17-04-2026, 02:21 PM
Viktor apareció tambaleándose como un borracho, con un vaso en la mano que derramaba licor al suelo y puso su brazo sobre mis hombros en un abrazo de ebrio, pero yo sabía gracias a mi haki de observación, y por conocer a Viktor hacía ya varias semanas, que esto era puro teatro. Me dijo algo sobre una doña grandota, sobre carne que sabía a cenizas, sobre asar un buen bistec. Procesé la información en menos de un segundo mientras mantenía mi expresión neutral frente al hombre de chaqueta amarilla. Mi haki seguía expandido a cien metros, el aura de Karl era fuerte y, en comparación, el enmascarado era débil. Viktor seguiría a Karl, además. Por lo que, peleando contra mis impulsos, decidí quedarme a jugar Black Jack. Viktor se largó renqueando hacia donde Apolo se dirigía, dejándome solo de nuevo con el jugador.
El hombre de amarillo antes de adoptar una expresión más seria, el juego estaba a punto de comenzar. Explicó las reglas rápidamente mientras daba pequeños toques en la mesa con sus dedos. Las cartas valían su número, las figuras valían diez, el as valía uno u once según conviniera. Asentí una vez para confirmar que entendía tras lo cual agarró la primera carta del mazo y la reveló sobre la mesa: un 10 de tréboles boca arriba frente a mí. Aplaudió el buen comienzo y asumió correctamente que seguiría, la segunda carta fue un 9 de corazones. Me preguntó si me plantaría o si jugaría con todo en contra para acercarme a la cima. Observé las dos cartas. Diecinueve puntos. Estadísticamente arriesgado. Pero había venido aquí a obtener información, no a jugar seguro – “Continúa” – dije golpeando la mesa dos veces con los dedos índice y corazón de mi mano izquierda. Dio un manotazo en la mesa con su mano izquierda celebrando mi actitud temeraria y sacó la tercera carta: un as de diamantes. Me miró fijamente y preguntó si pensaba quedarme rozando la perfección o si prefería jugarme encontrar un segundo as – “Me planto.” – dije luego de tres segundos de silencio, manteniendo mi expresión seria.
Dio algunos toques aprobatorios en la mesa para luego adoptar una expresión más seria. Agarró la primera carta que quedaba sobre el mazo y la reveló: un 4 de tréboles. Su mirada no se apartó de mí mientras comentaba que solo necesitaba sacar un cierto número, poniendo boca arriba su segunda carta que fue un 6 de picas para, finalmente, sacar una tercera carta: un as de picas. Rió a carcajadas comentando mi mala suerte mientras se estiraba para agarrar los cien mil berries de la mesa, guardándolos en el interior de su chaqueta amarilla. Comentó con falsa pena que me quedaba sin saber su secreto. Mantuve mi mirada fija en él durante cinco segundos, examinándole tanto con el haki de observación como con la mirada. Demasiada suerte, sacar exactamente veintiuno después de que yo me plantara en veinte era estadísticamente sospechoso. O este hombre tenía la suerte del demonio, o estaba haciendo trampa y necesitaba corroborarlo. Deslicé mi mano derecha nuevamente hacia el bolsillo interior izquierdo de mi gabardina y separé exactamente doscientos mil berries del fajo de dinero para luego colocarlos sobre la mesa verde, empujando los berries hacia el centro – “Reparte” – ordené, manteniendo mi mirada fija en sus manos mientras cambiaba al haki de observación medio centrándolo en mi adversario, la expansión era apenas de diez metros.
Si no lograba detectar trampa con mi haki esta vez, iba a perder mucho dinero ¿podría justificar esto como gastos en la Marina para recuperarlo? Lo intentaría, el no ya lo tengo ganado en todo caso. Ajusté mi postura en la silla, inclinándome ligeramente hacia adelante. Seguiría cada movimiento del dealer y, si estaba equivocado, me retiraría 300 mil berries más pobre. Pero si estaba en lo correcto…
El hombre de amarillo antes de adoptar una expresión más seria, el juego estaba a punto de comenzar. Explicó las reglas rápidamente mientras daba pequeños toques en la mesa con sus dedos. Las cartas valían su número, las figuras valían diez, el as valía uno u once según conviniera. Asentí una vez para confirmar que entendía tras lo cual agarró la primera carta del mazo y la reveló sobre la mesa: un 10 de tréboles boca arriba frente a mí. Aplaudió el buen comienzo y asumió correctamente que seguiría, la segunda carta fue un 9 de corazones. Me preguntó si me plantaría o si jugaría con todo en contra para acercarme a la cima. Observé las dos cartas. Diecinueve puntos. Estadísticamente arriesgado. Pero había venido aquí a obtener información, no a jugar seguro – “Continúa” – dije golpeando la mesa dos veces con los dedos índice y corazón de mi mano izquierda. Dio un manotazo en la mesa con su mano izquierda celebrando mi actitud temeraria y sacó la tercera carta: un as de diamantes. Me miró fijamente y preguntó si pensaba quedarme rozando la perfección o si prefería jugarme encontrar un segundo as – “Me planto.” – dije luego de tres segundos de silencio, manteniendo mi expresión seria.
Dio algunos toques aprobatorios en la mesa para luego adoptar una expresión más seria. Agarró la primera carta que quedaba sobre el mazo y la reveló: un 4 de tréboles. Su mirada no se apartó de mí mientras comentaba que solo necesitaba sacar un cierto número, poniendo boca arriba su segunda carta que fue un 6 de picas para, finalmente, sacar una tercera carta: un as de picas. Rió a carcajadas comentando mi mala suerte mientras se estiraba para agarrar los cien mil berries de la mesa, guardándolos en el interior de su chaqueta amarilla. Comentó con falsa pena que me quedaba sin saber su secreto. Mantuve mi mirada fija en él durante cinco segundos, examinándole tanto con el haki de observación como con la mirada. Demasiada suerte, sacar exactamente veintiuno después de que yo me plantara en veinte era estadísticamente sospechoso. O este hombre tenía la suerte del demonio, o estaba haciendo trampa y necesitaba corroborarlo. Deslicé mi mano derecha nuevamente hacia el bolsillo interior izquierdo de mi gabardina y separé exactamente doscientos mil berries del fajo de dinero para luego colocarlos sobre la mesa verde, empujando los berries hacia el centro – “Reparte” – ordené, manteniendo mi mirada fija en sus manos mientras cambiaba al haki de observación medio centrándolo en mi adversario, la expansión era apenas de diez metros.
Si no lograba detectar trampa con mi haki esta vez, iba a perder mucho dinero ¿podría justificar esto como gastos en la Marina para recuperarlo? Lo intentaría, el no ya lo tengo ganado en todo caso. Ajusté mi postura en la silla, inclinándome ligeramente hacia adelante. Seguiría cada movimiento del dealer y, si estaba equivocado, me retiraría 300 mil berries más pobre. Pero si estaba en lo correcto…
Resumen
Haki
Calor y Deshidratación
Karmas

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