Belleza Escarlata [Presente Relativo - T2] [Jesse S.]
#3
Los ojos de la niña se iluminaron con la respuesta del marine y, a pesar de sus lágrimas, se vislumbró agradecimiento en su carita. Mientras eso ocurría, el gato blanco que estaba a su lado, el que llegó hasta el marine en un inicio, dio un saltito que parecía sincronizarse con la alegría de la rubia y, antes de que ella o el marine se pusieran en marcha, el animalito empezó a correr hacia una zona en específica del pueblo.
 
—Gracias, señor marine —dijo mientras daba una leve reverencia con su cabeza. —Por favor, sígame…Bola de Nieve ya se nos adelantó —. Con esa última frase, la niña no solo revelaba el nombre de su gato, si no que era su mascota…una que ya iba girando en un callejón.
 
La niña empezó a correr. Aún tenía los ojos llorosos, pero a medida que avanzaba, se quitaba las lágrimas con los pliegues de la manga de su túnica. No miró atrás, solo tenía la esperanza de que el marine pelirrojo la estuviera siguiendo, además, los pasos de sus botas delataban que recibiría la ayuda que solicitaba.
 
La pequeña corrió en línea recta hasta que, al igual que el gato, giró en un callejón que daba hacia la izquierda del camino principal. Era una zona más oscura, no solo por la hora, si no porque los techos de las construcciones no dejaban pasar la luz, además las casas casi cerraban el paso, de hecho, el ancho del camino era apenas de metro y medio, un poco menos en algunas zonas en donde basureros o cajas ubicadas fuera de las puertas de las casas interrumpían el paso.
 
Un par de minutos después, luego de saltar con por encima de una caja que estaba al final de la callejuela, la niña llegó hasta el frente de una puerta de hierro pintada con pintura negra que, en algunas zonas, ya se estaba desprendiendo.
 
—Es aquí —. El lugar no tenía un letrero oficial que rezara “orfanato”; sin embargo, a un lado de la puerta, sobre el muro de concreto, la frase “Casa de la Luna Roja” se podía leer escrita con un toque infantil. —Perdone…salí rápido y no pensé en traer…eh…esa cosa que se usa para alumbrar los caminos… ¿Velas? —Mientras la niña abría la puerta, el gato blanco de antes salió de la caja que antes la niña había saltada y, como parecía costumbre para el animal, se restregó en los pies de la niña quien, al haber abierto ya la puerta, se agachó para tomar al animal en sus manitas.
 
—Pasa por aquí, rápido…rápido…Rubí debe estar aun en el suelo de su habitación…seguramente Esmeralda la está cuidando —. Habló como si el marine supiera a quienes se estaba refiriendo, después cruzó la puerta con premura y se hizo a un lado para que el marine entrara también. Cuando él estuvo dentro, ella cerró la puerta con llave, por seguridad.
 
El interior del lugar no era más luminoso que el exterior. En la sala principal había varios sillones con más de 3 puestos, cuadros que llenaban las paredes, curiosamente, todos pintados por niños o eso parecía, aunque estos, a diferencia del resto de la casa, lucían coloridos, brillantes y representaban elementos que parecía elogiar la belleza de la vida y de la naturaleza. En las esquinas había muebles de madera y, sobre estos, había lámparas de aceite que apenas alcanzaban para iluminar todos los rincones, pero, en el medio de la sala, había un candelabro cuya luz amarillenta no ayudaba a que el sitio se viera muy vivo.
 
En medio de los cuadros, si se prestaba atención, había otros elementos, estatuillas de serpientes y la de una mujer elegante. Si se acercaban a esta estatuilla podrían notar las facciones delicadas y hermosas de la mujer. Bajo esta, había una mesita con velas encendidas, cuencos con agua y pétalos de rosas, además de algunas otras plantas y conchas de mar. Parecía un altar.
 
Pero no era en la sala principal en donde estaba el problema.
 
La rubia pasó de largo, acostumbrada a la apariencia de su hogar, y se metió en un pasillo más estrecho en donde había varias puertas en cada lado, todas estaban cerradas y, de nuevo, la niña de la capucha no se detuvo hasta llegar hasta el final del corredor.
 
—Aquí…Aquí está Rubí —. Sin más demora, la niña abrió la puerta y dejó que el marine pasara antes que ella. Esta vez dejó la puerta entreabierta.
 
En el interior de la habitación había dos niñas, una dormida y otra despierta. Además, había cuatro camas, todas vacías, menos una que estaba justo al lado de una puerta interna de esa misma habitación, una puerta que, a diferencia de las otras, se veía más elegante…de hecho, esa habitación, se veía más colorida que el pasillo, estaba llena de decoraciones bohemias, lámparas de lava en cada mesita de noche y un bulto de telas de colores al lado de la cama de la niña dormida…Parecía la habitación normal de una niña o, de varias, considerando la cantidad de camas.
 
—¡Topaz! —La niña que estaba despierta, una pequeña de unos siente años con negros cabellos rizados, que también tenía la misma capucha que la rubia, llamó a su amiga, ilusionada; sin embargo, por un instante, sus brillantes ojos verdes se centraron en el marine, en especial en los alborotados cabellos rojizos. —¡Que bonito cabello! ¡Es tan brillante! —La niña se levantó de su sitio y tomó la mano del pelirrojo para arrastrarlo a donde estaba la niña dormida.
 
—¿También vas a ser un Rubí? —Cuando la más pequeña preguntó eso, Topaz, la rubia, frunció el ceño y alejó a la niña del marine, para luego darle un golpecito en medio de la frente, solo usando su dedo índice.
 
—¡Viene a ayudarnos con Rubí! ¡Ayudarnos! —Exclamó como si quisiera que la otra memorizara lo dicho. Luego se giró para quedar frente al marine. —¡Es ella! Es Rubí…parece que Esmeralda pudo acostarla en la cama para que estuviera más cómoda, pero…no despierta aún… ¿Puedes ver que tiene?, ¿Crees que se golpeó muy fuerte? Seguro que nuestras hermanas mayores aun tardan en volver, soy la encargada y no sé como tratarla —. Parecía que Topaz se largaría a llorar de nuevo y, su voz quebrada, parecía contagiar a Esmeralda, quien ya tenía los ojos llenos de lágrimas a punto de salir de estos.
 
—Mira…agáchate —. Palmeó un lado de la cama, sabía que el marine era alto y desde arriba no podría hacer mucho, así que esperó que se arrodillara a un lado de la niña. —¿Crees que estará bien?
 
Para cuando Jesse se agachara, podría ver que Rubí era una niña de largos cabellos rojizos, vestida por completo de negro y que, más que aturdida, parecía dormida, como si estuviera en un sueño apacible, incluso respiraba con normalidad.
 
Entonces, en medio de la desesperación de las niñas, se escuchó el ruido de lo que parecía una tela deslizándose dentro de esa misma habitación y, desde el lado tuerto del pelirrojo, en donde estaba el “bulto” de telas, se escucharon unos pasos que cerraron con facilidad la distancia desde las “telas” hacia Jesse, que en verdad solo era un metro.
 
Lo siguiente que el marine podría haber alcanzado a ver con su único ojo, fue una sombra ciñéndose sobre él y, al mismo tiempo que escuchó un “gasp” salir de la boca de las niñas despiertas, también se escuchó un golpe justo en la parte de atrás de la cabeza del pelirrojo y, seguido del golpe, una risa elegante que, claramente, no pertenecía a una niña.
 
—Cuando Topaz me dijo en la tarde que había encontrado a un buen sacrificio, estuve escéptica, pero ahora que te miro cara a cara, me doy cuenta de que mi niña tenía toda la razón ¿Cierto? ...Tu sangre nos servirá por meses para mantenernos hermosas, pelirrojo —. Pronunció una mujer bastante alta y de cabellos platinados que, a pesar de su juvenil apariencia, en verdad tenía 45 años. Sostenía un martillo en su mano y, con la otra, acariciaba a una colorida serpiente que estaba enredada en su cuello.
 
—Muy buen trabajo, mis niñas —. La enorme mujer sonrió, sabiendo que había matado a dos pájaros de un solo tiro y que, en el sacrificio de hoy, podría obtener bastante material para realizar todos esos ungüentos y cremas que alimentaban la belleza de ella como la del resto de las niñas que había en el “orfanato”.
 
—¡Chicas! —Habló hacia la puerta. —Sujeten a este hombre y llévenlo al altar —. Señaló al pelirrojo, que parecía bastante aturdido. —Y Topaz, Esmeralda, por favor traigan consigo al pequeño Rubí que está en la cama. Sus hermanas se encargarán del mayor.
 
La mujer se desplazó hacia un lado y entró por la fina puerta que estaba dentro de la habitación, mientras que, por la puerta que Topaz había dejado entreabierta, ahora entraron diez chicas más, adultas; vestidas con el mismo estilo de túnica que la mujer de cabellos plateados. Empezaron a rodear al pelirrojo y, dos de ellas, tomaron la iniciativa para sujetarlo de las piernas, queriendo cumplir con la orden de su “Madre”.
 
Cosmetiquera
[Imagen: hyakocheja.png]


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RE: Belleza Escarlata [Presente Relativo - T2] [Jesse S.] - por Hyákinthos - 18-04-2026, 05:52 AM

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