Suave como la mantequilla, refrescante como el verano :: Pasado :: Privado.
#7
Narrador / María Merlot



Gomita se mantenía a distancia, como si ella pudiese hacerle daño. ¿Acaso le tenia miedo? ¿A ella? Eso si sería toda una novedad y una locura, motivado a que no mataría ni a una mosca. María respetaba la vida en todas sus formas, por eso que se había vuelto vegana, bueno, por eso y por lo que sucedió hacia muchos años cuando tuvo que comer cosas… no muy agradables para sobrevivir.

… así que si puedes ensuciarte por mi estaré agradecido.

María lo escucho con atención para luego dedicarle una amplia sonrisa. ¡Ella era una inútil! Pero él le estaba pidiendo algo que si podía hacer: Evitar que el humedal artificial atacara su muy blanca y pura ropa. En su cabeza tenía todo el sentido del mundo: Iba de blanco. Y si pensar en sacar las manchas marrones de su vestido amarillo le parecía una idea muy cansada, ni siquiera quería imaginarse de la suya blanca — Lo prometo, Gomita, lo prometo. Nada ni nadie te ensuciara mientras yo exista — le respondió uniendo sus manos para formar un corazón con los dedos, y mirarlo con la convicción de quien ha decidido dedicar su vida, no a una misión, sino a un ideal que estaba por encima de cualquiera, y en este caso, de que él no viera una gota de mugre en su atuendo.

Ya veo...

La falta de respuesta, la hizo parpadear. Hasta ese momento él había sido muy comunicativo, demasiado la verdad, y resultaba agradable que alguien siguiera sus ideas ¿Acaso dijo algo que le molesto? La mirada de la joven mestiza, tan privilegiada, se mantuvo sobre él por esos breves segundos. Estuvo tentada a preguntarle que sucedió pero las secuencias de acciones hicieron que el cuestionamiento no se diera.

El sexo de una rana se define por su tamaño, las hembras suelen ser más grandes que los machos, además de que las hembras suelen ser menos ruidosas que ese pequeñín.

Los labios de María formaron una perfecta “O” cuando escucho la información suministrada por el albino. La mirada descendió  al animal entre sus manos, uno que sujetaba por debajo de las patas delanteras, dejando las traseras libres al vacío — … no volveré a ver a las ranas igual. Ahora pensaré en qué tan grandes son y qué tanto chillan… — pronuncio con suavidad mirando con avidez al animal como si sus ojos ámbar estuvieran diseccionándolo y entendiendo cada misterio que lo envolvía. Lo cierto es que la mestiza siempre había tenido un interés ávido por el conocimiento y cada vez que alguien le suministraba un poco de este, aunque fueran migajas, los atesoraba mientras los grillos en su cabeza empezaban a chillar repetidos “¿Por qué? ¿Cómo? ¿Dónde? ¿Cuándo?”.

Si no me equivoco esa rana es macho, así que quizá debas intentar tú quitarle el hechizo al pobre príncipe, que está esperando el amor verdadero por quien sabe cuánto tiempo.

Aquellas palabras la hicieron levantar la mirada a Gomita, el especialista en flora y fauna. La carcajada fue lo único que dejo atrás cuando se dio la media vuelta para alejarse, dejándola ahí con las palabras aun rebotando en su cabeza — ¡Pobre Príncipe! ¿Cuánto tiempo llevas así? — giro a la rana para que quedara frente a ella mientras lo veía a sus amarillentos ojos con aquella pupila ovalada — ¿¡Estas listo!? — le pregunto con diversión ¿Pensó que no lo haría? Jamás había besado a una rana, hombres que parecieran una… muchos, no veía porque no hacerlo ahora… que justificaba un bien mayor.

Sin más miramientos unió sus labios al de la rana. El animal abrió sus ojos sorprendido... ¿tal vez?

No paso nada.

Volvió a unir sus labios.

No paso nada.

¡Qué frustrante!

Lo beso repetidas veces: en los labios, las mejillas, la cabeza.

Nada.

Lo único que pasaba es que ahora tenía una rana verde sonrojada entre sus manos. Al parecer su Toque Divino no solo funcionaba en humanos. ¿Acaso Gomita se estaba burlando de ella? ¡Qué hilarante! — … lo siento — musito con pesar, haciendo un leve mohín. Con un último beso en su cabecita, la puso con cuidado en el pantano. La miro por un momento, y una sombra abarco sus ojos ámbar. Ella sabía bien que esas historias infantiles no eran ciertas, solo fabulas creadas para llenar los vacíos de corazones desahuciados y darles motivos para continuar… justo como su caso. Ser una soñadora y seguir las fantasías que creaban el laberinto de grillos en su cabeza siempre resultaba más fácil y menos doloroso que deshojarlo con argumentos de la cruel realidad.

La sonrisa en los labios de la celeste regreso, justo cuando la voz del albino llego hasta ella, se había alejado mucho más. Le hablo sobre el cultivo del arroz. Los ojos ámbar de la semi sirena seguían su dedo índice y aquel toque suave que dio a la punta de la planta. Ella fue anotando mentalmente el conocimiento del arrozal mientras daba pequeños pasos para llegar a tierra firme. Cuando por fin estuvo sobre suelo solido sacudió su vestido y la piel llena de lodo, también reacomodo su cabello.

Aunque también existen variedades de arroz que pueden crecer en suelos secos ¿curioso, no?

Ella le sonrió y asintió con su cabeza. No sabía que aquella planta podía ser tan fascinante, o era el hombre cuyo relato era… envolvente. Sin importar la razón, ella lo recordaría y cuando volviera al Flush Royal se lo contaría a Algodón de Azúcar. Por un momento pensó en las personas, como arroces, pudiendo creer en distintos lugares para terminar en el mismo plato o tener los mismos ideales que los llevaran juntos a una meta en común. ¡Como sus Nakamas! Y ese ideal de la libertad, ella deseaba ser libre y aunque ya no era una prisionera… aún se sentía como una, aun no podía quitarse esa sensación del cuerpo… aun sentía que despertaría y estaría en la pecera de algún burdel, o peor, en el Nenúfar.

¿Cómo es la vida de pirata? he oído que muchos les temen.

Su silencio fue roto por una pregunta muy directa de Gomita. Ella alzo la mirada a sus ojos rasgados, sorprendida sí. Parpadeo, luego mordió su labio inferior como solía hacer Hyakinthos. ¿Cómo lo sabía? ¿Acaso él ya la conocía? ¿Era un aliado de los Piratas del Abismo? ¿Habían enviado a alguien por ella? La sorpresa dio paso al miedo, la sonrisa se borro de sus labios… y por primera vez en ese encuentro, fue ella la que se alejó, dando uno, dos, tres pasos hacia atrás… si él la atacaba, si él decidía llevársela… no había nadie que se interpusiera, estaban solos en el medio de un arrozal. Quizás si gritaba, saldría el amable señor del jugo de arroz… pero conociendo a la tripulación del Nenúfar, seguro terminaría muerto. ¡No! No quería que nadie muriera por su culpa.

— ¡¿Piratezca?! — respondió ¿o pregunto? Ni ella sabía, fue lo primero que salió de su boca, sin el toque alegre de antes. No sabía que decirle, los grillos en su cabeza se apagaron, y solo hubo algo latente: Huye, huye, huye — … no deberías acercarte, Gomita, estoy sucia… recuerda que prometí no ensuciarte — dijo con una sonrisa evidentemente forzada dando otro paso hacia atrás. ¿Y si corría? Si llegaba al mar estaría a salvo… él no parecía un gyojin. ¿Él notaria sus intenciones?

— Señorita María ahí está. ¿Qué le paso? — la voz del amable hombre del local se dejó escuchar, quien parecía muy preocupado por su nivel de lodosidad.

María lo observo, y por un momento recordó lo que ELLOS hacían a quienes se acercaban a ella. Si el albino venia de parte de los Piratas del Abismos, entonces ese amable señor moriría ahí, frente a ella. Pensar en eso la hizo estremecerse — ¡NO! — le dijo, su voz salió como un chillido mezclado de mando y miedo, que detuvo el andar del masculino. Su cuerpo se movió por inercia, acortando los tres metros con el sujeto albino, sin ensuciarlo, claro — … estoy bien, estamos bien. Mi amigo vino por mí, ya nos vamos. Gracias por el jugo — le sonrió, esta vez con sinceridad, aunque su voz temblaba evidenciando su pánico para alguien muy observador. Luego volteo a ver al tipo malo —… por favor, no le hagas nada. Solo me dio jugo de arroz. Iré contigo, pero no le hagas nada, es un buen hombre. No tiene nada que ver conmigo, con nosotros... — le susurro, aunque fue más bien una súplica… no quería ver sangre, no quería ir tampoco, pero… ella ya estaba acostumbrada, y lo tenía bien asumido también: Nunca seria libre.



README
Karma Fanático: Hyakinthos. 
[Imagen: mmocheja.png]
  Responder


Mensajes en este tema
RE: Suave como la mantequilla, refrescante como el verano :: Pasado :: Privado. - por Maria Merlot - 12-04-2026, 10:48 PM

Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)