18-04-2026, 10:48 PM
(Última modificación: 18-04-2026, 11:16 PM por Choi Hae-won.)
[personajeinvalido=3367]
Esto es…
Todos ellos… ¿De verdad se están sacrificando? Algunos de los suyos desean morir para salvar a los demás, convertirse en esclavos, en descarte… tal y como ellos al inicio de esta maldita travesía. Debería sentirse feliz, ofendida, cansada, enojada, rabiosa… pero solo hay un vacío, un silencio demasiado extendido a medida que pasan los segundos.
Debería mantener con vida a sus compañeros, pero ellos mismos están arrojándose al pozo para salvar a otros. No son capaces de priorizar sus vidas porque, como miembros de la marina, fueron educados y entrenados para volverse mártires de una historia en donde siempre están antagonizados porque, claro, son los que hacen el trabajo sucio de poner límites y orden.
Maldita sea. La puta corrupción está en todas partes, no solo en la marina.
¿Y encima de eso buscan convertirse en sacrificios? ¿De verdad? Tiene que decir muchas cosas al respecto, pero no tiene intención al respecto. Ser esclavo no es un paseo por el parque. Ser un esclavo arranca lo más preciado y amado que tiene una persona: la voluntad. Dejas de ser una entidad con decisión para convertirte en objeto manipulado por otros.
No sabe cómo sentirse.
Demasiados sacrificios que no valoran esa hermosa voluntad de decidir, en vez de pelear… ¿Por qué hacen esto?
¿Por qué se están ofreciendo tan rápidamente?
Cuando Yuuki se retira luego de accionar los botones que condenaron el destino de alguien, la joven ve todo el camino hacia su marcha. Después de asegurar la marcha de la joven pelirrosa, ella simplemente respira y observa a sus compañeros. No aparta la atención del resto, hasta que Masami comienza a colocar los números que había elegido. Es entonces cuando nota que algo no anda bien en sí.
Tener a un pirata en la espalda no es algo bueno en absoluto.
La dama se mantiene impasible por un segundo, oliendo la amenaza, antes de darse cuenta de que la rata ya tiene la punta del cañón en la nuca de su compañero. ¿Cuándo desenfundó el arma? ¡Maldita sea!
Cuando Wyatt empezó a hablar, Hae-won se movió de inmediato, posicionándose detrás del joven con un paso para quedar fuera de su vista. Alza el rifle que tiene consigo desde que empezó todo este embrollo, y del que nunca se había separado desde entonces. No hace ruido alguno. Contiene el suspiro, la respiración, todo. No hay pantallas que reflejan la imagen de Hae-won delante de ellos. Es invisible, indetectable por el simple posicionamiento que toma. Dos metros la separan del traidor de Goldstar. Benditos sean los entrenamientos de emboscada con Dravenia.
—Mucho cuidado con el número que presionas a continuación, o te vuelo la cabeza y todos aquí saltaremos en pedazos.
Te atreves a amenazar a mi amigo y a mi pareja, hijo de perra…
Apenas finaliza la frase, da el golpe. Disparo certero a la articulación del hombro del brazo que empuña su arma, separada de su objetivo por dos metros, antes de que tan siquiera pudiese hacer algo tonto. Ni siquiera le dio la oportunidad de seguir hablando porque, al jalar el gatillo y disparar a su nuevo enemigo, lo inutiliza por completo, permitiendo que Masami coloque lo faltante del código de Barald.
Pirata tenía que ser. Traidor a la palabra tenía que ser.
Él comenzó con la amenaza y ella no tendría miramientos en reaccionar aunque no quería hacerlo. Ella sí es una mujer de palabra, en verdad deseaba respetar el pacto de no agresión instaurado entre ellos por el bien de sus amigos, pero ni siquiera eso se atrevieron a seguir. La rabia es absoluta y la traición que siente es demasiada, pero debió verlo venir. No se puede confiar en la palabra de un criminal.
El caballo es, a todas luces, el único que no tiene la culpa de tener a un maestro tan idiota.
Esto es…
Todos ellos… ¿De verdad se están sacrificando? Algunos de los suyos desean morir para salvar a los demás, convertirse en esclavos, en descarte… tal y como ellos al inicio de esta maldita travesía. Debería sentirse feliz, ofendida, cansada, enojada, rabiosa… pero solo hay un vacío, un silencio demasiado extendido a medida que pasan los segundos.
Debería mantener con vida a sus compañeros, pero ellos mismos están arrojándose al pozo para salvar a otros. No son capaces de priorizar sus vidas porque, como miembros de la marina, fueron educados y entrenados para volverse mártires de una historia en donde siempre están antagonizados porque, claro, son los que hacen el trabajo sucio de poner límites y orden.
Maldita sea. La puta corrupción está en todas partes, no solo en la marina.
¿Y encima de eso buscan convertirse en sacrificios? ¿De verdad? Tiene que decir muchas cosas al respecto, pero no tiene intención al respecto. Ser esclavo no es un paseo por el parque. Ser un esclavo arranca lo más preciado y amado que tiene una persona: la voluntad. Dejas de ser una entidad con decisión para convertirte en objeto manipulado por otros.
No sabe cómo sentirse.
Demasiados sacrificios que no valoran esa hermosa voluntad de decidir, en vez de pelear… ¿Por qué hacen esto?
¿Por qué se están ofreciendo tan rápidamente?
Cuando Yuuki se retira luego de accionar los botones que condenaron el destino de alguien, la joven ve todo el camino hacia su marcha. Después de asegurar la marcha de la joven pelirrosa, ella simplemente respira y observa a sus compañeros. No aparta la atención del resto, hasta que Masami comienza a colocar los números que había elegido. Es entonces cuando nota que algo no anda bien en sí.
Tener a un pirata en la espalda no es algo bueno en absoluto.
La dama se mantiene impasible por un segundo, oliendo la amenaza, antes de darse cuenta de que la rata ya tiene la punta del cañón en la nuca de su compañero. ¿Cuándo desenfundó el arma? ¡Maldita sea!
Cuando Wyatt empezó a hablar, Hae-won se movió de inmediato, posicionándose detrás del joven con un paso para quedar fuera de su vista. Alza el rifle que tiene consigo desde que empezó todo este embrollo, y del que nunca se había separado desde entonces. No hace ruido alguno. Contiene el suspiro, la respiración, todo. No hay pantallas que reflejan la imagen de Hae-won delante de ellos. Es invisible, indetectable por el simple posicionamiento que toma. Dos metros la separan del traidor de Goldstar. Benditos sean los entrenamientos de emboscada con Dravenia.
—Mucho cuidado con el número que presionas a continuación, o te vuelo la cabeza y todos aquí saltaremos en pedazos.
Te atreves a amenazar a mi amigo y a mi pareja, hijo de perra…
Apenas finaliza la frase, da el golpe. Disparo certero a la articulación del hombro del brazo que empuña su arma, separada de su objetivo por dos metros, antes de que tan siquiera pudiese hacer algo tonto. Ni siquiera le dio la oportunidad de seguir hablando porque, al jalar el gatillo y disparar a su nuevo enemigo, lo inutiliza por completo, permitiendo que Masami coloque lo faltante del código de Barald.
Pirata tenía que ser. Traidor a la palabra tenía que ser.
Él comenzó con la amenaza y ella no tendría miramientos en reaccionar aunque no quería hacerlo. Ella sí es una mujer de palabra, en verdad deseaba respetar el pacto de no agresión instaurado entre ellos por el bien de sus amigos, pero ni siquiera eso se atrevieron a seguir. La rabia es absoluta y la traición que siente es demasiada, pero debió verlo venir. No se puede confiar en la palabra de un criminal.
El caballo es, a todas luces, el único que no tiene la culpa de tener a un maestro tan idiota.
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