso observa ropa vieja y un molinete… ¿para qué? Ni idea, así que lo agarro — … se escucha cada vez más fuerte… ¡Rápido Kelvin-sama! Decide, nos perdemos la fiesta. ¡Nos dejaran sin mini sándwiches de pepino! — lo señalo con el molinete, y una sonrisa de niña pequeña esperando que su padre la llevara a romper una piñata llena de caramelos.
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Karma Fanático: Hyakinthos.
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