12-04-2026, 10:06 PM
(Última modificación: 12-04-2026, 10:08 PM por Choi Hae-won.)
[personajeinvalido=3367]
No quiere volver a ver a ninguno de esos seres en su maldita vida. Eso lo tiene más que claro.
Choi no es una de esas personas demostrativas o apasionadas en lo emocional. Lo sería con las personas correctas en los momentos correctos. El forcejeo frío de manos que parecen tirar de sus hilos le obliga a mantenerse de lleno en la consola. Prestar atención a sus compañeros a menos que sea extremadamente necesario puede ser un poco más trabajoso de lo normal, sin embargo, ella prefiere que así sea.
«Voy a mover cada maldita palanca y presionar cada estúpido botón», dice la maldita hipócrita, cuando esa casi más la asesina con la mirada al hacerlo Choi antes de congelar a esa otra persona sin quererlo en la cámara dos. Respira, Hae-won. Respira y mantén la calma. Ya podrás desmoronarte más tarde.
Los marines también son personas, ¿lo sabían? Además, ¿qué mierda importa? Antes de escuchar más tonterías, se dispone a revisar cada uno de los mecanismos activados. La cámara de aspecto frío tiene la manivela número tres activada. La sala donde hay calderas tiene activada la válvula cuatro. La sala de torturas no tiene clavijas activas, pero anteriormente se activó la primera, provocando que el agua de la sala inundada se traspase allí. La sala de energía no tiene interruptores encendidos. El lugar cubierto de agua tiene activada la quinta palanca, y el segundo botón de la cámara restante no se ha tocado.
Ni siquiera mira a su compañero ni a la pirata. Ni siquiera presta atención al entorno cuando decide llevar a lo sumo su concentración, mirando cada imagen. Busca evaluar situaciones que pueden presentarse delicadas. Hay cosas que le parten en pedazos, pero cada vez que pasa el tiempo, más y más, se da cuenta de que su sentido del acostumbramiento a esta presión hace que todo lo que desee hacer sea mostrar eficiencia. Es terca como nadie. Quiere entender esa maldita máquina del infierno.
El apagón momentáneo le permite abrir los ojos. Una especie de ¿cortocircuito? pudo haber mantenido la calma, sí, pero no puede. Escuchar los gritos posteriores activa el factor dudas en su cerebro, la idea de que los sistemas de comunicación se hayan restablecido —cosa que le parece improbable pero que podría llegar a pasar porque ahora mismo todo puede ser posible— danza en el mismo aire.
Vuelve la concentración nuevamente, haciendo un nuevo recuento de la situación en la que se halla, ahora que otro botón se ha activado por mano de la birkaniana. Suspira. Traga saliva y mantiene el trato de no agresión clavado en su piel hasta que salgan todos de esa mierda. Solo tiene una extraña corazonada al tomar con calma al rebuscar entre sus cosas su propio DenDen para tenerlo a mano. Vuelve sus manos a la consola antes de activar la clavija número tres de la sala donde se encuentra Enji. Podrían probar la teoría, porque no sería mala idea, pero eso ya dependería de sus compañeros.
Vuelve su concentración de lleno a la consola para entenderla. Necesita saber qué carajos ocurre con ella y, por los dioses, hallar tal vez una respuesta digna de todo esto sin contratiempos. Lleva su mano al pecho de manera inconsciente al sentir el peso del collar donde su hermana se halla guardada. El tesoro de su corazón no es suficiente para entender los entresijos de la asquerosa vida que le ha tocado, cuyas luces son contadas, pero lo son todo para ella.
No quiere volver a ver a ninguno de esos seres en su maldita vida. Eso lo tiene más que claro.
Choi no es una de esas personas demostrativas o apasionadas en lo emocional. Lo sería con las personas correctas en los momentos correctos. El forcejeo frío de manos que parecen tirar de sus hilos le obliga a mantenerse de lleno en la consola. Prestar atención a sus compañeros a menos que sea extremadamente necesario puede ser un poco más trabajoso de lo normal, sin embargo, ella prefiere que así sea.
«Voy a mover cada maldita palanca y presionar cada estúpido botón», dice la maldita hipócrita, cuando esa casi más la asesina con la mirada al hacerlo Choi antes de congelar a esa otra persona sin quererlo en la cámara dos. Respira, Hae-won. Respira y mantén la calma. Ya podrás desmoronarte más tarde.
Los marines también son personas, ¿lo sabían? Además, ¿qué mierda importa? Antes de escuchar más tonterías, se dispone a revisar cada uno de los mecanismos activados. La cámara de aspecto frío tiene la manivela número tres activada. La sala donde hay calderas tiene activada la válvula cuatro. La sala de torturas no tiene clavijas activas, pero anteriormente se activó la primera, provocando que el agua de la sala inundada se traspase allí. La sala de energía no tiene interruptores encendidos. El lugar cubierto de agua tiene activada la quinta palanca, y el segundo botón de la cámara restante no se ha tocado.
Ni siquiera mira a su compañero ni a la pirata. Ni siquiera presta atención al entorno cuando decide llevar a lo sumo su concentración, mirando cada imagen. Busca evaluar situaciones que pueden presentarse delicadas. Hay cosas que le parten en pedazos, pero cada vez que pasa el tiempo, más y más, se da cuenta de que su sentido del acostumbramiento a esta presión hace que todo lo que desee hacer sea mostrar eficiencia. Es terca como nadie. Quiere entender esa maldita máquina del infierno.
El apagón momentáneo le permite abrir los ojos. Una especie de ¿cortocircuito? pudo haber mantenido la calma, sí, pero no puede. Escuchar los gritos posteriores activa el factor dudas en su cerebro, la idea de que los sistemas de comunicación se hayan restablecido —cosa que le parece improbable pero que podría llegar a pasar porque ahora mismo todo puede ser posible— danza en el mismo aire.
Vuelve la concentración nuevamente, haciendo un nuevo recuento de la situación en la que se halla, ahora que otro botón se ha activado por mano de la birkaniana. Suspira. Traga saliva y mantiene el trato de no agresión clavado en su piel hasta que salgan todos de esa mierda. Solo tiene una extraña corazonada al tomar con calma al rebuscar entre sus cosas su propio DenDen para tenerlo a mano. Vuelve sus manos a la consola antes de activar la clavija número tres de la sala donde se encuentra Enji. Podrían probar la teoría, porque no sería mala idea, pero eso ya dependería de sus compañeros.
Vuelve su concentración de lleno a la consola para entenderla. Necesita saber qué carajos ocurre con ella y, por los dioses, hallar tal vez una respuesta digna de todo esto sin contratiempos. Lleva su mano al pecho de manera inconsciente al sentir el peso del collar donde su hermana se halla guardada. El tesoro de su corazón no es suficiente para entender los entresijos de la asquerosa vida que le ha tocado, cuyas luces son contadas, pero lo son todo para ella.
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