17-04-2026, 10:07 PM
¡Aaaaaaaaaw! ¡Akura es una chica tan bueeena! ¡Ha sido tan obediente de ir a lavarse las manos! ¡Y con qué cuidadito lo haceee!
Definitivamente, ¡era superadorableee!
Mientras ella se limpiaba solita las manos, continué con mi labor de cocinera muy atenta a todo lo que estábamos preparando. Sin embargo, por el rabillo del ojo observé también la forma en la que Uker seguía cuidando cariñosamente de ella, tal y como lo haría un gran hermano mayor. ¡Es tan bonito verlos juntos!
Apenas unos segundos después, la chica vino a enseñarme sus manos maravillosamente limpias y secas.
―¡Están perfectas! ¡Muy bien! ―la elogié enseguida con una gran sonrisa.
―Uker.
Mis ojos se desviaron un momento hasta la puerta, donde la misma mujer que me había contratado esperaba tras ella. El joven asintió y fue detrás para hablar en privado.
―Dame un momento, Akura, perdona ―me disculpé antes de encargarme un momento de los fuegos.
Un rápido vistazo me sirvió para darme cuenta de que no solamente yo había terminado realmente mi parte, sino que Uker también lo había hecho. «¿La nueva cocinera…?» Mis orejas se movieron solas hacia la puerta. «¿Hablan de mí?». No es que me sorprendiera, acabo de llegar, después de todo. Mientras intentaba no escuchar, fui yendo fuego por fuego para ir apagándolos y colocando una tapa a las diferentes elaboraciones. Así no se pegarían y mantendrían el calor hasta que pudieran servirse. Además, el ruido de las tapas me ayudaba a intentar prestar menos atención, ¡pero era difícil! ¡Tengo muy buen oído! ¡Y curiosidad también! No, no, ¡Akura! ¡Tenía que centrarme!
―Vale, ¡parece que ya está todo listo! ―anuncié cuando la cocina es completamente segura incluso sin vigilancia directa. Sólo entonces me giro hacia la chica y me agacho para que pueda llegar bien a mis orejas, ya que soy bastante alta―. Antes de que me las toques, te voy a contar un secreto ―dije en voz bajita, casi tanta como la que están usando los dos adultos, mientras pongo un dedo sobre mis labios y miro a sus bonitos ojos magenta―: ¡tengo muchas cosquillas en las orejas! ―exclamé sin alzar realmente el volumen, tapándome ligeramente las mejillas con las manos cerradas. ¡Me daba un poco de corte admitirlo!―, así que no te preocupes si las muevo sin querer, ¿vale?
Dicho aquello, me tapé la cara con ambas manos y la dejé tocarlas. Al sentir toquecitos suaves, ¡mis orejas se movían solas! ¡No podía evitarlo! Y si me rascaba suavecito por detrás, mi cabeza se movería un poco hacia la derecha o la izquierda, según la orejita que estuviera tocando. ¡Ay, qué corteee! ¡Siento calor, seguro que me he sonrojado! ¡Aaaaah!
―¡Y-ya es suficiente! ―indico con cierta timidez al tiempo que me ponía de pie, girando el torso a derecha e izquierda una y otra vez, nerviosa, antes de abrir los ojos por entre los dedos y, al mirarla, soltar una risita―. ¿Te ha gustado?
¡Ah, Uker! Miré hacia la puerta, avergonzada por que me hubiera podido haber visto así, de modo que sin pensarlo volví a girarme hacia los recipientes y fui abriendo tapas para comprobarlos, fingiéndome ocupada hasta que sintiera que podía volver a la normalidad.
Por suerte, el joven se ocupa durante unos pocos segundos con la chica, a quien le sugiere ir a cortar la fruta, cosa que ella cumple felizmente. Ay, ¡menos mal que ha centrado su atención en la comida!
―¡Sí, ya está todo listo! ¿Dónde hay que llevar los platos? ¿Se llevan ya llenos o se llevan vacíos y se sirven en otro lugar?
Aunque estaba ya ligeramente más tranquila, no me atreví a mirarlo de nuevo, por si pudiera ser que mi rostro no hubiera vuelto aún a su color habitual…
Definitivamente, ¡era superadorableee!
Mientras ella se limpiaba solita las manos, continué con mi labor de cocinera muy atenta a todo lo que estábamos preparando. Sin embargo, por el rabillo del ojo observé también la forma en la que Uker seguía cuidando cariñosamente de ella, tal y como lo haría un gran hermano mayor. ¡Es tan bonito verlos juntos!
Apenas unos segundos después, la chica vino a enseñarme sus manos maravillosamente limpias y secas.
―¡Están perfectas! ¡Muy bien! ―la elogié enseguida con una gran sonrisa.
―Uker.
Mis ojos se desviaron un momento hasta la puerta, donde la misma mujer que me había contratado esperaba tras ella. El joven asintió y fue detrás para hablar en privado.
―Dame un momento, Akura, perdona ―me disculpé antes de encargarme un momento de los fuegos.
Un rápido vistazo me sirvió para darme cuenta de que no solamente yo había terminado realmente mi parte, sino que Uker también lo había hecho. «¿La nueva cocinera…?» Mis orejas se movieron solas hacia la puerta. «¿Hablan de mí?». No es que me sorprendiera, acabo de llegar, después de todo. Mientras intentaba no escuchar, fui yendo fuego por fuego para ir apagándolos y colocando una tapa a las diferentes elaboraciones. Así no se pegarían y mantendrían el calor hasta que pudieran servirse. Además, el ruido de las tapas me ayudaba a intentar prestar menos atención, ¡pero era difícil! ¡Tengo muy buen oído! ¡Y curiosidad también! No, no, ¡Akura! ¡Tenía que centrarme!
―Vale, ¡parece que ya está todo listo! ―anuncié cuando la cocina es completamente segura incluso sin vigilancia directa. Sólo entonces me giro hacia la chica y me agacho para que pueda llegar bien a mis orejas, ya que soy bastante alta―. Antes de que me las toques, te voy a contar un secreto ―dije en voz bajita, casi tanta como la que están usando los dos adultos, mientras pongo un dedo sobre mis labios y miro a sus bonitos ojos magenta―: ¡tengo muchas cosquillas en las orejas! ―exclamé sin alzar realmente el volumen, tapándome ligeramente las mejillas con las manos cerradas. ¡Me daba un poco de corte admitirlo!―, así que no te preocupes si las muevo sin querer, ¿vale?
Dicho aquello, me tapé la cara con ambas manos y la dejé tocarlas. Al sentir toquecitos suaves, ¡mis orejas se movían solas! ¡No podía evitarlo! Y si me rascaba suavecito por detrás, mi cabeza se movería un poco hacia la derecha o la izquierda, según la orejita que estuviera tocando. ¡Ay, qué corteee! ¡Siento calor, seguro que me he sonrojado! ¡Aaaaah!
―¡Y-ya es suficiente! ―indico con cierta timidez al tiempo que me ponía de pie, girando el torso a derecha e izquierda una y otra vez, nerviosa, antes de abrir los ojos por entre los dedos y, al mirarla, soltar una risita―. ¿Te ha gustado?
¡Ah, Uker! Miré hacia la puerta, avergonzada por que me hubiera podido haber visto así, de modo que sin pensarlo volví a girarme hacia los recipientes y fui abriendo tapas para comprobarlos, fingiéndome ocupada hasta que sintiera que podía volver a la normalidad.
Por suerte, el joven se ocupa durante unos pocos segundos con la chica, a quien le sugiere ir a cortar la fruta, cosa que ella cumple felizmente. Ay, ¡menos mal que ha centrado su atención en la comida!
―¡Sí, ya está todo listo! ¿Dónde hay que llevar los platos? ¿Se llevan ya llenos o se llevan vacíos y se sirven en otro lugar?
Aunque estaba ya ligeramente más tranquila, no me atreví a mirarlo de nuevo, por si pudiera ser que mi rostro no hubiera vuelto aún a su color habitual…
