Presente Absoluto / T4 La arena en la nieve.
#10
Sus párpados se cerraron por inercia ante la repentina iluminación blanquecina, similar a la de los hospitales; sin embargo, no tardó en acostumbrarse a la luz, lo que le permitió entender sus alrededores casi de inmediato.
 
Sí, casi, porque cuando aún estaba parado a medio metro de la entrada, aquellos cuerpos en las camillas le parecieron muñecos muy realistas de seres humanos, después de todo, a pesar del aceleramiento de su corazón y de su respiración aún agitada por el terror que sufrió en la sala anterior, aún tenía en mente que estaba en un parque de diversiones y no en la guarida de algún maniaco…una visión que cambió apenas caminó hacia la camilla más cercana.
 
Su boca se abrió en una perfecta “o” que apenas emitió un leve sonido de asombro. No era miedo, era más bien curiosidad… ¿Cómo habían logrado hacer heridas tan hermosas? El trabajo le pareció impecable, unos perfectos espirales que atravesaban la cabeza de una manera tan limpia que, sea quien sea que haya logrado tal efecto, se merecía todo su respeto como médico, aunque, a su vez lo hacía cuestionarse… ¿Por qué hacer algo como eso?
 
—Jmmmm…ahora quiero saber si esto es una tortura o solo una lobotomía que salió muy mal…y hecha con instrumentos para gigantes, aparentemente —. Luego de guardar en su mochila la cajita que antes había “robado” y que recién notó que aún llevaba consigo, se agachó apenas para examinar mejor la herida del cadáver, sorprendido porque el ojo aún estuviera en su lugar, casi como si se lo hubieran sacado antes para luego pegarlo en su “sitio” con goma, para dar una visión aún más tétrica, aunque al pelirrosa le resultara fascinante.
 
—¡Ah! Lo único que lamento de esto es que parece un cuerpo tan joven —. Desvió un momento la vista del rostro perforado para detenerse a observar el tronco y las extremidades. —Y sano, aparentemente…no veo que esté malnutrido ni que presente alguna enfermedad que se manifieste a través de la piel… ¡Qué pena! Habría apostado por revisar su interior, seguro podría sacar buena mercancía —. Considerando que tenía sus guantes puestos, tomó el brazo del cadáver, el más cercano a él e intentó alzarlo, pero estaba tan entumecido que prefirió dejarlo en su lugar.
 
—Pero pareces llevar unas horas fuera de este mundo —. Habló como si el cadáver pudiera escucharlo. —Ya no me sirves…
 
Habría seguido hablando consigo mismo de no ser porque un sonido quejumbroso lo hizo estremecer. Se apartó de la camilla por simple reflejo y llevó una de sus manos a su pecho, notando su pulso aun acelerado, su corazón se sentía como un tambor. Chasqueó la lengua, molesto consigo mismo, pues el sentir su corazón lo llevó a revivir la habitación anterior, una sensación que le recordó el miedo que aún sentía; sin embargo, poco a poco intentaba sacarla de su cabeza.
 
—Tal vez investigar lo que hay aquí me ayude a distraerme...tsk...que feria tan rara —. Su mente seguía estando en un modo poco racional, a fin de cuentas, en otro momento se habría ido de aquella sala al notar cuerpos que no tenían que ver con su trabajo, pues entendía bien que no podía jugar con su suerte y tampoco debía actuar dejando huellas de su presencia en sitios indeseados…de hecho, se habría ido de la sala nada más notar a los cuerpos torturados y el cadáver en un sitio que debía ser una simple atracción de feria, pero ahora…
 
Rodeó la primera camilla y siguió el jadeo lastimero. Ignoró la segunda camilla, una que estaba a su izquierda y fue directo a la que estaba frente a él, deteniéndose cuando estuvo a su costado, en donde repitió el mismo proceso que en la anterior camilla: se inclinó un poco para ver el cuerpo.
 
—Ssssshhh…No llores, no sirve de nada que te quejes, con esas heridas que tienes estarás muerto dentro de poco —. Fue su mejor consuelo cuando notó heridas en forma de espiral en la cabeza del sujeto. —Es tan triste que no puedas hablar, quisiera saber quién eres, cómo y por qué te hicieron esto…Debió ser en verdad tortuoso, alguien si que debía estar aburrido para que se le ocurriera. Quisiera conocerlo para saber como es tan preciso y limpio como para que sigas vivo —. No sabía si el cuerpo frente a él podía escucharlo o no, pero hablarle le distraía del viejo terror que aún sentía.
 
—Aunque…tal vez el cómo lo hace pueda averiguarlo por mi cuenta. Jmmm…si tan solo hubiera una manera de sacarte de aquí —. Miró a sus alrededores. Se supone que una casa del terror debía tener objetos falsos, no reales… ¿Cómo hicieron para que los que entraron antes no se dieran cuenta de esto? ¿Acaso todos eran tan distraídos? —…Tal vez todos piensen que eres un simple muñeco… ¡Oh!...
 
Era una locura, pero no estaba pensando con claridad…primero frío, luego terror y ahora… ¿Cómo le podía llamar a lo que estaba por hacer? No encontraba una palabra, pero lo importante es que se había convencido a si mismo de que, si salía con el cuerpo del moribundo, las personas en la feria creerían que es un muñeco…después de todo, para él, el que creyeran que los cuerpos eran falsos, era la única forma de que nadie de los que hubiera entrado antes que él, hubiera denunciado la pequeña masacre.
 
—¡Buenas noticias para ti! Parece que volverás a ver la luz del día antes de salir…bueno…no, quizá no —. Al decir eso, el médico se quitó su gorro de lana y lo estiró para poder cubrir en su totalidad el rostro de la pobre víctima. —No puedo salir por ahí con alguien que tenga la cara taladrada, llamarías la atención aún más…aunque crean que eres un muñeco.
 
Luego de cubrir el rostro con su sombrero y de asegurarse de que estuviera bien colocado, el médico se inclinó más para poder cargar al desconocido y luego echárselo al hombro como un saco de papas.
 
—Bien, vámonos de aquí. Quiero analizar mejor tus heridas y, de todos modos, si no lo consigo, aun estas vivo…si sigues así, tus órganos podrían ayudar a salvar a alguno que otro desafortunado —. Pensó en el dinero que podría obtener, a fin de cuentas, estaban en una isla de médicos, una en donde muchos iban a buscar soluciones para su salud, así que, por lógica, habría alguien lo bastante desesperado como para querer hacer negocios con él con tal de extender un poco más su vida. —Je…entrar a este lugar fue una buena decisión, aunque…ahora que lo pienso…Se supone que buscaba la salida y… ¡Agh! ¿Hacia dónde se supone que es?
 
Caminó hacia la camilla uno y de nuevo la rodeó, dispuesto a salir de la sala 2, aunque no sin antes dar un vistazo hacia atrás…como si creyera que algo estaba fuera de lugar, bueno…más de lo que ya estaba.
 
Botiquín. Solo abrir en caso de emergencias
[Imagen: hyakocheja.png]


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RE: Presente Absoluto / T4 La arena en la nieve. - por Hyákinthos - 12-04-2026, 08:30 AM

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