16-04-2026, 06:49 AM
(Última modificación: 16-04-2026, 06:51 AM por Hyákinthos.)
Escuchar la voz proveniente de lo que creyó era más un muerto que un vivo, provocó un sobresalto en el médico que, más por inercia que por gusto, obedeció la orden del casi difunto. Depositó el cuerpo en el suelo, con un cuidado que contrastaba con la manera descuidada con la que había cargado antes el cuerpo; sin embargo, agradeció, internamente, por su momento de “piedad”, pues eso le brindó una información bastante útil.
Al haberse puesto de cuclillas al lado del cuerpo, fue capaz de escuchar la voz débil que provenía de aquel desdichado sujeto y, con ello, una advertencia implícita, una que hizo que el médico abriera sus ojos dorados de par en par, sorprendido…bueno, más que nada por el nombre del “pirata” …o eso buscaba hacer creer… ¿A quién? A quien sea que pudiera estar vigilándolo, si ese era el caso, claro está.
—Tu nombre parece más el de un dictador que el de un pirata… ¿Eras capitán? ¿Algún gobierno te entrenó para cometer crímenes? —Preguntas estúpidas que disfrazaban la preocupación del pelirrosa por la situación real, a fin de cuentas, ahora que el temblor en su piel había bajado, que su corazón ya no estaba tan acelerado como antes y que, gracias al haberse tomado su tiempo en la sala y con el moribundo, su respiración también estaba más calmada; su mente volvía a operar con normalidad: podía volver a analizar sus alrededores y su situación como era debido. El terror había desaparecido.
Por supuesto, haría de cuentas que no se enteraba de nada, después de todo, actuar como un despistado e ingenuo ser se le daba bastante bien, tanto que incluso se mantuvo por unos segundos más de lo necesario al lado del desconocido, hasta le sonrió, como si fuera un ángel y no un demonio.
—Pues tienes razón, debe ser hermoso ver unos ojos tan bellos como los míos antes de morir…ojalá cuando yo muera pueda tener una vista tan espectacular como la tuya —. El pirata sacudió su propio cabello, haciendo que bailara hacia un lado y, por fin, cuando notó que los ojos ajenos se habían cerrado, volvió a hablar. —¡Ah! De nuevo mercancía perdida, que triste día…no he obtenido el peluche del hipopótamo lanudo y tampoco un buen ejemplar para una revisión —. Miró a sus alrededores, aunque la escasa luz le dificultaba observar bien todo el panorama, aún así, hizo un esfuerzo por fijarse en esquinas o en adornos que pudieran tener cámaras o micrófonos…con las palabras del “Cara ‘e Sandía” tenía más que claro que no estaba en una simple casa embrujada y ya…además… ¿Cómo era posible que una atracción de una feria tan concurrida estuviera tan vacía?
—Jmmm… ¿Me pregunto si este desdichado habrá deducido que soy hombre? Aunque me halaga que haya creído que soy tan lindo como una chica —. De nuevo usó frases al azar, ocultando bien sus sospechas, incluso aprovechó el estar de cuclillas para ajustar mejor las correas de sus botas antes de levantarse y hacer lo mismo con los guantes que llevaba puestos, además…recuperó su gorro de lana, no podía dejárselo a un muerto…y eso último es lo que le daba el toque de “casualidad” a sus acciones, a fin de cuentas… ¿Quién sospecharía de alguien que solo está preocupado por su apariencia? Bueno, esperaba que el hombre cactus y ese otro que el “pirata/dictador” había mencionado no sospecharan.
—Hombre cactus…Espinaca, supongo… ¿Acaso piensas retenerme aquí? —Con eso en mente, dio un último vistazo al cadáver antes de que sus ojos se centraran en el pasillo, aunque ya no veía el lugar como un sitio para pasar el rato si no como una trampa en la que cualquier cosa podía ocurrirle, hasta llegó a preguntarse si los que estaban dentro de esa sala “2” eran también piratas o, al menos, criminales buscados…Claro, se supone que él no tenía que preocuparse por eso porque aunque fuera un pirata que tenía alguno que otro negocio turbio, no tenía una recompensa ¿O sí? Sacudió su cabeza…era imposible que alguien pusiera un precio por su cabeza, no había pasado en años y no pasaría ahora, aunque, de todos modos, prefería ser precavido.
Intentó recordar la referencia que había hecho en su mente para saber en donde estaba la entrada, pero lo cierto es que las indicaciones que se dio a si mismo le resultaron difusas. Chasqueó la lengua y, simplemente, miró a ambos lados del pasillo antes de decidir caminar hacia el lado derecho de la “casa del terror”. Algunos adornos “terroríficos” se le atravesaron, aunque simplemente los apartó con una mano o los ignoró, pues ninguno tenía el mismo efecto que habían conseguido los objetos en la sala “5”; además, estaba más concentrado en buscar la salida, lo que lo llevó a detenerse cuando se encontró en una encrucijada.
Estaba casi al final del pasillo y ahí pudo ver con claridad dos puertas, una tenía un “4” dibujado en ella, mientras que la otra un “6”. Suspiró…no tenía muchas ganas de arriesgarse de nuevo, pero solo abriendo las puertas podría encontrar una posible salida de ese “laberinto”, así que, lo único que se le ocurrió para decidir cual puerta tomar fue sacar una moneda de su bolsillo y dejarlo todo al azar.
—Bien, si sale cara voy a la puerta “6” y si sale sello, voy a la “4” —. Con eso dicho tiró la moneda al aire y la atrapó con facilidad cuando venía cayendo, puso una de sus manos sobre esta y luego la descubrió. La moneda brillaba en medio de las tenues luces y, con claridad, se podía ver el símbolo de “sello” en el berrie. —Jmmm…bien, la número “4” será.
Guardó la moneda en su bolsillo y se giró para quedar frente a la puerta elegida, luego la abrió con cuidado y…no se movió de su lugar. A diferencia de las salas anteriores, en esta decidió permanecer debajo del marco de la puerta, solo para prepararse mentalmente para lo que sea que hubiera dentro.
Botiquín. Solo abrir en caso de emergencias
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