El precio de la hiel [Fic, pasado]
#2
El precio de la hiel (II)

Stroud cayó al suelo de espaldas, recibendo de golpe la dureza del asfalto del patio de armas sobre la musculatura de su espalda como un castigo por su incompetencia. Frente a él, extenuado, permanecía en pie su rival, Duort. O, al menos, ese era el nombre que él recordaba, con el que él siempre se había referido a aquel joven en sus recuerdos. Puede que hubiese sido solo un alias, o su apellido, o algo que Stroud se hubiese inventado completamente; no había forma de saberlo con certeza. En el cuartel, nombres, apellidos, motes y títulos oficiales se entremezclaban con una frecuencia de vértigo, por lo que, con el pasar de los años, los nombres se emborronaban, y la frontera entre el nombre de uno y cómo lo llamaban los demás se volvía difusa.

Sobre él, el cielo despejado y azul del North Blue, las gaviotas de la base volando en círculos sobre todos ellos. A su alrededor, seguían transcurriendo otras peleas de entrenamiento. Una mano se acercó, ayudándolo a levantarse. "Arriba, lo has hecho bien," dijo Reggie, mirando a Duort, mientras Stroud se levantaba con dificultad del pavimento. Su espalda sangraba, magullada, formando múltiples manchas rojas sobre el blanco de su camiseta. No le importó; su ropa de entrenamiento estaba en unas condiciones deplorables. "Seguimos," dijo Stroud, limpiándose el sudor de la frente con el dorso de la mano. Reggie lo miró alzando una ceja, incrédulo. Duort recogió su alborotado pelo pajizo tras sus orejas, clavando sus ojos en su rival. ¿No ha tenido suficiente?, parecía pensar. Sin embargo, se limitó a asentir, poniéndose en guardia una vez más.

Stroud cerró sus manos encallecidas una vez más, poniéndose en guardia también. Esta vez, se aseguró de lanzar el primer ataque. Pero no podía ir a lo loco; en su estado, gastar más energía de la cuenta le supondría acabar por los suelos otra vez. Ambos se observaron, midiéndose, atentos al movimiento el uno del otro. Stroud supo que su rival estaba a la espera. No debía precipitarse, ni siquiera en su finta. Las jugadas empezaban a superponerse en las cabezas de ambos. Pasaron los segundos, lentísimos, densos, mientras ambos se miraban, haciendo movimientos medidos y posicionándose, recortando distancias en máxima tensión. Podía estallar en cualquier momento.

Finalmente, Stroud comenzó su ofensiva. Comenzó recortando la escasa distancia que los separaba, apenas un par de metros, hasta que se hubo situado a escasos centímetros de su rival. Un movimienzo rápido, ágil, o tan rápido y ágil como podía en su estado. Un chorreón de sangre cayó desde su nariz en el proceso. Entonces, la parte más importante de su plan: la doble finta. En cuestión de un instante, hizo aparentar que golpearía con el brazo derecho de forma muy obvia, pasando entonces al izquierdo, para entonces pasar al derecho. Y entonces... un fuerte rodillazo en su esternón le cortó de golpe el pensamiento. Se desplomó sobre el suelo una vez, sin poder siquiera respirar.

Duort dejó caer su bokken al suelo con un sonido seco y se palmeó las manos, deshaciéndose del polvo, como si hubiera concluido la faena. Stroud intentó levantarse, en vano.




El magullado Stroud, de vuelta en su uniforme de recluta, se sentó frente a una de las mesas de la cantina y, con desgana, comenzó a tomar cucharadas de lo que fuese el mejunje que les daban aquel día. Reggie se sentó a su lado, con una sonrisa de oreja a oreja. "No lo has hecho mal. Era Duort, al fin y al cabo," dijo, aún masticando audiblemente un pedazo de pan. A apenas un par de metros de ambos, Duort, rodeado de su pequeño grupo de admiradores, recibía felicitaciones por su actuación en el entrenamiento de aquel día.

A Stroud le resultaba difícil no admirarlo. Había algo en aquel chico, de su misma edad, que imponía respeto, incluso entre los reclutas más mayores. Peleaba con fiereza, sirviéndose únicamente de patadas y espadazos, en un estilo peculiar, como si no temiese a nada; desarrollaba estrategias complejas sin dificultad, y era capaz de ver a través de los trucos de los demás con la misma facilidad que había visto a través de su burdo intento de doble finta. Había quien decía que se convertiría en el segundo almirante más joven de la historia.

¿Cómo estar a la altura? El estilo de Stroud era distinto, claro, y no tenía intención ninguna de cambiarlo. Pero había algo en aquella forma de comportarse, en aquella manera de pelear y de idear los propios movimientos que era simplemente sobresaliente, propio de los guerreros naturales. En sus años de peleas callejeras, en los que había luchado por sobrevivir en más de una ocasión, jamás había visto semejante talento natural para el combate. Resultaba difícil no admirarse.
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RE: El precio de la hiel [Fic, pasado] - por Stroud Nanashi - 12-04-2026, 10:49 PM

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