[Aventura T2 - Presente Absoluto] - "Piel Azul" Glatus
#11
Era una gigante, literalmente. Los pasos y la voz que Alzeid había escuchado a sus espaldas pertenecían a una mujer de altura formidable. – ¿Diez metros? ¿Quince? – No era una persona excesivamente buena con los cálculos o con los números en general. Su apariencia no parecía la de un pirata, pero el problema es que su alma no le transmitía ninguna señal clara. Esbelta, una larga melena oscura y aparentemente coqueta, podría ser objeto de interés o atracción por parte de Alzeid, pero quizá por el contexto o porque estaba completamente saciado, no se interesó lo más mínimo en ella. Como Irina le había dado la orden al canino del grupo, dejó que éste resolviese cualquier problema que pudiese generar. Aunque, desde luego, era mala suerte que apareciese una gigante después de hablar sobre una posible infiltración. – ¿Quién podría esconder... eso? – Bromeó, incluso causándole gracia su propio comentario. Irina pareció sumarse a este humor pues, sorprendentemente, incluso ella había soltado un chascarrillo. Lo cierto es que, además de sus desproporcionadas medidas, también era una persona bastante ruidosa, pues no había dejado de gritar el objetivo de su misión que, casualmente, era también Glatus. El hecho de que lo tuviera apuntado en un papel podría ser indicativo de un inicio de demencia, pero como Alzeid no era médico optó por desconfiar de la gigante. En tan sólo un par de días, dos personas se habían unido a la misión del Cipher Pol con un mismo objetivo, ¿no eran demasiadas casualidades? Es cierto que tampoco era la misión principal de Alzeid, pero él desde el principio comentó que la suya le aburría en exceso e incluso obtuvo permiso para cambiar. En ese momento, Irina se dirigió justamente a Alzeid para hablar sobre el tema que él mismo estaba debatiendo mentalmente, sobre las casualidades. – Hace un tiempo, agente Irina, escuché unas palabras que me parece que pueden definir esta situación a la perfección. Y es que las casualidades no existen... – Miró hacia ella, desenvainó su katana y volvió la mirada a Ikirami, quien estaba interactuando con la gigante. – Sólo lo inevitable. – Y lo inevitable era el descanso del alma. Lamió la katana, con la mirada completamente perdida y el cuerpo en un estado de excitación que difícilmente podía controlar. En ese momento, Irina también había adoptado una postura ofensiva, y esto no le podría alegrar más a Alzeid.
 
Pero, de un momento a otro, todo comenzó a torcerse. Ikirami parecía haberse dado la vuelta y mirar a otra dirección completamente opuesta a la que se encontraba la gigante. Eran personas nuevas, pero, esta vez, enemigas. Su tono los había delatado. Una espadachina que superaba la estatura media de un humano, de cabellos largos y negros y con un sentido de la moda que quizá hace cien décadas hubiese sido alternativo. Y un hombre detrás de ella todavía más alto y con cero sentido del ridículo. Tampoco parecían personas muy inteligentes, pues acercarse a un nido de víboras de esa forma quizá no era la mejor idea. ¿Que dieran media vuelta y se largaran? ¿Acaso eran conscientes de con quién estaban hablando? Esto no le había gustado nada a Alzeid. Si antes su sentimiento de excitación era incontrolable, ahora se podría decir que tenía vida propia. – Estas personas... – Agarró con fuerza su katana, con el filo hacia abajo. – Están pidiendo a gritos que libere sus almas. – Expresó, mientras que con su mano izquierda se rascaba el rostro con fuerza, con cara de excitación. Su mirada se centró entonces en Ikirami que, sin previo aviso, se lanzó con una ofensiva hacia la espadachina del grupo. 
 
 
Mientras, Irina y Daryl avanzaron, casi al unísono, hacia el hombre que se encontraba detrás de la espadachina, cada uno por un flanco diferente. Esto le dejaba a Alzeid poco margen para actuar, por lo que tuvo un breve debate mental en su cabeza. ¿Atacar dos personas a una? ¿Descansará así su alma? ¿Fingir estar ebria para golpear a alguien? Alzeid no seguía los principios de la ética, no nos engañemos, pero como maníaco tenía su propio libro personal y en el capítulo relativo a la caza no había ninguna mención sobre varios cazadores sobre una misma presa. Esto le entristeció. – Espero que mi alma me perdona por lo que voy a hacer. – Puso su mano izquierda en su pecho, a la vez que Irina y Daryl avanzaban.
 
Aprovechando que Ikirami se había situado enfrente de la espadachina para atacarla, limitando así su campo de visón, Alzeid comenzó a correr sobre los mismos pasos de la marine para, al llegar a su espalda, dar la vuelta hacia su izquierda (la derecha de su enemiga) y realizar un tajo vertical con su katana. Su mano izquierda, en ese momento, se encontraba todavía sobre su pecho. Quizá de forma estratégica, o quizá porque su alma estaba llorando. – La próxima vez mejor quédate fuera, ¿vale, guapa? – Susurró al pasar por la espalda de la marine.
 
Resumen

 
Karmas

 
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RE: [Aventura T2 - Presente Absoluto] - "Piel Azul" Glatus - por Alzeid - 16-11-2023, 11:37 AM

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