[Presente absoluto] Enterrando a un héroe
#4
Enma no había dormido en absoluto. Pasó gran parte de la noche en la cubierta del barco, mirando hacia el horizonte y contemplando cómo ondeaban las olas del mar, aunque la escasa luz lunar que había esa noche dificultaba enormemente su misión. La luz del barco tampoco podía hacer milagros. Chocolatina tras chocolatina, Enma pasó las horas en aquella cubierta dándole vueltas a todo lo que había sucedido. Lo primero que había pensado es que, quizá, si no siguiese al pescador, a Tobías, quizá Moris estuviese vivo. No porque él fuese el más fuerte del grupo, ni de lejos, pero quizá sus conocimientos médicos podrían haberle evitado la muerte. ¿Por qué no estuvo allí en aquel momento? ¿Por qué tuvo que dejarse llevar por la bondad que siempre lo había atado? No era la primera vez. En su infancia siempre había sentido este tipo de sentimientos, el no querer dañar a las personas ni física ni verbalmente, el querer estar siempre a disposición de quien lo necesite, ese complejo que se auto-impone de tener que salvar a las personas que simplemente se lo pidan con un 'por favor'. Eso le había lastrado durante muchos años. En su infancia, en su adolescencia... y, más recientemente, también en la batalla de los Cabos Gemelos. Quizá, si no sintiese ningún tipo de pena por Kuraku o por Bepso, a quien veía completamente indefenso, Enma hubiese escapado de aquel lugar volando. Literalmente. – Otra muerte... – El recuerdo del pequeño tontatta. Pese a todo ello, el pelirrojo tenía la impresión de no haber aprendido nada. ¿Tenía que cambiar? ¿Tenía que volverse alguien menos bondadoso y más cruel? ¿Alguien capaz de dar la espalda a otras personas por sus propios intereses? ¿Era ese el camino que tenía que tomar? Abrió otra chocolatina. Ahora no era tiempo de darle vueltas a todas esas cosas. Aunque era consciente de que la muerte de Moris, que había reavivado sentimientos que creía que permanecían enterrados y tranquilos, como la muerte de Lillian, volverían a golpear su racionalidad una vez más en algún punto futuro. Desde luego, esta sucesión de batallas había causado una mella bastante grande en la frágil mentalidad de Enma quien, quizá, a partir de ahora... adoptaría otro tipo de personalidad. 
 
Al otro lado de la cubierta se escuchaban ruidos, quejidos. Era Kovashi. Estaba demasiado borracho como para querer aguantarlo, así que simplemente lo ignoró. ¿Derya? ¿Estaba pensando en ella? Nunca había entendido qué podía haber visto ella en alguien como él, pero quizá incluso una persona así tenía un lado bondadoso... aunque hubiese que excavar demasiado. Lo peor es que ahora era su superior. Su superior. No su jefe, porque afortunadamente la revolución no estaba liderada por alguien como él. Tampoco es que conociese quién era, pero tenía claro que no era Kovashi. Suspiró. El hecho de que la última voluntad de Moris haya sido esa iba a hacer difícil a Enma negarse. Afortunadamente, que sea líder sólo supone que tomará las decisiones que atañen al grupo, pero eso no va a implicar ningún tipo de respeto hacia él. – Que no... se confunda... – Pensó, mientras abría una chocolatina más. La devoró en un par de segundos. 
 
Con esta vorágine de sensaciones, abandonó la cubierta para comprobar el estado de Caoba. Entró en el barco y se dirigió hacia donde se encontraba. Todavía seguía inconsciente pero tenía pulso, así que la situación no era grave. Quizá sólo necesita descansar, pues el golpe que había recibido era bastante duro. Le cambió las vendas y aplicó un ungüento que Lillian le había dicho que curaba todos los males. A nivel clínico seguramente no tuviese ninguna validez, pero el placebo a veces también funcionaba. Se lo aplicó y volvió a cubrir las zonas con la venda. Estaba nervioso. Estar allí, con elle inconsciente y revolviendo su cuerpo para cambiarle las vendas no le estaba gustando. Aún así, era extraño, porque estar allí, haciendo eso, le generaba una sensación hogareña, de nostalgia, que no le disgustaba. Estaba... tranquilo. Tan tranquilo que el sueño llamó a su puerta y, en un par de minutos, se quedaría dormido en el suelo... al lado de donde descansaba Caoba.
 
Un par de horas después, comenzó a escuchar ruidos. ¿Cómo había podido pasarle eso? – Qué vergüenza... – Se levantó rápidamente, esperando que nadie lo viera, y se dirigió a la cubierta, no sin antes comprobar que Caoba estaba bien. Ahora sólo quedaba buscar un sitio para que Moris pudiese descansar.
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RE: [Presente absoluto] Enterrando a un héroe - por Enma - 16-11-2023, 12:21 PM

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