15-04-2026, 12:22 AM
Kibai se sentó con una sonrisa, recordando que aquellas palabras habían sido las primeras que había intercambiado con Stroud en la taberna de Pushkin, hacia lo que ya parecía una eternidad. Estaba claro que el oficial tenía demasiadas cosas en la cabeza como para acordarse de aquellos detalles. Sin darle más importancia, Kibai se dejó caer en una de las sillas, el mink echó un brazo por detrás del respaldo y alzó la jarra hacia su boca, inclinando la cabeza hacia atrás para dar tres largos tragos al recipiente de madera.
El líquido, aún tibio, resbaló por su garganta, calmando gratamente su sed. Para su sorpesa, no era de vaca, ni de cabra, como se supondría, sino de algún otro tipo de animal. Curioso, Kibai dio un nuevo trago, esta vez deteniendose a paladear mejor el contenido de la jarra.
— "Curioso, tendré que procurar hacerme con unas cuantas botellas para conservarlas y hacer algo con ella... puede que un queso se cure bastante bien, o tal vez..."
No obstante, la pregunta simple, pero a la vez amplia de su comandante lo sacó de sus pensamientos. Con una ceja alzada, comprobó como Stroud sacaba los dados y se dispuso a recoger su par, comprobando el resultado que el joven rubio había sacado. Dejando la jarra encima de la mesa, Kibai se crujió las falanges, antes de colocar las manos entrelazdas detrás de su nuca.
— Pues ya se imagina, comandante... Lo de siempre. Mucho que hacer, poco tiempo... Aunque personalmente me alegra haber dejado atrás Little Garden. Esa isla era todo lo que yo podía desear, rincones recónditos que explorar, presas absurdamente peligrosas que cazar y muchos ingredientes raros que recolectar, pero bueno... digamos que de alguna manera ese lugar me traía demasiada nostalgia, si usted me entiende. Además el hecho de saber que me libraré de ver monos por una larga temporada es algo que me hace dormir mucho mejor, de eso no le quepa la menor duda.
Sopensando los dados en la palma de su mano, Kibai comezó a hacerlos rodar entre sus dedos, tirándolos al aire. Los dos cubos subieron casi dos metros en el aire, mientras el mink los observaba con una sonrisa afilada en su rostro. Justo mientras caían, lanzó rapidamente su mano, atrapandolos con la palma de la mano contra la madera de la mesa dando un sordo golpetazo. Sin levantar la mano, sacó de su morral otros 10 berries, que dejó encima de la mesa.
Con una sonrisa, levantó la mano para ver el resultado de sus dados.
— Un seis y un cinco. Once, parece que el bote aumenta a 20 berries...
Recogiendo los dados para seguir jugeteando con ellos entre los dedos, Kibai miró a sus compañeros.
— Esta isla, si me lo preguntáis, me parece bastante más interesante de lo que aparenta en un inicio. Las islas de invierno tienen la mala costumbre de ocultar sus mejores cosas debajo de la nieve, o bien hacia su centro. Tengo muchas ganas de hacer alguna expedición que otra, a buen seguro encuentro algo decente.
El líquido, aún tibio, resbaló por su garganta, calmando gratamente su sed. Para su sorpesa, no era de vaca, ni de cabra, como se supondría, sino de algún otro tipo de animal. Curioso, Kibai dio un nuevo trago, esta vez deteniendose a paladear mejor el contenido de la jarra.
— "Curioso, tendré que procurar hacerme con unas cuantas botellas para conservarlas y hacer algo con ella... puede que un queso se cure bastante bien, o tal vez..."
No obstante, la pregunta simple, pero a la vez amplia de su comandante lo sacó de sus pensamientos. Con una ceja alzada, comprobó como Stroud sacaba los dados y se dispuso a recoger su par, comprobando el resultado que el joven rubio había sacado. Dejando la jarra encima de la mesa, Kibai se crujió las falanges, antes de colocar las manos entrelazdas detrás de su nuca.
— Pues ya se imagina, comandante... Lo de siempre. Mucho que hacer, poco tiempo... Aunque personalmente me alegra haber dejado atrás Little Garden. Esa isla era todo lo que yo podía desear, rincones recónditos que explorar, presas absurdamente peligrosas que cazar y muchos ingredientes raros que recolectar, pero bueno... digamos que de alguna manera ese lugar me traía demasiada nostalgia, si usted me entiende. Además el hecho de saber que me libraré de ver monos por una larga temporada es algo que me hace dormir mucho mejor, de eso no le quepa la menor duda.
Sopensando los dados en la palma de su mano, Kibai comezó a hacerlos rodar entre sus dedos, tirándolos al aire. Los dos cubos subieron casi dos metros en el aire, mientras el mink los observaba con una sonrisa afilada en su rostro. Justo mientras caían, lanzó rapidamente su mano, atrapandolos con la palma de la mano contra la madera de la mesa dando un sordo golpetazo. Sin levantar la mano, sacó de su morral otros 10 berries, que dejó encima de la mesa.
Con una sonrisa, levantó la mano para ver el resultado de sus dados.
— Un seis y un cinco. Once, parece que el bote aumenta a 20 berries...
Recogiendo los dados para seguir jugeteando con ellos entre los dedos, Kibai miró a sus compañeros.
— Esta isla, si me lo preguntáis, me parece bastante más interesante de lo que aparenta en un inicio. Las islas de invierno tienen la mala costumbre de ocultar sus mejores cosas debajo de la nieve, o bien hacia su centro. Tengo muchas ganas de hacer alguna expedición que otra, a buen seguro encuentro algo decente.
GYP
