[EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 3 (GRUPO 4)
#41
—¿Dónde quedaron…? ¡Hola! ¡Guantecitoooos!

Enji se puso en cuclillas, aguzó la mirada y sondeó, como un radar, la mitad de la sala que tenía delante. Estaba oscuro y los guantes que buscaba eran negros, para variar, pero las trazas doradas que recorrían su ergonomía los harían destacar en las sombras. Sólamente tenía que mirar al lugar adecuado en el momento correcto y un destello delataría su posición. Esa era su esperanza.

Una esperanza que decayó, a la par que la intensidad de la luz, apenas unos minutos después.

Frustrado, Enji suspiró, puso los ojos en blanco y se incorporó sobre sus talones, irguiendo y estirando la espalda. Toda la sala se había oscurecido hasta tentar la tiniebla.

—Puta mierda… ¿Y ahora qué? —Miró a sus compañeros, al espadachín maldito y al pirata de ojos coloridos, en busca de una explicación, pero ninguno parecía tener idea de lo que estaba pasando. Apenas lograban distinguir dónde estaba cada uno.

En un movimiento más inteligente, Enji levantó a Don Ald y lo sostuvo frente a su rostro.

—Desembucha, Don. ¿Qué pasa ahora? ¿Nos toca siesta o qué? —Don Ald, inconsciente y luchando con el veneno que todavía corría por sus venas, no podía responderle a nada. Era como preguntarle a un maltratado muñeco de trapo, lo que no impidió que Enji lo agitara en busca de respuestas—. ¡Habla, enano de mierda! O, mejor no, que siempre que hablas terminamos todos bailando. Claro, no es que me disguste bailar pero…

Estaba empezando a divagar cuando una voz mecánica se inyectó en la sala y reclamó la atención de todos. Nuevas instrucciones. Lo que significaba que había instrucciones previas. Un plan se estaba urdiendo de fondo, fuera de esas cuatro paredes, y la realidad cayó sobre ellos como un balde de agua fría.

La derrota de Don Ald… ¿formaba parte de ese plan?

De pronto, los collares volvieron a tener relevancia. Enji se olvidó de ellos cuando tuvo al escurridizo Ald entre los dedos. Ahora, sin embargo, volvían a ser protagonistas, encendiéndose los números que cada uno tenía asignado. En un rápido vistazo comprobó los de Dharma y Kuro. Saber el suyo propio era imposible. También le echó una mirada, desde la distancia, al cuerpo del cuarto secuestrado de la sala. El que no logró sobrevivir a las trampas. ¿También estaba iluminado su collar?

—¿Hornada de esclavos? —Escupió al suelo en un gesto de asco y rechazo. ¿De eso se trataba? ¿Un montón de ricachones pagando para conseguir esclavos de élite? De pronto, todo tuvo sentido. ¿Quién sino iba a tener tanto dinero como para montar un parque de diversiones en la Grand Line? Los más asquerosos ricachones, esos mismos que usaban esclavos hasta para tener un lugar donde sentarse. ¿Quién sino iba a ser lo suficientemente caprichoso como para construir atracciones gigantes, armar folletos y toda una oleada publicitaria? Un ferry gratis, entrada gratuita…

«Un momento…»

Enji tuvo una revelación.

—¡¿ESO SIGNIFICA QUE NO HAY PARQUE?! —espetó al aire, indignado—. ¡HIJOS DE…! ¡UGH! Basuras, no se juega con la ilusión de un hombre así. —Chasqueó la lengua en lo que se dejaba caer y tomaba asiento en el borde de la plataforma elevada, posaba el codo del brazo izquierdo en la pierna y descansaba la mejilla sobre su mano—. Maldita sea…

¿Y ahora qué? Se preguntó. ¿Iba a hacerle caso a la voz robótica? ¿Elegir a uno para que muriera? ¿Y para qué? Los dos que fueran a vivir, se supone, lo harían como esclavos. Entes sin importancia ni libertad alguna, al servicio del dinero, el prestigio o la fama. ¿Qué clase de vida era esa?

«Una vida —reflexionó—. Y mientras esté vivo, tendré una oportunidad»

Una probabilidad, aunque diminuta, de conseguirlo. De alcanzarlos. A cambio, sólo tenía que dejar morir a alguien.

«”Solo”, claro…»


—Hay un tipo entre los pinchos de por allá —dijo, tras unos segundos de reflexión, y señaló en dirección al cadáver del cuarto integrante—. Ese era el menos apto. —«Y más muerto no puede estar ya...»—. ¡Me están cansando estos juegos! ¿Quieres esclavos? Tienes a tres. ¿Quieres solo a dos? —El tono de su voz subía a la par que su enojo, su rabia. Un sentimiento que ni siquiera en combate había demostrado—. ¡Entonces recuerda estos números! —Se bajó de la plataforma y empezó a caminar hacia la puerta, donde se había encendido una luz anaranjada—. No tengo idea de cuales son… ¡Pero ustedes los ven! —Señaló su propio collar con el pulgar— ¡Recuerdenlos bien! ¡Y más les vale que esta cosa me mate!

Parado frente a la puerta, la golpeó. Primero con el puño derecho y después con el izquierdo, pues había soltado a Don Ald. El sonido seco de sus nudillos impactando el metal se hizo eco en la sala.

—¡Que no deje ni un solo pedazo porque los voy a perseguir! ¡Los voy a encontrar!

No podía elegir otra vida para sacrificar. Siempre que estuviera en su poder, la elección era imposible, pues las únicas vidas que Enji se permitiría jamás tomar por voluntad propia… estaban muy lejos de allí. Todas excepto una.

La suya.

—¡Y lamentarán el día que se encerraron conmigo! ¡SHIHAHAHAHAHAHA!

Off
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1416 + 0 = 1416
Energia: 1709 + 24 = 1733
Espiritu: 300 + 0 = 300


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RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 3 (GRUPO 4) - por Enji - 16-04-2026, 10:32 AM

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