19-04-2026, 06:50 PM
De un segundo a otro, la falsa tranquilidad explota.
Debe ser culpa del alcohol el que su entendimiento de la situación se haya ralentizado un poco. No existe falsedad en la sorpresa que sus ojos cargan cuando estos se abren completamente. Raro, ¿no? Que el feroz grito de la desconocida es lo que a medias la trae a la realidad. E, igualmente, despierta su interés por un par de razones.
Primero, su nombre no es Mai. Segundo, dudaba de que fuese una excusa para ayudar a una completa desconocida. La forma en la que es apartada es violenta y, debido a su mismo estado en el momento, no cae de forma grácil cuando es apartada. Inesperado es, y sus rodillas se lastiman al tocar el suelo tan abruptamente.
Por un segundo, es desviada su atención. Su campo de visión ahora no está lleno del bolígrafo dorado que desea para sí, sino de la mujer de cabellos verdes y esa consternación que pronto se transforma en realización. Es fácil de entender cuando la oye hablar, ¿o balbucear? Da lo mismo.
Por supuesto que no puedes esperar hacer tanto ruido y desastre sin consecuencias. Todos lo sabemos. Especialmente, Yuqi. Así que cierta gracia distorsionada se instala en la sonrisa que es su boca.
Violencia, esa es la única respuesta que conocen todos allí. ¿Qué tal de la justicia, o un poco de igualdad de condiciones? Nada. No es que esperara algo distinto de este lugar de mierda.
—Son dos contra uno y aún así van perdiendo, vamos... —No es que le preocupara la de cabellos verdes, porque ni siquiera su nombre sabe. Sus ojos vuelven al objetivo original, al bolígrafo que desea, cuando este sale rodando por el suelo. Ese es el porqué la cazadora de manera tmano, al suelo se dirige e intenta acercar sus manos al objeto que desea para sí. —Un poco más, solo un poco...
Es fácil estirar la mano y tomar lo que quiere. O debería ser fácil. Cosa que no es, claro, pues en medio de aquella batalla campal, la gente ha decidido dejarse llevar por el desorden. No son ya tres personas peleando e intercambiando golpes, sino varios los que inician sus propios disputas. No todos deciden que la violencia es la mejor, algunos optan por el desastre: tirar la comida, echar el vino el suelo.
Todos son pequeños detalles que provocan que el suelo sea un territorio difícil por el cual gatear. Es un mal movimiento lo que provoca que ella resbale debido a un líquido desconocido en el suelo, y choque contra el hombre al que le había planeado robar.
Ah, por favor.
Debe ser culpa del alcohol el que su entendimiento de la situación se haya ralentizado un poco. No existe falsedad en la sorpresa que sus ojos cargan cuando estos se abren completamente. Raro, ¿no? Que el feroz grito de la desconocida es lo que a medias la trae a la realidad. E, igualmente, despierta su interés por un par de razones.
Primero, su nombre no es Mai. Segundo, dudaba de que fuese una excusa para ayudar a una completa desconocida. La forma en la que es apartada es violenta y, debido a su mismo estado en el momento, no cae de forma grácil cuando es apartada. Inesperado es, y sus rodillas se lastiman al tocar el suelo tan abruptamente.
Por un segundo, es desviada su atención. Su campo de visión ahora no está lleno del bolígrafo dorado que desea para sí, sino de la mujer de cabellos verdes y esa consternación que pronto se transforma en realización. Es fácil de entender cuando la oye hablar, ¿o balbucear? Da lo mismo.
Por supuesto que no puedes esperar hacer tanto ruido y desastre sin consecuencias. Todos lo sabemos. Especialmente, Yuqi. Así que cierta gracia distorsionada se instala en la sonrisa que es su boca.
Violencia, esa es la única respuesta que conocen todos allí. ¿Qué tal de la justicia, o un poco de igualdad de condiciones? Nada. No es que esperara algo distinto de este lugar de mierda.
—Son dos contra uno y aún así van perdiendo, vamos... —No es que le preocupara la de cabellos verdes, porque ni siquiera su nombre sabe. Sus ojos vuelven al objetivo original, al bolígrafo que desea, cuando este sale rodando por el suelo. Ese es el porqué la cazadora de manera tmano, al suelo se dirige e intenta acercar sus manos al objeto que desea para sí. —Un poco más, solo un poco...
Es fácil estirar la mano y tomar lo que quiere. O debería ser fácil. Cosa que no es, claro, pues en medio de aquella batalla campal, la gente ha decidido dejarse llevar por el desorden. No son ya tres personas peleando e intercambiando golpes, sino varios los que inician sus propios disputas. No todos deciden que la violencia es la mejor, algunos optan por el desastre: tirar la comida, echar el vino el suelo.
Todos son pequeños detalles que provocan que el suelo sea un territorio difícil por el cual gatear. Es un mal movimiento lo que provoca que ella resbale debido a un líquido desconocido en el suelo, y choque contra el hombre al que le había planeado robar.
Ah, por favor.
