El trabajo honesto y el pagar las deudas son cosas muy buenas para un ciudadano ejemplar. Moverse de la manera correcta y saber tener una palabra honorable a nivel social. La isla de Baterilla como un paraíso del edén dejaba en Heras cosas positivas, buenas, un nuevo comienzo lejos de su camino donde su cuerpo más que ser suyo era moneda de cambio. Su espíritu que había estado quebrado ahora que había iniciado de nuevo lo disfrutaba y sentía que se hacía valer.
Darse la oportunidad de aprender los marinos de esta isla. Conocer cómo leer el viento para poner la vela y la oportunidad de ser un marino los días de pesca era algo que disfrutaba mucho. Me encantaba más aunque para alguien con mis cualidades naturales es mejor bajar fruta de los árboles fuertes. Prefirió el camino del mar ya que era el que le gustaba, el que le llenaba y le hacía arder un fuego dentro de mi pecho.
Su cuerpo, brillante bajo el sol, único. Su cuerpo expuesto donde siente la brisa, el calor, lo disfruta, no se oculta y aunque no necesitaba voltear a ser visto sabe que está siendo observado. Le gusta eso y lo llena de energía. Se encontraba haciendo las amarras con fuerza en el puerto con la clara intención de que los botes no fueran con la marea. Tiraba con fuerza de las suyas y se aseguraba que la misma se apretara con la misma fuerza que hacía el mar pero se se pudiera demandar sin luchar contra ella.
Secuencial hacía cada una de ellas y las disfrutaba hasta que escucho que le hablaban. No volteó pues al principio parecía solo un grito al aire y yo no soy mascota para voltear a un llamado. Pero entonces le hablaron de una apuesta a sus alas. Si había algo cono lo que no debían jugar era con mis alas, me encantaban por eso las cuidaba tanto. Miré hacia atrás y noté una silueta encapuchada. No era más alta que yo, no me imponía miedo. Le hice un ademán asintiendo. — Te puedo dar un paseo con ellas si ganas, pero no puedes tenerlas, no se venden por separado. — Claro si esa persona quería cortarme las alas entonces tendría que darse de trompadas conmigo o alcanzarme en el cielo.
Habiendo hecho un ajuste en el acuerdo. — Aunque si tienes miedo de perder es comprensible.— La provocación sólo era un incentivo para que quisiera aceptar un trato un poco menos fatalista. Venia llegando de trabajar y ponerse a pelear no ayudaría a su imagen. — Aceptamos entonces.— Mostró su mano enforma de puño y de manera inmediata lo agitó hacia adelante seis veces. — Piedra, papel y tijeras, uno, dos, tres — En la ultima vez el movimiento de su mano quedó de frente co el puño cerrado mostrando una clara elección de piedras lo que implicaba que podría ganarle a tijeras y perder contra papel.
El resultado fue fácil de concluir y de manera inmediata se llevó las manos a la cintura. — La vida apesta. Después de ti. —
Darse la oportunidad de aprender los marinos de esta isla. Conocer cómo leer el viento para poner la vela y la oportunidad de ser un marino los días de pesca era algo que disfrutaba mucho. Me encantaba más aunque para alguien con mis cualidades naturales es mejor bajar fruta de los árboles fuertes. Prefirió el camino del mar ya que era el que le gustaba, el que le llenaba y le hacía arder un fuego dentro de mi pecho.
Su cuerpo, brillante bajo el sol, único. Su cuerpo expuesto donde siente la brisa, el calor, lo disfruta, no se oculta y aunque no necesitaba voltear a ser visto sabe que está siendo observado. Le gusta eso y lo llena de energía. Se encontraba haciendo las amarras con fuerza en el puerto con la clara intención de que los botes no fueran con la marea. Tiraba con fuerza de las suyas y se aseguraba que la misma se apretara con la misma fuerza que hacía el mar pero se se pudiera demandar sin luchar contra ella.
Secuencial hacía cada una de ellas y las disfrutaba hasta que escucho que le hablaban. No volteó pues al principio parecía solo un grito al aire y yo no soy mascota para voltear a un llamado. Pero entonces le hablaron de una apuesta a sus alas. Si había algo cono lo que no debían jugar era con mis alas, me encantaban por eso las cuidaba tanto. Miré hacia atrás y noté una silueta encapuchada. No era más alta que yo, no me imponía miedo. Le hice un ademán asintiendo. — Te puedo dar un paseo con ellas si ganas, pero no puedes tenerlas, no se venden por separado. — Claro si esa persona quería cortarme las alas entonces tendría que darse de trompadas conmigo o alcanzarme en el cielo.
Habiendo hecho un ajuste en el acuerdo. — Aunque si tienes miedo de perder es comprensible.— La provocación sólo era un incentivo para que quisiera aceptar un trato un poco menos fatalista. Venia llegando de trabajar y ponerse a pelear no ayudaría a su imagen. — Aceptamos entonces.— Mostró su mano enforma de puño y de manera inmediata lo agitó hacia adelante seis veces. — Piedra, papel y tijeras, uno, dos, tres — En la ultima vez el movimiento de su mano quedó de frente co el puño cerrado mostrando una clara elección de piedras lo que implicaba que podría ganarle a tijeras y perder contra papel.
El resultado fue fácil de concluir y de manera inmediata se llevó las manos a la cintura. — La vida apesta. Después de ti. —
referencia de apariencia
