13-04-2026, 03:37 AM
(Última modificación: 13-04-2026, 03:40 AM por Miyori Hoshino.
Razón: Agregué color a un diálogo
)
Mi cuerpo permanecía rígido, como si estuviera atrapado en un frío que parecía haberse instalado en mis huesos, lentamente, mi temperatura parecía regularse junto con mis sentidos, era como tener de nuevo el control sobre mi propio cuerpo. Mis manos, aún temblorosas, se aferraron al arco como si en él encontraran el ancla y propósito para seguir luchando, y al inhalar profundo con dificultad, ese aire pesado se transformó en algo distinto, era valor. Me incorporé poco a poco no sin antes resentir el dolor del entumecimiento dejando mis músculos, al alzar la mirada hacia la pelea que nunca paró, supe que ya no podía quedarme atrás, apreté el arco con fuerza, di un paso al frente… y finalmente, estaba de vuelta.
Tenía mi arco y mis flechas listas, tensas, con la puntería puesta en mi enemigo, y avancé con pasos lentos y cuidadosos, como si cada movimiento aún tuviera que negociar con el frío que se resistía en abandonarme. No estaba congelada, no estaba paralizada, pero en mi piel persistía una sensación helada que hacía que mis músculos respondieran con demora, como si aún despertaran de aquel estado tortuoso.
El señor gigante mantenía aprisionado al gyojin Arnold bajo el peso de su enorme arma, dominándolo con una fuerza admirable, mientras mis compañeras ya se movían con una determinación clara, listas para aprovechar cada apertura de aquel instante. Yo no dudé, avancé para sumarme a la lluvia de ataques provisionales contra Redflags, sintiendo cómo la tensión del momento encendía de nuevo mis reflejos y mi voluntad, alineándome con ellas en un mismo impulso de ofensiva.
Un grito rasgó el aire, seguido de una súplica que no encajaba con la imagen que aquel hombre había proyectado antes, soberano, despiadado, hostil, alguien que parecía no conocer la debilidad. Ahora, sin embargo, lo veíamos reducido a la desesperación, clamando por piedad, ofreciendo a cambio una salida de aquel lugar y la promesa de ayudarnos a encontrar a nuestros compañeros. Me asombré ante tal cambio de actitud.
Pero la hermosa Gyojin Medusa no creyó en ninguna de sus palabras, procediendo a registrarlo con la intención de conseguir la llave de nuestros collares, por su parte la chica zorro, que ahora era una mapache, se aventuró a revisar la plataforma donde Arnold advierte hay una trampa que solo se activa con el análisis de sus ojos.
Un destello de esperanza se abrió paso en mis ojos, frágil pero vivo, ¿Había más esclavos aquí?, sus palabras sobre nuestros compañeros encendieron una chispa inmediata en mi pecho, felicidad, pero que no duró mucho en cuanto recordé la crudeza de nuestra situación, de estar en una habitación cruel donde nos habían arrojado como animales obligados a pelear por sobrevivir. La imagen de Cill, quizás al borde de la muerte, me atravesó como una punzada de dolor, seguida por la del Lunarian que había conocido en el Ferry, su destino igual era incierto. La esperanza seguía ahí, sí, pero ahora venía acompañada de miedo.
—- De verdad… —- murmuré, casi sin voz, la garganta seca como si cada palabra tuviera que rasparse para salir —- ¿Están nuestros compañeros en este lugar?
Mi mano temblaba sobre el marco y las flechas, y sé que las palabras de ellas tenían razón, ¿Cómo confiar en alguien que hace un par de minutos nos quería matar?, pero… ¿Y sí hablaba con la verdad?, ¿Y sí sólo estaba siendo manipulado por otras personas?, Ese tal Lon… ¿Landon?
—- ¿Fue Landon quién lo obligó a hacer esto?, ¿Él planeó todo este juego macabro?, de verdad es un hombre cruel… —- Dije con cierta incomodidad, confundida, había tantas cosas por entender y procesar, sentí pena por él, por el Gyojin, por la forma en como pedía clemencia, y también parecía que sufría en su posición.
—-- ¿Podemos pedir ayuda por su Den Den Mushi?... —- Le hablé con tranquilidad, tratando de mantener a margen mi angustia por saber de mis compañeros y tratar de pensar con mayor claridad. Los demás no parecen confiar en Arnold, incluso en mí había una pizca de duda, pero, si dice la verdad tendría que cooperar con nosotros, ¿Verdad? —- ¿Cuántas salas hay en este lugar?, ¿Cuántos guardias como tú se encuentran aquí?, no creo que ella le permita mentir… —- Dije referente a como la chica medusa lo tenía bajo su merced con el control de sus dagas, vigilante de todos sus movimientos.
—- ¿Qué tal sí… él está diciendo la verdad?, señor… —- Miré ahora al gigante azul, quién con su fuerza sometía al Marine víctima de torturas como nosotros.
Pase las flechas a mi mano izquierda, donde reposaba el arco, y me acerqué a la Gyojin femenina con la intención de tomar el Den Den Mushi que había sacado de Arnold. —- Intentaré ver si alguien responde. —- Una vez teniendo el caracol comunicador en mis manos, lo miré con dulzura porque quizás no cooperaría conmigo por no ser su dueña.
—-Por favor, comunícame con alguien cercano en nombre de Arnold Redflags.
Tenía mi arco y mis flechas listas, tensas, con la puntería puesta en mi enemigo, y avancé con pasos lentos y cuidadosos, como si cada movimiento aún tuviera que negociar con el frío que se resistía en abandonarme. No estaba congelada, no estaba paralizada, pero en mi piel persistía una sensación helada que hacía que mis músculos respondieran con demora, como si aún despertaran de aquel estado tortuoso.
El señor gigante mantenía aprisionado al gyojin Arnold bajo el peso de su enorme arma, dominándolo con una fuerza admirable, mientras mis compañeras ya se movían con una determinación clara, listas para aprovechar cada apertura de aquel instante. Yo no dudé, avancé para sumarme a la lluvia de ataques provisionales contra Redflags, sintiendo cómo la tensión del momento encendía de nuevo mis reflejos y mi voluntad, alineándome con ellas en un mismo impulso de ofensiva.
Un grito rasgó el aire, seguido de una súplica que no encajaba con la imagen que aquel hombre había proyectado antes, soberano, despiadado, hostil, alguien que parecía no conocer la debilidad. Ahora, sin embargo, lo veíamos reducido a la desesperación, clamando por piedad, ofreciendo a cambio una salida de aquel lugar y la promesa de ayudarnos a encontrar a nuestros compañeros. Me asombré ante tal cambio de actitud.
Pero la hermosa Gyojin Medusa no creyó en ninguna de sus palabras, procediendo a registrarlo con la intención de conseguir la llave de nuestros collares, por su parte la chica zorro, que ahora era una mapache, se aventuró a revisar la plataforma donde Arnold advierte hay una trampa que solo se activa con el análisis de sus ojos.
Un destello de esperanza se abrió paso en mis ojos, frágil pero vivo, ¿Había más esclavos aquí?, sus palabras sobre nuestros compañeros encendieron una chispa inmediata en mi pecho, felicidad, pero que no duró mucho en cuanto recordé la crudeza de nuestra situación, de estar en una habitación cruel donde nos habían arrojado como animales obligados a pelear por sobrevivir. La imagen de Cill, quizás al borde de la muerte, me atravesó como una punzada de dolor, seguida por la del Lunarian que había conocido en el Ferry, su destino igual era incierto. La esperanza seguía ahí, sí, pero ahora venía acompañada de miedo.
—- De verdad… —- murmuré, casi sin voz, la garganta seca como si cada palabra tuviera que rasparse para salir —- ¿Están nuestros compañeros en este lugar?
Mi mano temblaba sobre el marco y las flechas, y sé que las palabras de ellas tenían razón, ¿Cómo confiar en alguien que hace un par de minutos nos quería matar?, pero… ¿Y sí hablaba con la verdad?, ¿Y sí sólo estaba siendo manipulado por otras personas?, Ese tal Lon… ¿Landon?
—- ¿Fue Landon quién lo obligó a hacer esto?, ¿Él planeó todo este juego macabro?, de verdad es un hombre cruel… —- Dije con cierta incomodidad, confundida, había tantas cosas por entender y procesar, sentí pena por él, por el Gyojin, por la forma en como pedía clemencia, y también parecía que sufría en su posición.
—-- ¿Podemos pedir ayuda por su Den Den Mushi?... —- Le hablé con tranquilidad, tratando de mantener a margen mi angustia por saber de mis compañeros y tratar de pensar con mayor claridad. Los demás no parecen confiar en Arnold, incluso en mí había una pizca de duda, pero, si dice la verdad tendría que cooperar con nosotros, ¿Verdad? —- ¿Cuántas salas hay en este lugar?, ¿Cuántos guardias como tú se encuentran aquí?, no creo que ella le permita mentir… —- Dije referente a como la chica medusa lo tenía bajo su merced con el control de sus dagas, vigilante de todos sus movimientos.
—- ¿Qué tal sí… él está diciendo la verdad?, señor… —- Miré ahora al gigante azul, quién con su fuerza sometía al Marine víctima de torturas como nosotros.
Pase las flechas a mi mano izquierda, donde reposaba el arco, y me acerqué a la Gyojin femenina con la intención de tomar el Den Den Mushi que había sacado de Arnold. —- Intentaré ver si alguien responde. —- Una vez teniendo el caracol comunicador en mis manos, lo miré con dulzura porque quizás no cooperaría conmigo por no ser su dueña.
—-Por favor, comunícame con alguien cercano en nombre de Arnold Redflags.
Amphitrite toca la canción
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