16-04-2026, 09:09 AM
(Última modificación: 16-04-2026, 09:14 AM por Hyákinthos.)
Reino de Briss
Día 80 de verano, año 17
6:30 p.m.
El cielo se tiñe con los tonos naranjas y rosas del atardecer, lo que baña al pequeño reino de Briss con una calidez envidiable y, sobre todo, apacible. El ajetreo del día empieza a disminuir y las personas pasan de largo por las calles, directo a sus hogares, cansados luego de una larga jornada laboral, pero felices por poder tener un tiempo de descanso.
Todo parece normal; sin embargo, en una zona en donde las callejuelas se hacen más estrechas y en donde las casas se ven más empobrecidas, algunas personas parecen tensas y, desde las terrazas de las casas, se pueden escuchar las habladurías del extraño grupo de “brujas” que se ha tomado esa zona de la ciudad…aunque nadie las toma en serio en realidad, simplemente, se indignan al ver al grupo de chicas tomarse la noche para sus “rituales”…una práctica que está empezando a cansar a los vecinos, más porque, de vez en cuando, se escuchan cantos raros por las noches.
—Dicen que se transforman en serpientes…La prima de un chico que trabaja conmigo dice haberlas visto y que hasta la invitaron a una de sus reuniones ¡Son unas brujas! —dijo una mujer que iba pasando justo al lado de un puesto de venta de panes y bebidas calientes, en donde se detuvo, ya que su acompañante parecía querer comprar algo en la cafetería que estaba justo al borde del camino.
—Pues yo he escuchado que ayudan a niñas con problemas de autoestima, brujas o no, parecen hacer algo bueno por las que se sienten mal…mira que en este pueblucho también se juzga mucho a las chicas por si son lindas o no. Yo misma era juzgada por eso cuando era joven —comentó la otra mujer, una señora de unos 50 años, que parecía más abierta al tema. —Además, también escuché que adoptan a algunas niñas que han sido abandonadas —. La mujer se encogió de hombros, despreocupada. —Si nadie se va a preocupar por esas niñas, pues no me molesta que sean unas “brujas” las que le den una oportunidad.
La mujer detuvo su diálogo e hizo su pedido en la cafetería y luego dio un paso hacia atrás cuando un gatito se atravesó en medio de ella y su amiga, lo que la llevó a chocar con un hombre con ropas blancas y una gorra de la marina. Ella se giró al mismo tiempo que el gatito maulló y cambió de lugar para restregarse contra los zapatos del marine, a la vez que la mujer notaba el parche que cubría el ojo del hombre de cabellos rojos.
—¡Ah! Mil disculpas, oficial, no quise incomodarlo —. Se disculpó mientras hacía una leve reverencia con su cabeza, su amiga, en cambio, rodó los ojos y se dispuso a seguir con su camino, esperando que la otra la siguiera; sin embargo, algo la detuvo en seco: una niña.
No podía tener más de 10 años, pero llevaba puesta una capucha negra que tapaba gran parte de sus cabellos rubios y su rostro pálido y lozano, aunque, a pesar de su etérea apariencia, lucía agitada y sus ojos celestes casi estaban al borde del llanto.
—¡Es una de esas niñas! —Una de las mujeres de antes, la que no parecía muy contenta, no dudó en expresar su indignación, mientras que la otra, simplemente la tomó del brazo con fuerza, para callar a su amiga y no dejarlas en ridículo delante de un representante de la ley, aunque, por lo visto, las palabras de la mujer no tuvieron efecto en la infante, quien siguió igual de preocupada.
La pequeña rubia no dudó en acercarse al marine pelirrojo y lo tomó de la camisa, mientras miraba hacia arriba, sus ojos ya no estaban llorosos, si no que una cascada de lágrimas había empezado a brotar de ellos. Evidentemente necesitaba ayuda para algo.
—Por favor, señor marine…necesito…necesito a alguien…ayuda —. La niña apretó con más fuerza la camisa del pelirrojo mientras que el gatito que antes se había restregado contra los zapatos del hombre ahora se ponía del lado de la niña, como si intentara consolarla. —Es…estaba sola con otras niñas del orfanato —. Así le decían las niñas al lugar que el resto consideraba un aquelarre. —…Las mayores salieron a comprar cosas al puerto y…una de mis hermanas se cayó y no despierta…no sé qué hacer…por favor…por favor… ¿Pu…puede venir a verla? Sé que los marines son héroes…usted… ¿Puede ayudarnos? ¿Verdad?
Las mujeres que estaban antes cerca de la cafetería ya se habían ido, más que nada porque la “amargada” había conseguido jalar a la otra del brazo para arrastrarla lejos de ahí con la excusa de “no meterse con esa gentuza” y que “era problema del marine” y, además, el encargado de la cafetería había dejado su puesto por un momento con la excusa de ir a buscar algo al interior del local, lo que solo dejaba al pelirrojo como posible salvador de la pequeña niña que rogaba por ayuda.
—Puedo guiarlo al orfanato…por favor…
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