14-04-2026, 11:03 PM
Hacía ya 3 años desde aquél suceso que lo llevó a unirse a la marina, con la idea de hacer un cambio radical en el mundo, pero antes de poder lograr tal objetivo había que subir escalones pues se trata de un plan escalonado, el endgame como le dicen, y el paso número uno fue unirse a la marina, ya lo había logrado, segundo paso es hacerse de una división fuerte, compañeros confiables con los quién pelear a su lado y poder confiar su vida, tercer paso y realmente un paso que acompaña al resto de los pasos, hacerse más fuerte y para ello es necesario entrenar.
Entonces cuál fue el motivo de su inclusión en la marina y su objetivo, un ataque a su pueblo por unos piratas, indefenso, injusto, incapaz, y más emociones que sentía mientras solo podía observar su casa destruirse, sus vecinos pereciendo sin razón alguna, las riquezas que con tanto esfuerzo trabajaron para conseguir saqueadas. Para su suerte sobrevivió con su familia hasta la llegada de unos marines que lograron detener el atroz escenario de que siguiera escalonando, capturando, matando y provocando la huida de los piratas. Ese día conoció su objetivo, su razón de vida y su impulso a cambiar, pues a pesar de todo las vidas arruinadas no se recuperarían y cientos de vecinos tuvieron que empezar de 0, lo que tantos años duraron en construir por la borda. Esa noche tomó la decisión de defender a los débiles y acabar con la plaga que recorre los mares, destruir lo que ellos luchan por obtener y darles un poco de su propia medicina, no iba a convertirse en el más fuerte de los piratas para gobernarnos, sino para destruirlos y no como el pirata más fuerte, sino desde el lado de los buenos, el camino difícil, el camino que va hacia la cúspide desde el lado del acantilado, el camino noble.
La rutina diaria se volvió despertarse temprano antes del amanecer para recorrer la isla, después detenerse a entrenar sus habilidades marciales por unas horas y volver al cuartel a cumplir con su trabajo, horas y horas diarias de entrenamiento y sin día de descanso porque para llegar a la cima hay que hacer sacrificios, entre ellos los días libres y el ocio se volvió aquello que no necesita, solo sudor, sangre, trabajo duro y disciplina; Todo ello acompañado de una excelente actitud y una inteligencia de supervivencia.
Aquél día era soleado y de nubes ausentes, el cielo lucía espectacular con ese azul marino característico y el sol refulgiente a más no poder, pero a pesar de ello no hacía tanto calor gracias a la brisa marina, más específicamente en esa zona ayudaba bastante la presencia de los árboles como sombrilla para la pareja que se estaba paseando por allí; la rama de los árboles y sus hojas se mecían suavemente de lado a lado mientras observaban a la jovencita pegarle a su tronco como si hubieran hecho algo malo, como si su presencia estorbara o algo por el estilo. ¿Por qué todo el mundo los usaba como saco de boxeo? ¿No se daban cuenta que también son seres vivos? Y muchos incluso dicen que son seres sentientes y quién sabe, hasta podrían tener emociones. —algunas personas dicen que cuando les hablan a sus plantas incluso crecen mejor y más felices—. Volviendo al tema, el panorama luce bastante tranquilo y hasta privado, solamente observado por los pájaros que reposan con sus amigos árboles, plantas y entre otra flora y fauna, así le gustaba por la privacidad que le provee, rara vez alguien pasaba por ahí y podía entrenar sin interrupción —pero no ese día al parecer—.
Con ropajes de entrenamiento, una musculosa negra sinuada al cuerpo, un pantalón holgado y cómodo color beige, una cinta negra abrazando sus esculpidos brazos y cuello, un par de guantes que protegen su mano desde la muñeca hasta la primera mitad de sus falanges, unas botas duras y gruesas de cuero, su característico medallón de lobo colgada en su pecho y decorando su bello rostro un piercing en su oreja izquierda. Así vestía cómodamente para entrenar casi todos los días desde antes de que salga el sol hasta una hora antes de entrar a trabajar, al volver a casa para alistarse, todavía estábamos en el horario de entrenamiento, pero al menos ya había pasado las horas de hacer cardio y calentar, su cuerpo está completamente cubierto de sudor y las gotas caían de la punta de su cabello y bajaban por las perfectas facciones de su rostro, su nariz, su barbilla, su deseado cuerpo por donde sobresalen las deliciosas venas que muchas morirían por probar.
Llevaba ya unos minutos de pie al lado de un árbol observando a la muchacha dar patadas a un tronco inmóvil, su postura no era mala pero no perfecta, pero quién la tenía, definitivamente ninguno de los dos como para dar consejos. Se acercó a un paso tranquilo para no alarmar.
Una muchacha de cuerpo hermoso y una caballera bastante cuidada, su rostro llamó su atención desde el día que la conoció y le resultaba difícil concentrarse en otra cosa cuando la tenía a la vista, curiosamente ninguna mujer o persona había provocado algo igual en él, ni cerca pues en su vida le había parecido una persona "hermosa" o "bonita" ni que su corazón se acelerara cuando se acerca como lo hacía ella en él. Recordó el día en que se acercó en la marine a presentarse y por un momento se quedó paralizado, perplejo, por suerte logró mantener la voluntad y la cabeza tan fría como pudo cuando su corazón bombeaba litros de sangre a su cabeza y se lo calentaba a mil, su cabeza y... El resto del cuerpo.
Una vez cruzó el umbral de la distancia para mantenerse al límite de su zona de comfort y lo que muchos denominan como espacio personal, unos metro y medio de distancia, le sonrió, ya no sabía si su respiración agitada era producto del ejercicio o de la presencia de la chica, pero se llevó su mano detrás de su cabeza con nerviosismo y jugó con su cabello, según él de manera discreta pero su nerviosismo era casi que claro.
—Buenos días, Kagura ¿cierto? No sé si te acuerdas de mí, soy Alexander, la conocí en la marine, antes de que me trasladaran de vuelta para acá.— hizo una pequeña pausa para no parecer un monólogo. —Estuve viéndola entrenar, no es que me guste espiar a la gente ni nada, es que simplemente suelo venir aquí todos los días también. La verdad es que es la primera vez que la veo, de hecho no sabía que eras de Kárate. Y me da gusto.—
Nervioso o no, estúpido o pensando con la cabeza equivocada, siempre es sincero en todo, incluso en sus propios sentimientos y al mismo tiempo es directo, tanto como lo permita el umbral de incomodidad, para no sobrepasarlo claro.
—La verdad es que estoy empezando mi entrenamiento de fuerza. ¿Le gustaría compartir la rutina conmigo? Digo ya que estás haciendo lo mismo, a veces patear algo que se sabe defender es mejor que un tronco inmóvil, aprendes más cosas. ¿Qué me dices? No te preocupes sin compromiso, no me voy a molestar porque te niegues, simplemente fue una petición cordial.—
Tal vez si se callara o hablara menos le permitiría a la joven responder, se dio cuenta de ello y por fin se calló dejando unos segundos que necesitaba para responder.
Para su buena fortuna, la de Kagura, él también se especializaba en combate cuerpo a cuerpo y eso le permitiría a ambos aprender cosas nuevas y medir un poco sus fuerzas, siendo él nuevo en el equipo muchos lo toman de novato y pues así es, pero eso no medía en nada su nivel de combate así también le servía para medirse frente a sus colegas también.
Entonces cuál fue el motivo de su inclusión en la marina y su objetivo, un ataque a su pueblo por unos piratas, indefenso, injusto, incapaz, y más emociones que sentía mientras solo podía observar su casa destruirse, sus vecinos pereciendo sin razón alguna, las riquezas que con tanto esfuerzo trabajaron para conseguir saqueadas. Para su suerte sobrevivió con su familia hasta la llegada de unos marines que lograron detener el atroz escenario de que siguiera escalonando, capturando, matando y provocando la huida de los piratas. Ese día conoció su objetivo, su razón de vida y su impulso a cambiar, pues a pesar de todo las vidas arruinadas no se recuperarían y cientos de vecinos tuvieron que empezar de 0, lo que tantos años duraron en construir por la borda. Esa noche tomó la decisión de defender a los débiles y acabar con la plaga que recorre los mares, destruir lo que ellos luchan por obtener y darles un poco de su propia medicina, no iba a convertirse en el más fuerte de los piratas para gobernarnos, sino para destruirlos y no como el pirata más fuerte, sino desde el lado de los buenos, el camino difícil, el camino que va hacia la cúspide desde el lado del acantilado, el camino noble.
La rutina diaria se volvió despertarse temprano antes del amanecer para recorrer la isla, después detenerse a entrenar sus habilidades marciales por unas horas y volver al cuartel a cumplir con su trabajo, horas y horas diarias de entrenamiento y sin día de descanso porque para llegar a la cima hay que hacer sacrificios, entre ellos los días libres y el ocio se volvió aquello que no necesita, solo sudor, sangre, trabajo duro y disciplina; Todo ello acompañado de una excelente actitud y una inteligencia de supervivencia.
Aquél día era soleado y de nubes ausentes, el cielo lucía espectacular con ese azul marino característico y el sol refulgiente a más no poder, pero a pesar de ello no hacía tanto calor gracias a la brisa marina, más específicamente en esa zona ayudaba bastante la presencia de los árboles como sombrilla para la pareja que se estaba paseando por allí; la rama de los árboles y sus hojas se mecían suavemente de lado a lado mientras observaban a la jovencita pegarle a su tronco como si hubieran hecho algo malo, como si su presencia estorbara o algo por el estilo. ¿Por qué todo el mundo los usaba como saco de boxeo? ¿No se daban cuenta que también son seres vivos? Y muchos incluso dicen que son seres sentientes y quién sabe, hasta podrían tener emociones. —algunas personas dicen que cuando les hablan a sus plantas incluso crecen mejor y más felices—. Volviendo al tema, el panorama luce bastante tranquilo y hasta privado, solamente observado por los pájaros que reposan con sus amigos árboles, plantas y entre otra flora y fauna, así le gustaba por la privacidad que le provee, rara vez alguien pasaba por ahí y podía entrenar sin interrupción —pero no ese día al parecer—.
Con ropajes de entrenamiento, una musculosa negra sinuada al cuerpo, un pantalón holgado y cómodo color beige, una cinta negra abrazando sus esculpidos brazos y cuello, un par de guantes que protegen su mano desde la muñeca hasta la primera mitad de sus falanges, unas botas duras y gruesas de cuero, su característico medallón de lobo colgada en su pecho y decorando su bello rostro un piercing en su oreja izquierda. Así vestía cómodamente para entrenar casi todos los días desde antes de que salga el sol hasta una hora antes de entrar a trabajar, al volver a casa para alistarse, todavía estábamos en el horario de entrenamiento, pero al menos ya había pasado las horas de hacer cardio y calentar, su cuerpo está completamente cubierto de sudor y las gotas caían de la punta de su cabello y bajaban por las perfectas facciones de su rostro, su nariz, su barbilla, su deseado cuerpo por donde sobresalen las deliciosas venas que muchas morirían por probar.
Llevaba ya unos minutos de pie al lado de un árbol observando a la muchacha dar patadas a un tronco inmóvil, su postura no era mala pero no perfecta, pero quién la tenía, definitivamente ninguno de los dos como para dar consejos. Se acercó a un paso tranquilo para no alarmar.
Una muchacha de cuerpo hermoso y una caballera bastante cuidada, su rostro llamó su atención desde el día que la conoció y le resultaba difícil concentrarse en otra cosa cuando la tenía a la vista, curiosamente ninguna mujer o persona había provocado algo igual en él, ni cerca pues en su vida le había parecido una persona "hermosa" o "bonita" ni que su corazón se acelerara cuando se acerca como lo hacía ella en él. Recordó el día en que se acercó en la marine a presentarse y por un momento se quedó paralizado, perplejo, por suerte logró mantener la voluntad y la cabeza tan fría como pudo cuando su corazón bombeaba litros de sangre a su cabeza y se lo calentaba a mil, su cabeza y... El resto del cuerpo.
Una vez cruzó el umbral de la distancia para mantenerse al límite de su zona de comfort y lo que muchos denominan como espacio personal, unos metro y medio de distancia, le sonrió, ya no sabía si su respiración agitada era producto del ejercicio o de la presencia de la chica, pero se llevó su mano detrás de su cabeza con nerviosismo y jugó con su cabello, según él de manera discreta pero su nerviosismo era casi que claro.
—Buenos días, Kagura ¿cierto? No sé si te acuerdas de mí, soy Alexander, la conocí en la marine, antes de que me trasladaran de vuelta para acá.— hizo una pequeña pausa para no parecer un monólogo. —Estuve viéndola entrenar, no es que me guste espiar a la gente ni nada, es que simplemente suelo venir aquí todos los días también. La verdad es que es la primera vez que la veo, de hecho no sabía que eras de Kárate. Y me da gusto.—
Nervioso o no, estúpido o pensando con la cabeza equivocada, siempre es sincero en todo, incluso en sus propios sentimientos y al mismo tiempo es directo, tanto como lo permita el umbral de incomodidad, para no sobrepasarlo claro.
—La verdad es que estoy empezando mi entrenamiento de fuerza. ¿Le gustaría compartir la rutina conmigo? Digo ya que estás haciendo lo mismo, a veces patear algo que se sabe defender es mejor que un tronco inmóvil, aprendes más cosas. ¿Qué me dices? No te preocupes sin compromiso, no me voy a molestar porque te niegues, simplemente fue una petición cordial.—
Tal vez si se callara o hablara menos le permitiría a la joven responder, se dio cuenta de ello y por fin se calló dejando unos segundos que necesitaba para responder.
Para su buena fortuna, la de Kagura, él también se especializaba en combate cuerpo a cuerpo y eso le permitiría a ambos aprender cosas nuevas y medir un poco sus fuerzas, siendo él nuevo en el equipo muchos lo toman de novato y pues así es, pero eso no medía en nada su nivel de combate así también le servía para medirse frente a sus colegas también.
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