El discurso terminó. Kazan lo había escuchado entero sin moverse, sin aligerar un solo gramo de la presión sobre Kurogane, sin hacer nada que pudiera interpretarse como señal de que las palabras habían encontrado algún lugar donde aterrizar, nada de lo que dijera aquel cabeza pelada azulado le haria frenar el impetú que su pero provocaba. La mano derecha seguía cerrada sobre el mango. El peso seguía volcado hacia abajo. Sus ojos recorrieron la sala despacio, con el mismo ritmo pausado con que los había recorrido al principio del combate cuando todavía estaba calculando ángulos y distancias. Lo que vio ahora era distinto de lo que había visto entonces. Miyori se estaba incorporando, los brazos todavía torpes por la parálisis pero los ojos abiertos y la expresión de alguien que ha decidido que dos turnos en el suelo son suficientes. La escarcha todavía brillando en la tela de su ropa. Kazan sintió algo que no era exactamente alivio pero que se le parecía. Mell estaba revisando a Arnold con una eficiencia que Kazan no quiso analizar demasiado de cerca porque la expresión de la gyojin mientras hurgaba bolsillos ajenos era la de alguien que llevaba haciendo eso milenios. Nyra había subido a la plataforma. Kazan la vio desaparecer por el borde del escalón con el salto limpio que tenía siempre. Buscando la trampilla que habia dicho el individuo, si existía y si era lo que Arnold decía que era, Nyra lo encontraría. Si no existía, Nyra también lo encontraría.
"El escáner ocular."
Eso fue lo que le había rozado de forma extraña mientras Arnold hablaba. No fue algo que Kazan pudiera articular con precisión, no tenía el tipo de cabeza que articula cosas con precisión y menos cosas tecnológicas, pero había algo en esa parte específica del discurso que no sonaba igual que el resto. Las demás mentiras, si eran mentiras, eran del tipo que la gente dice cuando tiene miedo. La diferencia era sutil y Kazan no sabría explicarla.
-Trampilla.- Lo dijo sin preliminares, la voz grave -Puede existir. Lo creo.- Una pausa. -Lo del escáner no me lo creo.- No hubo acusación en el tono ni una explicación super detallada, alguien podria elegir que creer y que no. Fue simplemente una observación, plana y directa. Kazan no tenía argumentos elaborados para sostenerla.-Si la trampilla se abre sola o con una palanca o con cualquier otra cosa que no seas tú, bien. Si solo se abre con tus ojos, entonces vienes con nosotros hasta que se abra.- Sus ojos bajaron hacia Arnold por primera vez desde que había empezado a hablar, y lo miraron con la misma calma con que había mirado a los rivales en la arena durante décadas sin desprecio particular, sin curiosidad especial.-Y antes de que digas algo más, Arnold Redflag el Tercero...- El nombre salió completo, sin burla, sin el énfasis sarcástico de las veces anteriores. -Los compañeros que mencionas. ¿En qué salas están? ¿Cuántas salas hay en total? ¿Cuántos como tú esperan en ellas?-
Le preguntó exactamente lo que quería saber.
"El escáner ocular."
Eso fue lo que le había rozado de forma extraña mientras Arnold hablaba. No fue algo que Kazan pudiera articular con precisión, no tenía el tipo de cabeza que articula cosas con precisión y menos cosas tecnológicas, pero había algo en esa parte específica del discurso que no sonaba igual que el resto. Las demás mentiras, si eran mentiras, eran del tipo que la gente dice cuando tiene miedo. La diferencia era sutil y Kazan no sabría explicarla.
-Trampilla.- Lo dijo sin preliminares, la voz grave -Puede existir. Lo creo.- Una pausa. -Lo del escáner no me lo creo.- No hubo acusación en el tono ni una explicación super detallada, alguien podria elegir que creer y que no. Fue simplemente una observación, plana y directa. Kazan no tenía argumentos elaborados para sostenerla.-Si la trampilla se abre sola o con una palanca o con cualquier otra cosa que no seas tú, bien. Si solo se abre con tus ojos, entonces vienes con nosotros hasta que se abra.- Sus ojos bajaron hacia Arnold por primera vez desde que había empezado a hablar, y lo miraron con la misma calma con que había mirado a los rivales en la arena durante décadas sin desprecio particular, sin curiosidad especial.-Y antes de que digas algo más, Arnold Redflag el Tercero...- El nombre salió completo, sin burla, sin el énfasis sarcástico de las veces anteriores. -Los compañeros que mencionas. ¿En qué salas están? ¿Cuántas salas hay en total? ¿Cuántos como tú esperan en ellas?-
Le preguntó exactamente lo que quería saber.
Marea Azul
