15-04-2026, 08:51 PM
El chasquido de los dedos llegó un instante demasiado tarde para que Moja pudiera reaccionar. Las avispas, aún aferradas a su nuca desde el intercambio anterior, respondieron al estímulo con precisión implacable, hundiendo de nuevo sus aguijones en su piel. El veneno recorrió su organismo con una rapidez sofocante, extendiéndose como una ola de calor que contrastaba violentamente con el frío cortante de Drum. Durante un segundo, el mundo pareció comprimirse en una sensación densa y pesada que entorpeció su coordinación, obligándolo a tensar la mandíbula para no perder el control de su postura.
No tuvo tiempo de reajustarse. Kibai ya estaba en movimiento. El giro horizontal llegó con una velocidad que Moja no logró anticipar en su totalidad. Los dos cortes ascendentes de **Getsui Zangeki** impactaron en su pecho con una precisión limpia, formando una trayectoria en X que hizo que el pelaje blanco de su Sulong se agitara violentamente bajo el impacto. El dolor se manifestó como una presión contundente que recorrió su torso, obligándolo a retroceder medio paso mientras su respiración se volvía irregular durante un instante crítico.
La estocada final llegó inmediatamente después. El golpe directo al plexo solar hizo que el aire abandonara sus pulmones de forma abrupta, generando un breve vacío que nubló su percepción durante un segundo. La fuerza del impacto, combinada con el efecto residual del veneno y el desgaste del Sulong mantenido durante todo el combate, provocó una desorientación momentánea que lo obligó a inclinar levemente el torso hacia delante mientras intentaba recuperar el ritmo respiratorio.
Su visión rojiza tembló brevemente. El Electro chisporroteó de forma irregular a lo largo de su cuerpo, señal inequívoca de que su energía estaba alcanzando el límite de lo que podía sostener con disciplina. El Sulong comenzaba a exigir un precio mayor del que estaba dispuesto a pagar en un entrenamiento. Mantener aquella forma durante más tiempo no aportaría mejora real; solo desgaste innecesario.
Moja tomó la decisión sin vacilar. La tensión de su cuerpo comenzó a disiparse gradualmente mientras su tamaño regresaba a la normalidad. El pelaje blanco perdió su brillo intenso y volvió a su tono oscuro habitual, y la electricidad que recorría su piel se extinguió en pequeños destellos que se disiparon en el aire frío. La presión constante que había acompañado cada latido de su corazón durante el Sulong desapareció, dejando paso a una fatiga profunda que se manifestaba ahora con claridad.
Aun así, no permitió que el combate terminara sin un último intento. Una de las flechas vectoriales que aún flotaban a su alrededor se alineó brevemente tras su espalda, y Moja utilizó ese impulso adicional para lanzarse hacia delante con la velocidad restante que su cuerpo aún podía ofrecer. Su movimiento fue directo, decidido, concentrando las últimas reservas de energía en un único golpe dirigido al rostro de Kibai.
El puñetazo no alcanzó su objetivo. El agotamiento acumulado ralentizó apenas lo suficiente su ejecución como para que el golpe pasara rozando sin impactar. La inercia del movimiento, combinada con el desgaste del Sulong recientemente desactivado, provocó que su equilibrio cediera finalmente. Moja descendió a una rodilla sobre la nieve compacta, apoyando ambos guanteletes en el suelo helado mientras su respiración se volvía profunda y pesada.
Las flechas vectoriales restantes se desvanecieron lentamente a su alrededor, disipándose como líneas de energía que regresaban al silencio de la noche.
Durante unos segundos permaneció inmóvil, dejando que el aire frío llenara sus pulmones y estabilizara su pulso. Luego alzó la mirada hacia Kibai, sin rastro de frustración, únicamente con la serenidad firme de quien reconoce el valor del esfuerzo compartido.
-Wasow no escapará la próxima vez… pagará por sus crímenes.-
Su voz era grave, marcada por el cansancio, pero firme en su convicción. Moja apoyó una mano en la nieve para incorporarse parcialmente, aún recuperando el ritmo respiratorio.
-Este entrenamiento… era necesario. Gracias por ayudarme a dominar el Sulong sin perder el control.-
La tensión del combate se disipó poco a poco, sustituida por un silencio tranquilo bajo la luz de la luna llena, donde el vapor de sus respiraciones se mezclaba con el frío de Drum, testigo silencioso de un entrenamiento que había fortalecido algo más que su capacidad de combate.
No tuvo tiempo de reajustarse. Kibai ya estaba en movimiento. El giro horizontal llegó con una velocidad que Moja no logró anticipar en su totalidad. Los dos cortes ascendentes de **Getsui Zangeki** impactaron en su pecho con una precisión limpia, formando una trayectoria en X que hizo que el pelaje blanco de su Sulong se agitara violentamente bajo el impacto. El dolor se manifestó como una presión contundente que recorrió su torso, obligándolo a retroceder medio paso mientras su respiración se volvía irregular durante un instante crítico.
La estocada final llegó inmediatamente después. El golpe directo al plexo solar hizo que el aire abandonara sus pulmones de forma abrupta, generando un breve vacío que nubló su percepción durante un segundo. La fuerza del impacto, combinada con el efecto residual del veneno y el desgaste del Sulong mantenido durante todo el combate, provocó una desorientación momentánea que lo obligó a inclinar levemente el torso hacia delante mientras intentaba recuperar el ritmo respiratorio.
Su visión rojiza tembló brevemente. El Electro chisporroteó de forma irregular a lo largo de su cuerpo, señal inequívoca de que su energía estaba alcanzando el límite de lo que podía sostener con disciplina. El Sulong comenzaba a exigir un precio mayor del que estaba dispuesto a pagar en un entrenamiento. Mantener aquella forma durante más tiempo no aportaría mejora real; solo desgaste innecesario.
Moja tomó la decisión sin vacilar. La tensión de su cuerpo comenzó a disiparse gradualmente mientras su tamaño regresaba a la normalidad. El pelaje blanco perdió su brillo intenso y volvió a su tono oscuro habitual, y la electricidad que recorría su piel se extinguió en pequeños destellos que se disiparon en el aire frío. La presión constante que había acompañado cada latido de su corazón durante el Sulong desapareció, dejando paso a una fatiga profunda que se manifestaba ahora con claridad.
Aun así, no permitió que el combate terminara sin un último intento. Una de las flechas vectoriales que aún flotaban a su alrededor se alineó brevemente tras su espalda, y Moja utilizó ese impulso adicional para lanzarse hacia delante con la velocidad restante que su cuerpo aún podía ofrecer. Su movimiento fue directo, decidido, concentrando las últimas reservas de energía en un único golpe dirigido al rostro de Kibai.
El puñetazo no alcanzó su objetivo. El agotamiento acumulado ralentizó apenas lo suficiente su ejecución como para que el golpe pasara rozando sin impactar. La inercia del movimiento, combinada con el desgaste del Sulong recientemente desactivado, provocó que su equilibrio cediera finalmente. Moja descendió a una rodilla sobre la nieve compacta, apoyando ambos guanteletes en el suelo helado mientras su respiración se volvía profunda y pesada.
Las flechas vectoriales restantes se desvanecieron lentamente a su alrededor, disipándose como líneas de energía que regresaban al silencio de la noche.
Durante unos segundos permaneció inmóvil, dejando que el aire frío llenara sus pulmones y estabilizara su pulso. Luego alzó la mirada hacia Kibai, sin rastro de frustración, únicamente con la serenidad firme de quien reconoce el valor del esfuerzo compartido.
-Wasow no escapará la próxima vez… pagará por sus crímenes.-
Su voz era grave, marcada por el cansancio, pero firme en su convicción. Moja apoyó una mano en la nieve para incorporarse parcialmente, aún recuperando el ritmo respiratorio.
-Este entrenamiento… era necesario. Gracias por ayudarme a dominar el Sulong sin perder el control.-
La tensión del combate se disipó poco a poco, sustituida por un silencio tranquilo bajo la luz de la luna llena, donde el vapor de sus respiraciones se mezclaba con el frío de Drum, testigo silencioso de un entrenamiento que había fortalecido algo más que su capacidad de combate.
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