18-04-2026, 02:31 AM
No más de escucharlo hablar, dejó escapar una carcajada vibrante, sonaba como si fuera un chancho riéndose. Literalmente.
—¡JRAH JRAH JRAH JRAH!
El sonido rebotó en las paredes del callejón, mientras que a la distancia la guitarra de acero que seguía sonando en algún rincón de Baterilla adornaba aún la escena. Terminó de un trago su cartón de jugo, lo lanzó al aire con un movimiento despreocupado y lo atrapó de nuevo antes de que tocara el suelo, se sorprendía a sí misma de lo hábil que había lucido, aunque en realidad solo había tenido suerte con la maroma.
—¡Ojalá se ponga de modo eso! Un marine con criterio propio. Eso sí que es una rareza en esta isla, Jesse Spencer —exclamó, manteniendo una postura relajada por completo. Se dejó caer de nuevo en el viejo sofá, y luego apoyó los pies sobre una caja de madera. Le dedicó una mirada cargada de una picardía—. Me caes bien, Jess. Me caes mucho mejor que esos otros reclutas. ¿Sabes que es lo que me gritan? "¡Alto en nombre de la justicia!". Mientras se ponen rojos como tomates porque no aguantan ni diez minutos de carrera. Al menos tú tienes la decencia de invitar a un cigarrillo y entablar una conversación antes de sacar las esposas. Es un detalle que aprecio. Ciertamente.
Ante la pregunta sobre su supuesta culpabilidad, Yuuki se llevó una mano al pecho, fingiendo una ofensa indignada.
—Pero. A ver. Vamos por partes. Te cuento. —dijo con un guiño—. Sí. Soy culpable de tener suerte y también de tener un hermano menor que no sabe cerrar la boca. Estábamos en una partida de póker en la plaza. Yo estaba desp-, ganando, con maestría a un par de guardias de mi familia y a un gordo. Debiste verlo. Tenía una mano que... —y como a este narrador se le complica, imagina el gesto de Pacha—. ...Pero ahí va mi hermanito gritando como si hubiera visto un milagro en cuanto notó mis cartas. Entonces los otros volcaron la mesa y me acusaron de tramposa. ¿Qué hice? Pues me paré y me cobré el pozo de apuestas por las molestias. —Hizo una pausa mientras ahora jugaba con su pelo—. Técnicamente, me acusan de "alterar el orden público" y de "estafa". Pero yo digo que solo es estafa si no sabes jugar las cartas que te tocan, ¿no crees?
La birkaniana se estiraría luego sobre el sofá como si fuera una gata perezosa, pero sus ojos no se despegaron de Jesse. A pesar de que él le había dado "vía libre", Yuuki no parecía tener prisa por salir corriendo. Igual y ya sabía que correr de nuevo era solo meterse en más problemas.
—Solo para que sepas, tengo los bolsillos pesados de berries que no eran míos hace una hora —dijo, admitiendo de forma pícara su delito—. Si fueras un marine de los otros, estarías registrándome ahora mismo, ¿No? Me has caído en gracia, Jess. Y como no es bueno deberle nada a nadie, y menos a un marine que odia estar en esta isla tanto como yo...
Se puso de pie lentamente y se acercó a él. Sus pasos eran tan coquetos como antes, meneando las caderas a cada zancada y mostrándose completamente confiada. Se detuvo a escasos centímetros de él.
—Hagamos un trato. Así tu mañana no es un desperdicio total. Llévame a casa tú mismo y sin la compañía de los otros. Y te llevarás un poquito de pasta. —Metió la mano en su bolsillo y sacó una moneda, una de las que había ganado en la partida, y empezó a hacerla bailar entre sus nudillos con una habilidad juguetona—. Dijiste que "lo poco que te ataba a este lugar ya no está", pero yo no lo veo así, ¿Sabes? Seguro que podemos hacer más tratos a futuro tu y yo.
Se inclinó hacia su oído, bajando la voz hasta convertirla en un susurro, mientras ahora los dedos de su otra mano tamborileaban incesantemente sobre el hombro contrario.
—¿Qué dices? ¿Vas a ser un buen marine y llevarme con tus amiguitos, o vas a aceptar la invitación de una dama que te ofrece algo de emoción en este pueblo?
Dicho aquello, se separó de él y luego se quedó allí, de pie frente a él, esperando su reacción con los brazos ahora cruzados y una ceja levantada.
—¡JRAH JRAH JRAH JRAH!
El sonido rebotó en las paredes del callejón, mientras que a la distancia la guitarra de acero que seguía sonando en algún rincón de Baterilla adornaba aún la escena. Terminó de un trago su cartón de jugo, lo lanzó al aire con un movimiento despreocupado y lo atrapó de nuevo antes de que tocara el suelo, se sorprendía a sí misma de lo hábil que había lucido, aunque en realidad solo había tenido suerte con la maroma.
—¡Ojalá se ponga de modo eso! Un marine con criterio propio. Eso sí que es una rareza en esta isla, Jesse Spencer —exclamó, manteniendo una postura relajada por completo. Se dejó caer de nuevo en el viejo sofá, y luego apoyó los pies sobre una caja de madera. Le dedicó una mirada cargada de una picardía—. Me caes bien, Jess. Me caes mucho mejor que esos otros reclutas. ¿Sabes que es lo que me gritan? "¡Alto en nombre de la justicia!". Mientras se ponen rojos como tomates porque no aguantan ni diez minutos de carrera. Al menos tú tienes la decencia de invitar a un cigarrillo y entablar una conversación antes de sacar las esposas. Es un detalle que aprecio. Ciertamente.
Ante la pregunta sobre su supuesta culpabilidad, Yuuki se llevó una mano al pecho, fingiendo una ofensa indignada.
—Pero. A ver. Vamos por partes. Te cuento. —dijo con un guiño—. Sí. Soy culpable de tener suerte y también de tener un hermano menor que no sabe cerrar la boca. Estábamos en una partida de póker en la plaza. Yo estaba desp-, ganando, con maestría a un par de guardias de mi familia y a un gordo. Debiste verlo. Tenía una mano que... —y como a este narrador se le complica, imagina el gesto de Pacha—. ...Pero ahí va mi hermanito gritando como si hubiera visto un milagro en cuanto notó mis cartas. Entonces los otros volcaron la mesa y me acusaron de tramposa. ¿Qué hice? Pues me paré y me cobré el pozo de apuestas por las molestias. —Hizo una pausa mientras ahora jugaba con su pelo—. Técnicamente, me acusan de "alterar el orden público" y de "estafa". Pero yo digo que solo es estafa si no sabes jugar las cartas que te tocan, ¿no crees?
La birkaniana se estiraría luego sobre el sofá como si fuera una gata perezosa, pero sus ojos no se despegaron de Jesse. A pesar de que él le había dado "vía libre", Yuuki no parecía tener prisa por salir corriendo. Igual y ya sabía que correr de nuevo era solo meterse en más problemas.
—Solo para que sepas, tengo los bolsillos pesados de berries que no eran míos hace una hora —dijo, admitiendo de forma pícara su delito—. Si fueras un marine de los otros, estarías registrándome ahora mismo, ¿No? Me has caído en gracia, Jess. Y como no es bueno deberle nada a nadie, y menos a un marine que odia estar en esta isla tanto como yo...
Se puso de pie lentamente y se acercó a él. Sus pasos eran tan coquetos como antes, meneando las caderas a cada zancada y mostrándose completamente confiada. Se detuvo a escasos centímetros de él.
—Hagamos un trato. Así tu mañana no es un desperdicio total. Llévame a casa tú mismo y sin la compañía de los otros. Y te llevarás un poquito de pasta. —Metió la mano en su bolsillo y sacó una moneda, una de las que había ganado en la partida, y empezó a hacerla bailar entre sus nudillos con una habilidad juguetona—. Dijiste que "lo poco que te ataba a este lugar ya no está", pero yo no lo veo así, ¿Sabes? Seguro que podemos hacer más tratos a futuro tu y yo.
Se inclinó hacia su oído, bajando la voz hasta convertirla en un susurro, mientras ahora los dedos de su otra mano tamborileaban incesantemente sobre el hombro contrario.
—¿Qué dices? ¿Vas a ser un buen marine y llevarme con tus amiguitos, o vas a aceptar la invitación de una dama que te ofrece algo de emoción en este pueblo?
Dicho aquello, se separó de él y luego se quedó allí, de pie frente a él, esperando su reacción con los brazos ahora cruzados y una ceja levantada.

![[Imagen: o32YH2T.png]](https://i.imgur.com/o32YH2T.png)