20-04-2026, 03:19 PM
El ambiente se movía con una ironía muy pesada alrededor del muchacho, una misión mal redactada y expectativas altas para alguien que se podría considerar un novato… no era justa, pero ¿debía culpar al marine anterior o realmente todo era así de mal administrado? Quizá un reporte anónimo a sus altos mandos pondría en cintura a estos dos, sin embargo, el camino para el joven no tendría mas sorpresas, recto y su misma lógica lo guiaría hacia donde estaban los dos calabozos.
El ambiente en ese lugar no era tan medieval, realmente la “jaula” contenía una cama individual y un baño que quizá si fueras pudoroso, no desearías tener que usar debido a que literalmente expondrías tu pudor a tu vecino o a cualquiera que entrase sin avisar, después de todo… no hay puertas.
Cuestionablemente, todo estaba muy limpio… seguro alguien se esforzaba en mantener estas rusticas instalaciones en el mejor de sus versiones, pero bueno… Alexander pasaría la puerta del “baño” y de frente tendría el camino que terminaba con total visibilidad a las frías celdas de hierro… una cosa llamaría su atención en cuanto girara la mirada.
Al fondo, una pared separada por 2.5 metros de las rejas de la jaula se vería un brazo estirado, con una vara rota improvisada amarrada con muchos retazos de “ropa” para mantenerla extendida… cosa graciosa era que justo, aquel brazo y vara intentaban alcanzar las llaves de las celdas que claramente estaban dispuestas en aquella pared… ¿era una broma? No… de verdad el prisionero hacia su intento y de verdad eran así de estúpidos.
En el preciso momento que Alexander se diera cuenta de tan macabra escena una persona saldría del baño… era claramente el conserje y su vestimenta no le hacia justicia al rostro que cargaba ese sujeto, con una mirada sospechosa en un instante te miraría… miraría la vara… miraría las llaves… chistaría de enojo y como que, si fuera una aparición especial, cerraría de nuevo la puerta y se quedaría dentro del baño haciendo lo suyo.
El recluso se daría cuenta de que te acercabas y en su último intento haría un estiramiento, pero en ese momento le daría un calambre en el brazo, jalaría rápidamente la vara, pero en el movimiento y los impactos con los barrotes, harían que su “inteligente extensión” se rompiera en pedazos… caería hacia atrás, un golpe seco se escucharía y luego algunas quejas, suspiraría para sentenciar – me lleva …- diría con tristeza.
¿No es suficiente con torturarme con esas llaves a unos metros de mi alcance? Es como que si deliberadamente fueran falsas… o algo… lo pensé, pero… mejor intentarlo ¿no? – diría en una especie de rendición – esto no lo vale …- terminaría.
El ambiente en ese lugar no era tan medieval, realmente la “jaula” contenía una cama individual y un baño que quizá si fueras pudoroso, no desearías tener que usar debido a que literalmente expondrías tu pudor a tu vecino o a cualquiera que entrase sin avisar, después de todo… no hay puertas.
Cuestionablemente, todo estaba muy limpio… seguro alguien se esforzaba en mantener estas rusticas instalaciones en el mejor de sus versiones, pero bueno… Alexander pasaría la puerta del “baño” y de frente tendría el camino que terminaba con total visibilidad a las frías celdas de hierro… una cosa llamaría su atención en cuanto girara la mirada.
Al fondo, una pared separada por 2.5 metros de las rejas de la jaula se vería un brazo estirado, con una vara rota improvisada amarrada con muchos retazos de “ropa” para mantenerla extendida… cosa graciosa era que justo, aquel brazo y vara intentaban alcanzar las llaves de las celdas que claramente estaban dispuestas en aquella pared… ¿era una broma? No… de verdad el prisionero hacia su intento y de verdad eran así de estúpidos.
En el preciso momento que Alexander se diera cuenta de tan macabra escena una persona saldría del baño… era claramente el conserje y su vestimenta no le hacia justicia al rostro que cargaba ese sujeto, con una mirada sospechosa en un instante te miraría… miraría la vara… miraría las llaves… chistaría de enojo y como que, si fuera una aparición especial, cerraría de nuevo la puerta y se quedaría dentro del baño haciendo lo suyo.
LEVI
El recluso se daría cuenta de que te acercabas y en su último intento haría un estiramiento, pero en ese momento le daría un calambre en el brazo, jalaría rápidamente la vara, pero en el movimiento y los impactos con los barrotes, harían que su “inteligente extensión” se rompiera en pedazos… caería hacia atrás, un golpe seco se escucharía y luego algunas quejas, suspiraría para sentenciar – me lleva …- diría con tristeza.
REIJI
¿No es suficiente con torturarme con esas llaves a unos metros de mi alcance? Es como que si deliberadamente fueran falsas… o algo… lo pensé, pero… mejor intentarlo ¿no? – diría en una especie de rendición – esto no lo vale …- terminaría.
RESUMEN
