17-04-2026, 11:22 AM
Caminaba por el reino de Briss y por una vez había decidido ponerse el uniforme de la Marina, un superior le había dicho era imposible ayudar a la gente que lo necesitaba si el mismo no se ponía el uniforme, y era cierto que no lo había pensado, pero tenía mucho sentido, pero es que generalmente había conocido a algunos Marines que como personas dejaban bastante que desear y le repugnaba la idea de que le llegasen a ver cómo a ellos. El se consideraba una buena persona y jamás intentaría detener a alguien solo por tener pensamientos diferente a la institución a la que pertenecía.
Paso por una calle donde escuchó a varias mujeres hablar sobre un tema un poco extraño de un grupo de jóvenes que acogían a otras sin hogar o algo así, lo cierto es que no había terminado de escucharlo con claridad, pero lo que sí noto con claridad fue como un gato se empezó a rozar contra sus piernas, lo cual le hizo sonreír, y se agacho para dedicarle una caricia al gato, los animales le gustaban muchísimo.
– Tú sí que mereces la pena, ¿eh? – Decía mientras pasaba su dedo índice y corazón por la zona del cuello del gato. Amaba a los animales, no podía evitarlo.
Fue entonces cuando noto algo más potente incluso, alguien que tiraba de su camisa, fue cuando se giro que pudo ver a una pequeña niña (adorable, todo había que decirlo) la cual le pedía ayuda, al parecer una chica de las que vivía en su orfanato con ella había tenido un accidente y no despertaba. Lo mejor era que la viera un médico, eso sin duda, pero si él podía ayudar de la forma que fuese lo ayudaría.
– ¿Está bien, pequeña? – Asintió con la cabeza. – Llévame a tu orfanato, veré lo que puedo hacer. – Aunque fuese cargaría en brazos a esa niña y correría a buscar un médico, en el caso de que la vida de la niña corrió verdadero peligro, que esperaba que no.
En ningún momento dudó, se puso serio, sentía que si, que su responsabilidad era ayudar y proteger, especialmente a los más débiles… ¿Y que había más débil que una niña o niño de orfanato? Probablemente nada. Tenía que moverse, cada segundo perdido era una oportunidad menos de proteger a esa pequeña, de poder ayudarla.
Paso por una calle donde escuchó a varias mujeres hablar sobre un tema un poco extraño de un grupo de jóvenes que acogían a otras sin hogar o algo así, lo cierto es que no había terminado de escucharlo con claridad, pero lo que sí noto con claridad fue como un gato se empezó a rozar contra sus piernas, lo cual le hizo sonreír, y se agacho para dedicarle una caricia al gato, los animales le gustaban muchísimo.
– Tú sí que mereces la pena, ¿eh? – Decía mientras pasaba su dedo índice y corazón por la zona del cuello del gato. Amaba a los animales, no podía evitarlo.
Fue entonces cuando noto algo más potente incluso, alguien que tiraba de su camisa, fue cuando se giro que pudo ver a una pequeña niña (adorable, todo había que decirlo) la cual le pedía ayuda, al parecer una chica de las que vivía en su orfanato con ella había tenido un accidente y no despertaba. Lo mejor era que la viera un médico, eso sin duda, pero si él podía ayudar de la forma que fuese lo ayudaría.
– ¿Está bien, pequeña? – Asintió con la cabeza. – Llévame a tu orfanato, veré lo que puedo hacer. – Aunque fuese cargaría en brazos a esa niña y correría a buscar un médico, en el caso de que la vida de la niña corrió verdadero peligro, que esperaba que no.
En ningún momento dudó, se puso serio, sentía que si, que su responsabilidad era ayudar y proteger, especialmente a los más débiles… ¿Y que había más débil que una niña o niño de orfanato? Probablemente nada. Tenía que moverse, cada segundo perdido era una oportunidad menos de proteger a esa pequeña, de poder ayudarla.
Jesse, el tuerto pelirrojo
