17-04-2026, 03:31 AM
Narrador / María Merlot
INFORMACIÓN
MUSIQUITA
Verano (14).
Año 15.
Reino de Samba, South Blue.
Año 15.
Reino de Samba, South Blue.
La noche había caído en las calles del Reino de Samba, el día estaba finalizando para unos y comenzando para otros, aquellos que trabajaban en las sombras. María camino sin rumbo por las calles, sin olvidar como se veía la casucha o como se llamaba el matasanos, el cual se presento como Giovani Dos Santos. Con su nombre y su apariencia, la fémina confiaba en encontrar su “consultorio” nuevamente, después de todo ella no sabía orientarse con facilidad.
No tardo mucho tiempo en que dos gyojines la interceptaran. Tipos de confianza de Corina, quien a esa altura seguro estaba pensando lo peor: que escapo y tendría que decirle a Pedro que era su culpa. Sin mostrar resistencia, porque no serviría de nada, se dejo llevar, ignorando las miradas curiosas hacia el vestido manchado de sangre, sino era de ella, no importaba la verdad.
El sonido de la bofetada silencio la habitación, fue como la recibió Corina. La cabeza de la celeste se volteo hacia la izquierda y del labio roto que empezaba a sanar broto sangre: caliente y roja. María solo le sonrió, su mejor arma junto a un par de comentarios aleatorios que hicieron rabiar a la mujer, que pensaba que la mestiza era muy tonta. Como castigo, por desaparecer de su vista, la hizo trabajar esa noche. Se suponía que nadie debía tocarla hasta que regresara el capitán pero La Madame quería doblegarla y hacerla pagar por el susto que le dio. En los Piratas del Abismo todos sabían que perder a Kassandra era pagado con la vida.
No tardo mucho tiempo en que dos gyojines la interceptaran. Tipos de confianza de Corina, quien a esa altura seguro estaba pensando lo peor: que escapo y tendría que decirle a Pedro que era su culpa. Sin mostrar resistencia, porque no serviría de nada, se dejo llevar, ignorando las miradas curiosas hacia el vestido manchado de sangre, sino era de ella, no importaba la verdad.
El sonido de la bofetada silencio la habitación, fue como la recibió Corina. La cabeza de la celeste se volteo hacia la izquierda y del labio roto que empezaba a sanar broto sangre: caliente y roja. María solo le sonrió, su mejor arma junto a un par de comentarios aleatorios que hicieron rabiar a la mujer, que pensaba que la mestiza era muy tonta. Como castigo, por desaparecer de su vista, la hizo trabajar esa noche. Se suponía que nadie debía tocarla hasta que regresara el capitán pero La Madame quería doblegarla y hacerla pagar por el susto que le dio. En los Piratas del Abismo todos sabían que perder a Kassandra era pagado con la vida.
Verano (15).
Año 15.
Año 15.
Cuando el sol salió la celeste ya estaba de regreso a su habitación, la compartía con otra chica, una que también era un juguete mas en esa tripulación pirata. Se hubiera lanzado al mar para limpiarse pero no quería ver a nadie, no quería ser vista… luego de las “sesiones”, necesitaba estar sola para que su mente volviera a “funcionar”. Se lavo en la tina con mucho jabón y agua, tanto froto que la piel se enrojeció. Al salir se acostó un rato mirando el techo sin pensar en nada, debería dormir hasta… que Corina viniera de nuevo por ella, seguro la seguiría ofreciendo al mejor postor.
Un suave suspiro dejo sus labios, uno que evoco lo cansado y resignado de su propio corazón, lo vacío de su existencia… ¿Cuándo acabaría todo? ¿Cuándo podría no despertar jamás? ¡No! Se recrimino abriendo los ojos. No podía morir, no aun… alguien la necesitaba. Había prometido regresar, e iría a ver al Tomate. Si él había estado luchando para vivir, ella no podía rendirse, por lo menos no aún. De un saltó olvido la noche, y viviendo el ahora, se vistió bajo la mirada curiosa de Rachel: un vestido casual, sus zapatos converse, el cabello atado alto con un lazo. El vestido revelaba sus hombros, en su cuello se podía observar una mancha morada que antes no estaba ahí, un círculo no tan pequeño. Y no olvidemos el labio con la herida reabierta.
Cuando finalizo volteo a ver a Rachel con su sonrisa mas encantadora, la mujer supo que estaba a punto de escuchar una locura. María le comento sobre que quería salir, que la cubriera mientras estaba ausente. Contra todo pronóstico y después de muchos sobornos a su compañera prostituta, logro convencerla para que la cubriera. Igual, nadie la buscaría hasta alrededor de las 10:00 p.m.
Así sin más, la joven salto por la ventana, o más bien se escurrió por la escotilla para caer al mar. El agua la abrazo, la hizo sentir bien, siempre borraba la suciedad de su cuerpo. Cuando llego a la orilla intento secarse como pudo y emprendió su camino al pueblo o hacia alguien que pudiera llevarla a dónde el Matasanos. Luego de muchas vueltas, una agradable joven la llevo con un señor que a su vez conocía a otra persona que la dejo frente a la casucha de ayer, no sin antes, regatear por diez tomates en un puesto que vio en el trayecto. ¿Cuál fue el pago? Un beso en la mejilla al vendedor, quien termino rojo y sangrando por la nariz.
María sonrió frente a la puerta, lo había logrado. Entro sin tocar encontrándose con el medico revisando a un paciente que parecía que se peleó con muchos vidrios.
— Pensé que lo habías abandonado — comento al verla, haciendo que sus ojos la recorrieran para detenerse en la bolsa con tomates que abrazaba como si fuera un bebe.
— Hola, Matasanos. Jamás lo haría… ¿Cómo sigue? — saludo con su encantadora sonrisa que hizo que el hombre carraspeara, y el de la camilla suspirara. María tenía miedo de aquella respuesta pero su optimismo era mayor.
— Vive, aunque aún no despierta — al escuchar el diagnostico soltó el aire que no sabía que estaba aguantando. El Tomate paso la noche, significaba que todo estaría bien.
Con una gran sonrisa fue al cuarto de atrás, donde reposaba el hombre inconsciente. Al entrar la habitación estaba oscura, con una leve luz filtrándose por la destartalada ventana cerrada. Dejando la bolsa en el piso (no había muebles) fue a la cama y puso su oído sobre el pecho desnudo del masculino. Ahí estaba, el latido de su corazón. ¡Viviría sin duda! Pero no en ese ambiente tan desagradable, necesitaba luz para poder florecer.
María abrió la ventana, lo que hizo que la habitación se iluminara. Tomo una palangana y un pedazo roto de tela y le limpio la frente, luego las partes alrededor del vendaje en el hombro. Cuando lo juzgo como aseado se sentó en el borde de la cama, apoyando su mentón en la diestra mientras lo veía respirar. ¿Debería irse y volver otro día? ¿O más bien debería levantar el parche y descubrir si había o no otro ojo? Eso la hizo sonreír más —… ¿Cuánto más vas a dormir, Tomate? ¡Estoy aburrida! Necesito saber como un tomate termina con una herida de bala… sino despiertas voy a revisar debajo de tu parche y si hay un hueco meteré el dedo… — dijo como broma girándose para empujarlo un poco hacia el lado de opuesta a ella y abrirse espacio en la cama, donde se acostó de lado viendo el perfil dormido del pelirrojo — … solo un poco más.. solo puedes dormir un poco más... traje tomates para que cometas tomatelismo... — susurro cerrando sus ojos, descansar no estaba mal… por lo menos este hombre no… se parecía en nada a los de anoche. En la oscuridad de su mente, los grillos se silenciaron pensando una cosa divertida: ¿Cuantos tomates puede comer un Tomate?
Un suave suspiro dejo sus labios, uno que evoco lo cansado y resignado de su propio corazón, lo vacío de su existencia… ¿Cuándo acabaría todo? ¿Cuándo podría no despertar jamás? ¡No! Se recrimino abriendo los ojos. No podía morir, no aun… alguien la necesitaba. Había prometido regresar, e iría a ver al Tomate. Si él había estado luchando para vivir, ella no podía rendirse, por lo menos no aún. De un saltó olvido la noche, y viviendo el ahora, se vistió bajo la mirada curiosa de Rachel: un vestido casual, sus zapatos converse, el cabello atado alto con un lazo. El vestido revelaba sus hombros, en su cuello se podía observar una mancha morada que antes no estaba ahí, un círculo no tan pequeño. Y no olvidemos el labio con la herida reabierta.
Cuando finalizo volteo a ver a Rachel con su sonrisa mas encantadora, la mujer supo que estaba a punto de escuchar una locura. María le comento sobre que quería salir, que la cubriera mientras estaba ausente. Contra todo pronóstico y después de muchos sobornos a su compañera prostituta, logro convencerla para que la cubriera. Igual, nadie la buscaría hasta alrededor de las 10:00 p.m.
Así sin más, la joven salto por la ventana, o más bien se escurrió por la escotilla para caer al mar. El agua la abrazo, la hizo sentir bien, siempre borraba la suciedad de su cuerpo. Cuando llego a la orilla intento secarse como pudo y emprendió su camino al pueblo o hacia alguien que pudiera llevarla a dónde el Matasanos. Luego de muchas vueltas, una agradable joven la llevo con un señor que a su vez conocía a otra persona que la dejo frente a la casucha de ayer, no sin antes, regatear por diez tomates en un puesto que vio en el trayecto. ¿Cuál fue el pago? Un beso en la mejilla al vendedor, quien termino rojo y sangrando por la nariz.
María sonrió frente a la puerta, lo había logrado. Entro sin tocar encontrándose con el medico revisando a un paciente que parecía que se peleó con muchos vidrios.
— Pensé que lo habías abandonado — comento al verla, haciendo que sus ojos la recorrieran para detenerse en la bolsa con tomates que abrazaba como si fuera un bebe.
— Hola, Matasanos. Jamás lo haría… ¿Cómo sigue? — saludo con su encantadora sonrisa que hizo que el hombre carraspeara, y el de la camilla suspirara. María tenía miedo de aquella respuesta pero su optimismo era mayor.
— Vive, aunque aún no despierta — al escuchar el diagnostico soltó el aire que no sabía que estaba aguantando. El Tomate paso la noche, significaba que todo estaría bien.
Con una gran sonrisa fue al cuarto de atrás, donde reposaba el hombre inconsciente. Al entrar la habitación estaba oscura, con una leve luz filtrándose por la destartalada ventana cerrada. Dejando la bolsa en el piso (no había muebles) fue a la cama y puso su oído sobre el pecho desnudo del masculino. Ahí estaba, el latido de su corazón. ¡Viviría sin duda! Pero no en ese ambiente tan desagradable, necesitaba luz para poder florecer.
María abrió la ventana, lo que hizo que la habitación se iluminara. Tomo una palangana y un pedazo roto de tela y le limpio la frente, luego las partes alrededor del vendaje en el hombro. Cuando lo juzgo como aseado se sentó en el borde de la cama, apoyando su mentón en la diestra mientras lo veía respirar. ¿Debería irse y volver otro día? ¿O más bien debería levantar el parche y descubrir si había o no otro ojo? Eso la hizo sonreír más —… ¿Cuánto más vas a dormir, Tomate? ¡Estoy aburrida! Necesito saber como un tomate termina con una herida de bala… sino despiertas voy a revisar debajo de tu parche y si hay un hueco meteré el dedo… — dijo como broma girándose para empujarlo un poco hacia el lado de opuesta a ella y abrirse espacio en la cama, donde se acostó de lado viendo el perfil dormido del pelirrojo — … solo un poco más.. solo puedes dormir un poco más... traje tomates para que cometas tomatelismo... — susurro cerrando sus ojos, descansar no estaba mal… por lo menos este hombre no… se parecía en nada a los de anoche. En la oscuridad de su mente, los grillos se silenciaron pensando una cosa divertida: ¿Cuantos tomates puede comer un Tomate?
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Karma Fanático: Hyakinthos.
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