19-04-2026, 11:26 AM
Dia 36 Otoño Año 17
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Pescado seco y sal incrustada en la madera de los postes del muelle y algo más difícil de identificar, realmente no se podia percibir con claridad el olor de aquello. Baquella olía a trabajo acumulado durante dias en los que el sudor de la frente de las personas de alli era lo que hacia que se levantara y siguiera adelante. Los tejados naranja atrapaban la última luz del atardecer y la devolvían caliente sobre los adoquines de la plaza del mercado, que era también la plaza del puerto porque en Baquella todo estaba bastante pegado. Un gato de pelaje gris y blanco dormía sobre un barril volcado junto al segundo atracadero.
Los últimos puestos del día recogían sin prisa. Una mujer mayor enrollaba telas de colores decolorados. Un crío empujaba un carro de ruedas chirriantes paralelo a la línea de mesas de pescado. Nadie hablaba más de lo necesario. En el centro de la plaza, entre los cajones apilados y las redes tendidas, un mink hiena de casi dos metros sostenía a un pescador anciano por la solapa de la camisa. Una sola mano y sin esfuerzo aparente. Con la otra contaba monedas encima de la palma abierta del anciano, despacio, con una paciencia clínica que resultaba más incómoda que cualquier grito. -Cuatro, cinco, seis... Tsk. Te faltan tres, viejo. Ya son dos semanas seguidas.- El pescador tenía los labios apretados y los nudillos blancos alrededor de nada. Miraba un punto entre sus propios pies. -La pesca estuvo mal esta semana, el tiempo no acompa...- -El tiempo, el tiempo.-Las monedas cayeron sobre la mesa de golpe; dos rodaron al suelo-. Para mañana al mediodía, lo que falta. O me llevo la barca. La roja. La del tercer atracadero. La conozco perfectamente.-
Soltó al anciano como quien suelta una bolsa de compra y se giró hacia la plaza con la satisfacción de quien acaba de cerrar un buen trato. El pelaje pardo amarillento del mink brillaba algo con la luz del atardecer. La chaqueta de cuero con botones de hueso, sin una mancha visible, demasiado limpia para un puerto pesquero crujió cuando se estiró los hombros. A veinte pasos de todo aquello, apoyado en la pared encalada del puesto de guardia de la plaza, un soldado de la marina miraba hacia el faro. Llevaba esa misma postura los últimos diez minutos. La manija de su sable tenía óxido en las esquinas, el tipo de óxido que tarda semanas en formarse sin que nadie toque el arma. ¿Motivo? Coger a ese rufian era mas trabajo que recompensa.
En el borde del muelle, parcialmente tapado por una lona que el viento había ido descorriendo durante el día, descansaba un cajón de madera oscura notablemente más grande que los de la pesca. Sin marcas de agua. Sin olor a sal. En el lateral inferior, casi a ras del suelo, una pequeña placa metálica que la luz del atardecer no iluminaba del todo bien. El crío del carro se detuvo un momento demasiado cerca del cajón. Su madre lo llamó desde el otro extremo de la plaza con un tono que no admitía demora, y el crío corrió. El mink hiena bostezó. Una dentadura amarilla y completa. Pasó la mirada por los puestos, por las telas, por el gato del barril, con la calma de quien está decidiendo cómo ocupar la siguiente media hora. "Otro pueblo de mierda. Otro día exactamente igual."
![[Imagen: XzUTxdh.jpeg]](https://i.imgur.com/XzUTxdh.jpeg)
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